• Caracas (Venezuela)

José Luis Saboin-García

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Lecciones sobre los controles de cambio

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A lo largo de la historia de la humanidad la teoría y la evidencia han demostrado que los mercados cambiarios paralelos no son políticas económicas sostenibles. Específicamente, la tolerancia de una elevada prima (diferencial entre el tipo de cambio paralelo y el oficial) durante largos períodos de tiempo tiene efectos no deseables sobre la asignación de recursos, la inflación y el crecimiento económico. Por lo tanto, no hay ganancias económicas claras que sustenten mantener el sistema en el largo plazo. En esta nota me voy a la suma de las lecciones aprendidas de la experiencia venezolana y proporcionar algunos argumentos a favor de la superación total de esta política económica por parte de todos los venezolanos.

Primera lección: los gobiernos se aprovechan de los controles de cambio.

Los mercados cambiarios paralelos deben ser solo una opción temporal. Su eficacia está inversamente relacionada con el tamaño de la prima y el espacio de tiempo que duran. Un control cambiario es solo una alternativa para suavizar el aumento de la tasa de cambio oficial (para lograr la depreciación real requerida) en una situación de crisis de balanza de pagos. Por lo tanto, la depreciación de la tasa del mercado paralelo solo proporciona una válvula de escape para absorber la presión procedente de la salida de capitales mientras que la tasa de cambio oficial funciona como ancla nominal para controlar la inflación y caídas en los salarios.

Mientras parece que los mercados paralelos ayudan a controlar la inflación y evitar caídas en los salarios reales a corto plazo, este no es el caso en el largo plazo. En Venezuela, la visión cortoplacista de los ajustes muestra que no hay claros esfuerzos para corregir las políticas monetarias y fiscales que impulsan la elevada prima. La otra evidencia venezolana indica que los controles de capital se han utilizado para mantener sobrevaluado el tipo de cambio real y aplicar políticas macroeconómicas expansivas durante períodos excesivamente largos y por lo tanto insostenibles. En este sentido, la experiencia venezolana reciente demuestra que el exceso de elecciones para legitimar la transición hacia un modelo inviable solo empeoró el panorama[1]: el país ha agravado su condición de enfermedad holandesa y deteriorado sus instituciones, en gran parte, como consecuencia de lo elevado que ha sido diferencial cambiario. Esto nos lleva a la segunda lección.

Segunda lección: el diferencial es el santo grial.

Teoría y evidencia han demostrado que los fundamentos macroeconómicos son las causas más importantes en la determinación de la prima. En particular, la prima refleja inconsistencias entre las políticas que afectan a la absorción interna y la imposibilidad de mantener la paridad de cambio oficial[2]. Simplemente no puedes multiplicar tu gasto público por cuatro y no ajustar el tipo de cambio. También, en el corto plazo, la prima es afectada en gran medida por las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial, por lo que la credibilidad es un tema crucial: en Venezuela, al cierre de cada año todo el mundo dice: ¡El año que viene el dólar se va a poner más caro! Por último, la evidencia venezolana ha demostrado claramente que la distinción entre los mercados de cambio paralelos legales e ilegales no es relevante en relación con los determinantes de la prima. Sin embargo, en el período de ilegalidad la prima prácticamente se disparó con una tendencia exponencial. Es decir, lo ilegalizas y más rápido aumenta.

Tercera lección: la unificación solo depende del compromiso de del gobierno.

Una unificación exitosa es aquella que puede mantenerse sin que conduzca a aumentos significativos de inflación o problemas recurrentes de balanza de pagos. Venezuela requiere un sistema de tipo de cambio sostenible. En los países con altos déficit fiscales y elevada inflación, tales como Venezuela, esto significa la adopción de sistemas cambiarios móviles o flotación controlada en una primera etapa. Unificar a un tipo de cambio fijo falla porque necesita un compromiso creíble para mantener los equilibrios (externo y fiscal) en caso de un choque externo. En este caso, un fuerte equilibrio fiscal y acumulación reservas suficientes (acceso al crédito externo) son la clave para resistir los choques. Unificar sin lograr previamente un compromiso por mantener estos dos es la crónica de una muerte anunciada.

Al final, ¿no es la política el vehículo a través de cual las sociedades logran acuerdos para su desarrollo? Bueno, la unificación cambiaria es importante para el desarrollo. Primas grandes crean enormes distorsiones microeconómicas e inducen la corrupción. La evidencia empírica ha demostrado que el acceso automático a las divisas para las transacciones corrientes y financieras crea grandes ganancias de eficiencia y aumenta la transparencia. Algo clave para Venezuela en estos momentos.

Cuarta lección: el tiempo es clave.

La historia ha demostrado que en los países donde se introdujo un mercado paralelo de divisas para hacer frente a la fuga de capitales, la unificación procedió rápidamente, generalmente como parte de un paquete global de estabilización. Este fue el caso de Venezuela hasta el año 2010. Ahora, los desequilibrios acumulados han hecho al país más parecido a las economías con controles amplios y de larga vida, barreras al comercio y mercados financieros incipientes. En estos casos la receta ha sido seguir el enfoque africano[3] y avanzar hacia la unificación gradualmente: sin prisa pero sin pausa.

Quinta lección: ¿acaso treinta años no son suficientes?

El control de cambio vigente en Venezuela ha demostrado ser un caso de fracaso económico y social. El sistema cambiario resultó en grandes primas, pérdidas fiscales, contrabando, escándalos de corrupción, pérdidas de capital (físico y humano), estancamiento económico e inflación crónica. Parece, pues, que un gobierno “racional” habría pujado hace años por la unificación.

Sin embargo, el hecho de que la unificación sea un proceso complicado (con un alto riesgo de fracaso) no debe ser una excusa después de treinta años de fracaso económico. Por lo tanto, la motivación para el uso y mantenimiento del sistema está más allá de la simple economía. Cuestiones de economía política relacionadas con los temores de devaluación, la búsqueda de rentas y el clientelismo parecen probablemente estar al final de la cadena de la experiencia venezolana en el siglo XXI. Ya está bueno, tenemos que superarnos a nosotros mismos.

[1] Desde que se implantó el último control de cambio, Venezuela ha tenido nueve elecciones, casi una  por año. Cuatro de ellas fuera de calendario.

[2] Los aumentos de la prima de riesgo están altamente correlacionados con aumentos de la oferta monetaria.

[3] En África, por ejemplo, las reformas estructurales encaminadas a ampliar el papel de los mecanismos de mercado en la asignación de recursos fueron determinantes. Sin embargo, en mi opinión, fue el supremo compromiso de las autoridades hacia la unificación y la adopción de un régimen de tipo de cambio sostenible lo que al final hizo posible alcanzar el equilibrio macroeconómico.