• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

Al instante

Incoherencias de una sociedad en declive

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Un instinto creador nos invade e impulsa en el proceso general de la reforma, en un intento por dar respuesta a las voces que claman un cambio.

Nos encaminamos en la búsqueda direccionados hacia aquello que creemos correcto, al tiempo que las sociedades del mundo viven los pesares de un sistema inclemente; y en nuestro propio deseo de engañarnos nos refugiamos en el hecho de creer que ignorar los problemas que hoy nos conciernen reduce sus consecuencias futuras, y los obviamos, al punto de que ya no nos es posible evitar su imperiosa llegada.

Vivimos bajo un falso escenario de desarrollo cuando nuestros sistemas dan muestras de un colapso inminente; tanto social como energéticamente. La sostenibilidad cada día toma más auge, para hacer frente a problemas que a su vez se niegan o, peor aún, se ocultan; y pareciera que el velo ya no puede ocultar la realidad a la que nos enfrentamos.

Las migraciones aumentarán, al ritmo de la crisis venidera; en un presente donde los modelos sociales inclinan los rasgos del comportamiento humano, poco a poco a sustituir las nociones de ciudadanía y cooperación por los principios básicos de supervivencia.

Y es que ¿cómo vamos a cooperar unos con otros, cómo podemos pensar que una sociedad pacífica es posible en un escenario donde nos vemos obligados a defender nuestra individualidad para preservar puestos de trabajos, asegurar el pan de nuestra mesa o garantizar el bienestar de nuestro núcleo?

Si hablamos de “libertad, igualdad y fraternidad”, como pilares complementarios y fundamentales de una sociedad estable o las condiciones básicas que se deben presentar para tenerla, notamos cómo los dos primeros conceptos son prácticamente ilusorios, y nos preguntamos, ¿cómo puede un individuo pensar en su frater cuando él mismo no es un hombre libre y cuando las desigualdades entre unos y otros aumentan día tras día?

En síntesis ¿cómo podemos pensar en el otro, cuando nuestra propia integridad se ve amenazada?

O tal vez ese sea nuestro error; y que, por tanto, deberíamos leer la premisa de derecha a izquierda, entendiendo que la fraternidad es la base que permitirá restablecer en primer término el equilibrio del mundo; tal vez únicamente aceptando nuestras diferencias (lo que no implica anular el criterio propio) y haciendo un esfuerzo por mirar a nuestro frater como semejante, a pesar de nuestras propias circunstancias, es posible alcanzar las dos primeras nociones; tal vez solo seamos libres, cuando nuestro hermano también lo sea.

Por ello, debemos fomentar una cultura conciliadora; en un presente donde diversas guerras tienen lugar en el mundo, donde el horror más grande, como lo es el exterminio del otro, pasa a ser el tema diario, debemos tener la certeza de que nuestra causa es alcanzable, y que más importante aún, depende de nosotros mismos.

Pero debemos actuar ahora, y de esta manera entender que nuestra acción genera acciones similares; bajo la premisa de que la violencia engendra violencia, pues la paz engendra paz. Para generar un cambio de mentalidad mayor, debemos internalizar el hecho de que nuestras acciones aisladas y pequeñas tienen un impacto en la sociedad, porque es desde la base donde se construye un pilar. Enseñemos a nuestros líderes que queremos vivir en una sociedad pacífica, y para ello, nuestro pensamiento y acción tienen que serlo también.

Como habitantes del mundo, en el momento en que ampliamos nuestro campo de visión, logramos observar los problemas del otro; y si bien existen consideraciones reales que nos impiden observarlos desde un matiz cercano; bien sea la separación geográfica o la desinformación, debemos entender que las injusticias e incoherencias de una sociedad en declive se presentan con la misma fiereza, más allá las fronteras que nos separan como ciudadanos; y es que sobre las banderas que se erijan está la especie, entendiendo que, si bien nuestras luchas son dispares, nuestras necesidades similares; porque como dice un gran activista “la única raza, es la raza humana”.

Y en un presagio atrevido, se asoma el indetenible escenario de que algunos pueblos sufrirán mañana, las desgracias de otros hoy; porque restar importancia a la realidad ajena por sentirnos exentos de sufrirla, solo nos hace más propensos a hacerlo; puesto que la verdadera ignorancia no proviene de aquel que no cree por falta de pruebas, sino de aquel que, viendo, se rehúsa a creer.

Actualmente, la competitividad se enfrenta en una lucha sin descanso al igualitarismo, la moda intenta arropar al individuo con la misma fuerza que este intenta preservar su autonomía; un sinfín de ejemplos, al parecer minúsculos e irrelevantes que al mismo tiempo son la más clara representación de la sociedad actual; dejarse llevar por la corriente o luchar contra ella, “aunque esto no tenga ningún resultado positivo” (1984), mantenerse firme en las propias creencias, o ceder a las diversas y constantes imágenes que nos venden desde todos los ámbitos posibles; sumirnos en la inacabable paradoja de que es la in-dependencia económica que da la libertad al joven rebelde que se niega a aceptar el sistema.

Y es precisamente el camino que decidamos elegir aquello que puede cambiar el destino de la humanidad; tenemos la virtud de elegir entre reproducir los viejos escenarios, o crear nuevos paradigmas que permitan transitar nuevos caminos.

El futuro intelectual de nuestra especie recae sobre los hombros de aquellos que se atreven a cargar tal peso. Puesto que nuestro presente da muestras de un escenario poco favorable. Hoy enfrentamos una sociedad dividida entre la indiferencia y la inconformidad, sumida entre el egoísmo y el sacrificio, con un ritmo que obliga a dar pasos más acelerados, pero más iguales. Donde la banalidad se ha impuesto como norma, y la sabiduría es vista como un don divino disfrutado por el ermitaño en su cueva, y no como una condición alcanzable por el individuo, sumido cada vez más en la vaciedad de la vida.

Por tanto, esta reflexión lleva por sentido la invitación a los siguientes aspectos:

  1. Ampliar nuestro campo de visión. Alzar la vista y mirar las adversidades de un mundo que exige el compromiso de la buena voluntad.
  2. Sensibilizarnos con la realidad ajena. Aceptando los desequilibrios globales y reconociendo los problemas del otro como igual de lamentables que los nuestros.
  3. Ser agentes comunicadores. Combatir la desinformación y transmitir en nuestro entorno y fuera de él verdades generales que permitan una mayor comprensión de la realidad.
  4. Actuar del modo en el que queremos vivir. Asumiendo una acción coherente con nuestro deseo de una sociedad pacífica.

Aunado a estas consideraciones, se destacan tres conceptos que considero fundamentales para la construcción de dicha sociedad y con los cuales concluyo esta reflexión: reconocer, reconciliar, coexistir.

 

@JesusRPinto