• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

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José Ignacio Calderón

Fragmentos de cultura

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Por desgracia, en este país nuestra cronología se mide solo en su ámbito gubernamental. El Estado es el gran árbitro, y nuestro colectivo nacional se ve subyugado a esto. El ring de la historia es la política, y nuestro centro de vida es la actividad que esto conlleva. Naturalmente, la cultura está dentro del paquete, y esto afecta gravemente nuestra producción artística.

Y para bien o para mal, el proceso chavista ha ahondado tanto en esto, que los intelectuales ya han tomado bandos polarmente opuestos, cosa que no ocurría constantemente, ni aquí, ni en Europa, cuna de nuestra civilización occidental. Excepcionalmente en la resistencia francesa, y en la Alemania de Hitler, con su Martin Heidegger y su Wilhelm Furtwängler son casos fuera de lo común, comodines históricos. Lo preocupante es que, sin realmente razonarlo, hemos tomado como modelo estos Estados para nosotros mismos extender los tentáculos de la política hasta el arte y sus aristas.

El solo hecho de tener la historia de este país dividida en repúblicas, y obviar sus movimientos artísticos, es terriblemente nocivo para nuestro grueso pensante. Es nuestro momento tan dantesco que hay pensadores que defienden el Estado. Citando a Nicolás Gómez Dávila: “El artista tan solo puede ser partidario del político que no lo llame a filas”.

Yo creo firmemente que este gobierno es antiintelectual. Es activamente hostil contra la actividad cultural, y más aún si es independiente. La burocratización de las artes, mediante la apertura de infinidad de ministerios, representa una traba para la creación y la investigación. Las ideas se vuelven formularios y meras armas de propaganda partidista. Un lamentable ejemplo es Luis Britto García, nuestro Jean-Paul Sartre. Y no por lo filosófico, sino por lo vendido.

La cultura hoy está al borde de un abismo. No evoluciona, ni devoluciona, solo está a punto de desplomarse por el peso de una gigantesca corporación burócrata que busca encasillar cultura dentro de revolución política. El día que la rebeldía se institucionalice, la cultura morirá. Y tengo una mala noticia:

ya la rebeldía, gracias a este gobierno, es una institución.