• Caracas (Venezuela)

José Ignacio Calderón

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José Ignacio Calderón

El Disney World No Alineado

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1960. En el mundo de la posguerra, luego de la derrota del nazismo y el fascismo por la coalición militar de los Aliados, se viven nuevos cambios en el planeta. En medio de un tenso ambiente polarizado, Jean Paul Sartre admira la recién nacida revolución castrista desde París. Siguiendo nuestro camino en el universo francés, aquel cosmos de democracia, fraternidad e igualdad, vemos a Ignacio Ramonet dando su visto bueno a la incipiente revolución bolivariana desde su oficina privada en el edificio administrativo de Le Monde Diplomatique, ubicado también en París.

A unos 6.00 kilómetros de distancia, saltando el océano Atlántico y aterrizando en Filadelfia, observamos hoy en día a George Cicarriello-Maher, un intelectual menor de Estados Unidos escribiendo un artículo titulado “Venezuelan Jacobins”, en el que intenta dibujar un paralelo entre la Revolución francesa y la situación del país este año, tratando forzosamente de imprimir con dialéctica barata un tinte racista y clasista a la ola de manifestaciones que sucedieron este año en Venezuela. Ciccariello-Maher va lo suficientemente lejos como para tildar a nuestro país antes de la quinta república de mantuano, colonialista y racialista.

Todos estos intelectuales son personas acomodadas. Hombres occidentales, de clase media o alta, laureados por la academia y protegidos por el confort de democracias liberales en el norte del planeta.

¿Qué otra cosa pueden tener en común estos cuatro nombres? ¿Su educación cristiana? ¿Su posición socioeconómica, entre los escalafones A y B? ¿Su gusto por los trajes hechos a la medida? ¿Su irrestricta defensa por aquellas revoluciones románticas, por esos valerosos hombres que, fusil en mano y uniforme puesto, buscan con ansias liberar a sus pueblos del horrendo imperialismo, tanto capital como cultural? Sí. Pero a todos estos académicos los une algo más, el centro de un plano cartesiano común: el egoísmo.

Hombres (blancos mojoncitos, los llamó Reinaldo Arenas) que vislumbran el sur como su fantasía para dar rienda suelta a su dialéctica marxista ortodoxa, arduamente estudiada para ser reflejada en América Latina. Señores, que, con traje y corbata, imprimen su visión del mundo en miles de personas, dando espaldarazos a brutales represiones, viviendo incubados en el fracaso del socialismo estalinista del siglo XX, suerte de imperialismo no-alineado comandado por la URSS y hoy día sin cabeza visible. Siempre los europeos diciéndole a sus colonias formales cómo vivir, sean desde la izquierda o la derecha, ambas dialécticas políticas importadas de Alemania, curiosa casualidad. 

Aquellos que desde la furia de sus libros y contribuyendo a la revolución de las masas desde sus teclados Mac buscan que sus sueños libertarios, imposibles de ver realizados en sus aburridas y funcionales democracias liberales, corran libres y salvajes en aquella inhóspita tierra que es América Latina.

Goodfellas, como la película de Scorsese. Buenos muchachos que defienden sus intereses personales (en este caso político-fantasiosos) operando como una mafia. Lanzando datos y obviando otros. Aplaudiendo la represión de los ejércitos sudamericanos pero condenando a la National Guard estadounidense que también reprime estudiantes en Washington.

Farsantes celebrando la susodicha democracia (qué palabra tan vejada y pisoteada) por la cantidad de elecciones que se han realizado, pero convenientemente olvidando que no todo se resume en celebraciones electorales. Pero es que, claro, en Macondo siempre estamos de fiesta.

El imperialismo neocolonialista de estos señores es campante.

Jamás un maniqueísmo irracional nos pudo haber hecho tanto daño.

Para bien o para mal, para la izquierda o para la derecha, siempre el intelecto europeo y norteamericano nos verá como su patio de juegos ideológicos. Por eso, entonces, modificando drásticamente algunos estribillos de la famosa canción “¿Por qué no se van?” del grupo chileno Los Prisioneros, les canto a Ciccariello-Maher y sus amigos viviendo en Gringolandia y Europa:

Si sueñas con Caracas y La Habana

Te quejas de tu gente y su conformismo

Vives amando al Gabo y a los Castro

Si eres artista y los derechistas no te entienden

Si tu dialéctica allí no alza a la gente

Si quieres ser revolucionario de verdad

¿Por qué no te vienes?