• Caracas (Venezuela)

José Luis Ávila

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José Luis Ávila

Un país con el pelo malo

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No tengo la estadística, pero Venezuela debe ser uno de los países con la mayor cantidad de salones de belleza de la región. Desde que tengo uso de razón, he sido testigo de la obsesión de las venezolanas por alisar su cabello. Sin importar que vivamos en el trópico o que seamos un país mestizo con toda clase de tipologías étnicas; doblegar a la naturaleza ha sido siempre una de nuestras grandes aspiraciones. Lo dijo el propio Bolívar durante el terremoto de 1812.

La anécdota viene a propósito del estreno de la cinta venezolana ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, Pelo malo, dueña de una de las metáforas más poderosas de nuestro cine actual. Cuenta la historia de Junior, un niño de 9 años obsesionado por alisar su cabello y cuya inocencia lo lleva a probar toda clase de menjurjes para lograrlo.
Entretanto, su madre, una vigilante desempleada que lucha por recuperar su empleo, rechaza su compartimiento tras la sospecha de su condición homosexual.

Caracas es la escena y un superbloque el hogar de los personajes. La decadencia de lo que alguna vez se pensó como una solución habitacional para la clase obrera, se percibe hoy como una cárcel en la que no hay lugar para los débiles. Justo allí, entre las ruinas de aquel sueño arquitectónico de Villanueva, Junior y su mejor amiga sueñan con su foto del colegio. Ella, por su parte, desea posar como las misses que coronan el éxito con su belleza. “Vámonos, que aquí violan”, le dice a su amigo como prueba de una realidad que les ha robado la inocencia a ambos. 

El país de Pelo malo es el de los militares. Las imágenes de personas rapándose del cabello en honor a la salud del comandante enfermo son el contexto entre los desencuentros de estos personajes. Con la elegancia y poesía de los buenos realizadores, Rondón nos habla de una sociedad cegada por el personalismo político y la intolerancia.

Es una película austera, casi sin música, en la que cada personaje pronuncia sólo la punta del iceberg de lo que siente.
Sorprende su maravillosa fotografía, montaje y actuaciones, entre las que destaca Samantha Castillo (la madre), en cuyos silencios se encuentra la mitad de la historia.

Con Pelo malo Mariana Rondón nos invita a doblegar la naturaleza de nuestros peores sentimientos, los mismos que nos llevaron al irrespeto del otro, que nos confinaron a la guerra. Qué nadie se la pierda.