• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

Al instante

En mi nombre, jamás

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Luego de entrar en otra crisis universitaria (cosa que ya parece anual), y que el Estado venezolano haya obliterado cualquier indicio de excelencia académica al eliminar las pruebas internas, y, además, hacerse con la mayoría de los cupos de las universidades, el presidente Nicolás Maduro –para rematar– ha recibido un premio que lleva el nombre de Rodolfo Walsh.

Para entrar en el contexto, Rodolfo Walsh fue un periodista argentino que luchó a través de la letra contra la dictadura militar de 1976. La pasión libertaria con la que ejerció el periodismo terminó costándole la vida, y fue desaparecido por el régimen de Videla. Jamás se encontró su cuerpo.

El Premio Rodolfo Walsh, que otorga la Universidad de La Plata, entrega este galardón en pos de “jerarquizar la enseñanza del periodismo en los ámbitos universitarios y desarrollar el periodismo de investigación”, según su web oficial (http://archive.is/dVpfM).

El premio, al parecer, también reconoce a la persona “que en su trabajo haya demostrado compromiso fehaciente con la verdad y los valores democráticos como sostén fundamental de su práctica, considerada a lo largo de los años; se tendrán en cuenta especialmente aquellos candidatos que hagan investigación periodística más allá de los formatos (audiovisuales, radiofónicos o gráficos)”.

No es difícil sumar dos y dos entonces. La verdad es que el Premio Rodolfo Walsh no premia a periodistas solamente. Tiene en su haber a personas como René Pérez –del grupo Calle 13– y al humorista conocido como Peter Capusotto, aparte, claro, de una larga lista de escritores que van desde Eduardo Galeano a Juan Gelman.

Pero el premio no se queda solo en la farándula y la literatura. Como se mencionó más antes, Nicolás Maduro recibió la semana pasada este galardón. Y no ha sido el único: el fallecido presidente Hugo Chávez lo recibió también.

Al parecer, este galardón no busca tanto premiar alguna trayectoria periodística (ni Chávez, ni René, ni Maduro son periodistas), sino darle un espaldarazo académico a la izquierda establecida. No es un premio a la defensa del libre periodismo –por lo cual Rodolfo Walsh murió–, más bien es una legitimización del pensamiento establecido a los avatares del poder actual.

Y no es secreto que el poder no es amigo de la libre circulación de la información.