• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

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José Ignacio Calderón

A propósito del dolor

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El 18 de junio de 2010, horas antes de un importante show de pasarela, en un apartamento del centro de Milán, Tom Nicon escogió la defenestración como modo de liberación de un dolor que no podía compartir con nadie más. Un modelo francés de 1,88 metros de altura, con toneladas de éxito en sus espaldas, decidió lanzarse al vacío y probar suerte en caída libre, ya sin las ataduras de sus conquistas materiales.

Tal vez Tom Nicon, al escoger lanzarse del cuarto piso de su apartamento en Milán, quiso no emular más a Sísifo, el hombre de la roca detrás de sí, y en vez de ello prefirió alzarse en el aire por un breve momento y sentir aquel alivio que solo volar, aunque sea por un ínfimo instante, puede proveer. El lanzarse por la ventana como alternativa suicida deja entrever que esto no fue un acto celosamente planificado, sino más bien algo que pudo haber obedecido a un impulso del momento –cosa plausible, tomando en cuenta la precocidad del efebo suicida–.

El psicoanálisis ofrece una explicación de por qué se escoge la defenestración como vía rápida a la muerte: lanzarse al vacío implica una desaparición de un límite entre el “adentro” y el “afuera”. El adentro manifestándose como un clima claustrofóbico insufrible –sintomatología típica de la depresión. O como aquel título de Milan Kundera: La insoportable levedad del ser–. Y el afuera representando la liberación de las pulsiones.

Libertad plena.

Tom Nicon se desarrolló en su vida joven como un modelo francés, cara de la casa de modas Burberry y con clientes como las revistas de moda Vogue y GQ. Cabe pensar ¿por qué un joven guapo, ganador invicto en la vida, decide abandonar esta y escoge volar en vez? Dudas siempre rondan al respecto, y especialmente interesante (salvando el sentimiento mórbido) por qué un modelo decida suicidarse.

Tom Nicon no es el único de su grupo, aunque sí el único modelo masculino que –por los momentos– se ha lanzado hacia su muerte. Nikolai Gubenko, un modelo ruso, se colgó en un parque en Kaliningrado. Ambrose Olsen, un modelo estadounidense, rostro estrella de marcas como Armani y Dolce&Gabanna, fue encontrado, también colgado, en su apartamento en Manhattan. Brian Bianchini, otro modelo estadounidense: hallado colgado en su apartamento en San Francisco. El impulso, difícil de descifrar, que determina por qué estas personas deciden morir en la cumbre de sus carreras, a una edad tan joven, y en una industria tan frenética y entregada al hedonismo dionisiaco como la moda.

La psiquiatría se ha tomado la tarea de desenmarañar por qué atacar el yo constituye una opción tan atractiva. Aunque tal vez la ciencia aplicada no sea suficiente. Dice Emil Cioran en Las cimas de la desesperación:

“La tragedia del ser humano, animal exiliado en la existencia, reside en el hecho de que los elementos y los valores de la vida no pueden satisfacerle. Para el animal, la vida lo es todo; para el hombre la vida es un signo de interrogación. Signo de interrogación definitivo, pues el ser humano no ha recibido nunca ni recibirá jamás respuesta a sus preguntas. No solo la vida no tiene ningún sentido, sino que no puede tenerlo”.

Vivir puede tornarse un callejón sin salida, la belleza física se corroe de bendición a mercancía en el mundo de la moda, y la desesperación y la soledad crecen de molestias que entristecen a monstruos incontrolables. Una de las frases clichés y juveniles de las redes sociales puede resumirlo así: La belleza es dolor.

Es tal vez –montándole una paradoja al respetable señor Cioran– que la deshumanización de la vida misma es la que nos lleva a abrir la puerta de la muerte autoinflingida en vez de seguir deambulando en los pasillos, como aquel excelente y melancólico diario de Pavese, del oficio de vivir.

John Zerzan, filósofo anarco-primitivista, señala que la modernidad ha traído consigo mayor número de suicidas y la automatización de la muerte. El pulso Tánatos, bautizado así por Sigmund Freud, se ve embotellado y vuelto una máquina. ¿El cenit de esto? La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto nazi. Hornos para el exterminio, cámaras de gases y bombas nucleares para matar más en menor cantidad de tiempo.

No faltaba el tiempo para que todos estos impulsos calasen en el inconsciente colectivo.

El ser bello, joven, adinerado y exitoso constituyen hoy en día la fórmula deseada. Una ecuación perfecta. ¿Por qué Ambrose Olsen, la cara de Armani, Tom Nicon, el niño mimado de Burberry, o Brian Bianchini, objeto de inspiración para Versace, todos decidieron morir en vez de seguir? ¿Por qué decidió Tom Nicon unirse al grupo de defenestrados como Tomás González o John Berryman, ambos geniales escritores? ¿Por qué Ambrose Olsen y Nikolai Gubenko decidieron ahorcarse y partirse la tráquea como lo hicieron David Foster Wallace o José Ignacio Fuentes?

Tomar la salida de la muerte, luego de cruzar un sendero de dolor inexplicable, vuelve el vivir un acto de verdadero coraje. Pero hay ciertas personas que se hunden en una terrible laguna de la cual es muy difícil salir. El misterio de la depresión, el monstruo al cual es difícil verle la cara, repta en la vida de todos. Sea en un camerino lleno de modelos en Milán, o un escritorio solitario en alguna buhardilla de Caracas o Bogotá, la soledad siempre está presente. El invitado incómodo a nuestras vidas.