• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

Al instante

Diez libros anarcos para unas navidades felices

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No es secreto –es hasta un cliché incluso decirlo– que una persona culta es infinitamente más peligrosa para la sociedad que alguien que no lee. Más allá de la praxis actual de la política venezolana, reducida a marchas y eslóganes fáciles de recordar –pero no de entender– queda un vacío retórico que llenar.

Está claro: en tiempos incendiarios como estos la verborrea de algunos puede resultar atractiva para complacer nuestro afán de inmediatez en tiempos de Internet,  ya que es fácil de comprender, y aún más de llevar a cabo. Discursos sosos, caudillos que tienen mejor cabida en el siglo XIX, generalísimos que recuerda más bien a chamanes de la era glacial… Todas opciones atractivas en el vasto y jugoso mercado político que se establece en la actualidad venezolana.

¿Pero quién le da cabida a la verdadera rebeldía intelectual? Aquella que en vez de poner barricadas, desmorona los muros ideológicos y permite encarar el futuro, sin necesidad de recuperar tótems tan feos como los de Pérez Jiménez o la misma Revolución Bolivariana.

Ante un 2015 truculento, con el auge de ciertos negro-magos tratando de revivir memorias dictatoriales estériles, les dejo una pequeña lista para que cada mes del próximo año lean algo de literatura rebelde. Aquella que permita montar las bases de una democracia directa. Sin intermediarios. Feliz Navidad, hombres y mujeres.

•        El hombre rebelde, Albert Camus

Un ensayo filosófico-histórico sobre los movimientos rebeldes a través de la cosmogonía occidental. Vital para comprender el afán del hombre por su libertad

•        El Único y su propiedad, Max Stirner

Una tesis sobre la valía del individuo sobre todo lo demás, incluido claro, el Estado. Importante para comprendernos como seres valiosos; o en otras palabras: el único libro de autoayuda que vas a necesitar.

•        Justicia política, William Godwin

Un libro base para el libertarismo moderno. Audaz crítica al estado de derecho romano, imperante hoy en nuestros días.

•        La moral anarquista, Piotr Kropotkin

Del príncipe anarquista nos llega un tratado epistemológico de lo que es ser anarquista. Una pequeña tesis sobre lo que podría llamarse anarquismo científico. O cómo sería una sociedad anarquista en la práctica.

•        Venezuela: La revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano, Rafael Uzcátegui

Enfocado en la era Chávez, este libro es una dura crítica a la falacia gubernamental de que vivimos en una “revolución” socialista real: es todo un reformismo catastrófico.

•        Walden, Henry David Thoreau

El libro prototipo del anarco-ecologismo. Una novela de cómo el hombre puede vivir en paz con su medio, sin desbaratarlo o destruirlo –el hipismo no está incluido, gracias a Dios–.

•        Rebelarse vende: el negocio de la contracultura. Joseph Heath y Andrew Potter

Hay dos maneras de que el Sistema te aniquile: o te desaparece, o te asimila. Y en la actualidad, nos hemos desencantado por la segunda opción. El hecho es que la rebelión (¿revolución?) se ha reducido a un discurso incendiario en una película taquillera (¿Fight Club?).  ¿Por qué Un par de filósofos canadienses nos dicen qué hacer.

•        Autobiografía, Malcolm X.

Sin siquiera tomar en cuenta que es sumamente entretenida, la vida de Malcolm X sirve como referencia a lo que es llevar la rebeldía intelectual a sus límites: a lo que el Estado podría considerar *terrorismo* intelectual. Una joya.

•        Contra la civilización. John Zerzan

¿Por qué hay más suicidios hoy en día? ¿Por qué ocurrió el holocausto? ¿Por qué se han extinto más especies de animales en el siglo XX que en los últimos 10.000 años? Zerzan apunta a algunas posibles respuestas a estas preguntas en un ensayo que cuestiona con lucidez el hecho de que, tal vez, el progreso nos esté llevando al abismo.

•        Atlas Shrugged, Ayn Rand

Si bien es una crítica muy ácida a todo tipo de colectivismo, la novela cumbre de Rand es también –aunque ella no lo quiso así– un faro contra el peligro del individualismo extremo. Una visión nihilista de una sociedad individualista sin paragón.