• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

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José Ignacio Calderón

Lo normal

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“Ya todo es normal acá”, me dijo mi padre una vez que estábamos almorzando. Rumiando la afirmación me pregunté para mí mismo: ¿qué es normal? Sin llenar la pregunta de bemoles filosóficos, nos podemos remitir a los hechos para, más o menos, ver qué es normal.

Es normal tener más de 70.000 muertes violentas en lo que va de la revolución bolivariana. Uno podría ponerse macabro incluso y pensar que es una especie de rito de sangre porque, ¿qué tiene que perder el gobierno para batallar contra el lastre de la inseguridad ciudadana? Más de 10 planes de seguridad, la liberación del Ejército a las calles, y el cierre, depuración y creación de nuevos entes policiales no han dado casi ningún resultado.

Es normal que la maquinaria estatal acuse a Peña Nieto de ser el asesino intelectual –lo es, sin ninguna duda– de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Es normal también que aparezcan dos estudiantes de la ULA esposados y asesinados en un hoyo del estado de Mérida. Es normal que la gente lo pase por alto, como pasó por alto el asesinato de una mujer y su hija el 5 de julio de 2013 –casi 2 años ya– por parte de la Guardia Nacional, descargando alrededor de 50  tiros en el vehículo por el que se desplazaban.

Es normal que la gente se olvide de estas cosas, y prosiga con su vida. Es normal que el Estado en 200 años de existencia –desde la Independencia– pisotee una y otra vez a sus ciudadanos. Fue normal La Rotunda. Fue normal la Guasina. Es normal hoy La Tumba, 10 metros bajo tierra en plena ciudad de Caracas.

Fueron normales las innumerables peleas en los congresos que se trataron de armar en la naciente República de Venezuela. Es normal verlo ahora por televisión y comentarlo por Twitter. (¡El que haga el mejor chiste al respecto gana más retweets!).

Es normal que asesinos plenamente identificados por los organismos de seguridad estatales sigan libres mientras, a raíz de la detención arbitraria de miles de estudiantes, todavía queden remansos de universitarios presos sin razón real. Es normal que el Estado le dé beneplácito a las fuerzas del orden para disparar armas de fuego contra manifestantes si así lo consideran necesario.

Es normal la creación de entes paraestatales para liquidar focos de rebeliones, y también es normal que dichos entes paraestatales amenacen al Estado en televisión.

Es normal que haya tiroteos entre entes paraestatales y funcionarios policiales en pleno centro de la ciudad, en la mañana. Es normal que, habiendo –supuestamente– un férreo control de armas, haya civiles armados con granadas y fusiles de asaltos largos.

Tal vez, entonces, llegue la hora de ponerse un poquito filosófico y preguntarnos nada más ¿qué es normal?