• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

Al instante

A propósito de ser venezolano

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Ser caribeño es ser violento, y de algún modo, ser humorístico. Pero esto se contrarresta con el hecho de ser latinoamericano también. Ser latinoamericano es, invariablemente, ser melancólico. Y aún más, ser suramericano es sufrir de las tristezas del pasado. Suspirar y mirar hacia atrás es esencialmente suramericano. ¿Es ser caribeño, y al mismo tiempo, suramericano, y a su vez, latinoamericano, una especie de maldición entonces? Es una perpetua psicosis. Nacer, crecer en el sur es vivir un idilio. El Caribe violenta nuestras almas, pero los vientos del pacífico las calma. Un caribeño, que a su vez, es suramericano, es sin excepción un neurótico.

Una persona esclava de su buen humor, de su jodedera, pero al mismo tiempo, de sus tristezas, de sus viejos amores. Arrastrando una angustia, desde la Patagonia argentina hasta el Caribe venezolano. Porque ser venezolano es ser un sociópata, un desquiciado, pero al mismo tiempo, es ser un poeta, un artista, un bohemio tostado por el sol del trópico. Ser venezolano es tener un asesino dentro de ti, esperando a la menor provocación para darle rienda suelta. Ser venezolano es cargar un cuchillo y apuñalar con vehemencia lo que tengas en contra. Pero ser venezolano es al mismo tiempo ser suramericano, y la tristeza te tranquiliza, como exigirle a una bestia que se calme y no sucumba a la rabia. Ser caribeño, suramericano, y latinoamericano, es estar loco, y amar la vida con locura.