• Caracas (Venezuela)

José Luis Saboin-García

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José Luis Saboin-García

¿Qué quieren los jóvenes en Venezuela?

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· La escasez es de casi 30% (según el BCV), es decir, a menos que cuentes con suerte, para hacer un mercado hay que ir a tres supermercados y hacer largas colas; pero la escasez no es solo al momento de hacer mercado; en Venezuela, la escasez es generalizada.

· La inflación (BCV) es superior a 50% anual; es decir, los jóvenes venezolanos no pueden ahorrar para el futuro.

· La impunidad es superior a 90% (según la Fiscalía General de la República); es decir, ante cualquier atropello, los jóvenes no cuentan con garantías mínimas que la justicia en cualquier otro país de Latinoamérica puede ofrecer y en muchos casos se aprovechan de ella para convertirse en delincuentes.

· El sistema eléctrico nacional, en manos del Estado, sufrió una negligencia terrible en su administración desde su nacionalización (2007), por lo que en los últimos años los apagones (programados y no programados) son bastante frecuentes, sobre todo en el interior del país; es decir, varias veces los jóvenes no han podido asistir a clases o no han podido trabajar.

· El acceso a la información en Venezuela se ha convertido en algo que es, por un lado, escaso (dado el cierre y autocensura de medios privados y el poco acceso a medios internacionales), y, por otro, distorsionado (la información solo está disponible en los medios del Estado y la que los mismos ciudadanos publican en las redes sociales); es decir, los jóvenes están incomunicados y, la mayoría de las veces, confundidos.

· Por último, pero no menos importante, tras quince años de confrontación política para los más chicos y treinta de atraso económico para los más grandes, los jóvenes han perdido confianza en la mayoría de los políticos, tanto del gobierno como algunos de la oposición.
En este entorno, donde independientemente de que se tenga cierto nivel de educación, es bastante difícil (por no decir prácticamente imposible) tener acceso a tecnología, comprar un vehículo o una vivienda, ir al mercado o viajar o hasta salir de noche a tomarse unos tragos e ir el cine sin ser un ladrón, corrupto o cuatriboleado que sale de noche; ser joven en Venezuela es una situación que, por decir lo menos, genera bastante frustración.

Ante el agravamiento de algunas de estas situaciones, especialmente desde el lado económico de la vida en que las acciones de política económica del gobierno como la reducción del cupo de moneda extranjera que los venezolanos pueden usar para viajar al exterior junto con una devaluación en la tasa de cambio que se usa para dichas operaciones, mientras que el mercado paralelo sigue descontrolado y la situación de escasez e inflación empeora, es evidente que este grupo de venezolanos se sintió no solo molesto sino también defraudado y salió a la calle a protestar por una vida mejor.

Si bien el resultado de la protesta ha sido el menos deseado, pues la violencia ha hecho de las suyas, es importante que no se pierda el objetivo de la misma por simples enfrentamientos con cuerpos de seguridad o entre hermanos que, además de resultar en pérdidas de vidas, resultan en pérdida de tiempo. La frustración y la impotencia motivan a los jóvenes a protestar pero la lucha por el cambio, pacífica por demás, tiene que ser el objetivo que se quiere lograr.

Ante la respuesta del gobierno en los últimos días y en los últimos años, a los jóvenes de Venezuela les digo que no se desanimen, que se enfoquen y se organicen. La vida que quieren tener es posible, pero solo si luchan inteligentemente por ella: haciéndole ver al gobierno cuáles son sus demandas, entendiéndolas, evaluándolas y a su vez priorizándolas (corto/largo plazo) y enarbolándolas como baluartes de futuro y dignidad para ustedes, pero sobre todo para los que vienen detrás de ustedes (los de 0 a 14 años), pues juntos constituyen 76% de la patria.

Los jóvenes en Venezuela quieren crecer, quieren desarrollar al máximo sus habilidades, quieren vivir su hermosa geografía sin miedo, quieren convivir en paz, quieren que los que menos tienen se superen, quieren dejar en alto el nombre de su país, quieren montarse en el Metro tranquilos revisando sus teléfonos, quieren que sus padres y abuelos no pasen trabajo, quieren poder comprarse su carro o moto, su apartamento, quieren viajar y ver el mundo, en fin, quieren soñar.

No olviden que los jóvenes son enemigos de la violencia.

No permitan que nadie los manipule.

Recuerden que la conciencia no se vende y los principios no se negocian.
Venezuela es de ustedes y son ustedes quienes tienen que dictar su destino, no el gobierno. Sí pueden soñar.
¡Que Dios los bendiga!