• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

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José Ignacio Calderón

Sobre dedicar libros

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Arreglando mi biblioteca encuentro un libro excepcional: la Obra Poética de Jorge Luis Borges. Es una edición vieja, que data de 1975, y los 38 años de existencia que tiene en la tierra le han pasado por encima con gravedad. Esta manifestación de Borges, me acabo de percatar, tiene una dedicatoria que se me antoja muy especial, y cuya lectura de mi parte se me ha antojado un acto de vouyerismo literario insufrible, pero como todas las parafilias, acompañado de un placer inigualable. Transcribo pues, la dedicatoria:

Para una mujer hermosa, un libro que sin duda busca igualar esa condición. A María Elena. De Luis Lekowrice. Caracas, Dic. 1979.

Probablemente no haya acto más hermoso y manera más sublime de agradecer la compañía, amor o amistad de una persona que escribiéndole unas líneas, a modo de reconocimiento por aquellas fructíferas conversaciones y experiencias que han llevado juntos hasta aquel momento en el que uno decidió escribir esas líneas en la primera página del libro, siempre en blanco. Un espacio para rememorar y recordar, ¿por qué no?, con una tremenda nostalgia aquellas vivencias y tratar de reducirlas a unas líneas, tres, cuatro, cinco, que transcriban lo que siente uno al vislumbrar a aquella persona por la cual uno se vea pensando al leer las líneas que evoca el libro que se va a regalar.

También los escritores gustan de dedicar sus obras a distintas inspiraciones. Amigos, confidentes, amantes, personas que lo ayudaron a pelear contra el demonio blanco que representa la página sin letras. Entes que inspiraron a aquellos grandes a escribir y reinterpretar nuestro mundo cambiante. Incluso, autores que sin agradecer a nadie, en algún modo, podrían regalarles su contenido a todos. Dejar la página vacía para abrirle ese universo a la humanidad. Recordemos a Fyodor Dostoievsky. Transcribo entonces, algunas de las dedicatorias más interesantes que he leído hasta ahora:

Para Carolina López y Lautaro Bolaño, venturosamente parecidos. Roberto Bolaño. Los detectives salvajes.

A Linda King. Que me lo trajo y se lo llevará. Charles Bukowski. Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones.

A la guagua. Francisco Massiani. Piedra de mar.

Para Mercedes López-Ballesteros, que me oyó la frase de Bakio y me guardó las líneas. Javier Marías. Mañana en la batalla piensa en mí.

En señal de mi admiración a su genio este libro está dedicado a Nathaniel Hawthorne. Herman Melville. Moby Dick.

A Pilar, que no dejó que me muriera. José Saramago. El viaje del elefante.

A todos, menos a ti. Alejandro Rebolledo. Pin pan pun.