• Caracas (Venezuela)

José Guerra

Al instante

Venezuela hambrienta

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Para un ciudadano de un país extranjero resultaría increíble imaginar que Venezuela pueda estar sufriendo hoy una crisis alimentaria. Aquel país que el mundo consideraba rico, que ayudó a muchos a combatir la pobreza, que transfirió millones de dólares a naciones vecinas y amigas, actualmente está postrado por el hambre de sus nacionales.

Los indicadores construidos por universidades nacionales han venido a sustituir aquellos que dejaron de publicar los institutos oficiales como el INE y el BCV, cuyas estadísticas están secuestradas por sus autoridades. No obstante esto, según la encuesta Encovi correspondiente a 2015, cerca de 75% de los hogares venezolanos se encuentra en situación de pobreza, definida esta como la posición de aquellos hogares cuyos ingresos no les alcanza para adquirir la canasta alimentaria más el pago de los servicios, tales como transporte, electricidad, telefonía, salud, educación, entre otros. Ese indicador supera con creces el registro de 1998 cuando la proporción de pobres alcanzó la ya alarmante cifra de 45%.

Dos factores han contribuido a este incremento de la pobreza. Por una parte, la significativa caída de la actividad económica, calculada en 6% en 2015 y la inflación en el sector alimenticio, contabilizada en 315%. Preocupa altamente la situación que se vive en 2016 con la contracción en el consumo de proteínas animales, especialmente en el caso de los niños y los jóvenes. Así, de acuerdo con datos recabados por asociaciones de productores y especialistas en nutrición, el consumo de carne de res pasó de un promedio anual por habitante de 24 kilogramos en 2012, a apenas 9 kilogramos en 2016. Algo similar sucede con el pollo, debido a que la cantidad consumida por habitante disminuyó desde 50 kilogramos por persona en 2012 hasta 15 kilogramos en 2016. Caso especial es el del huevo, una de las proteínas más baratas y con mayor carga nutritiva. Su consumo se desplomó hasta 5 kilogramos equivalente por persona en 2016 luego de haber alcanzado los 13 kilogramos consumidos en 2012. Esto es una tragedia.

Actualmente muchos niños, diría que la mayoría de los de Venezuela, entre enero y mayo de 2016 no ha consumido un litro de leche. La situación del pescado y las especies marinas es más dramática todavía: los pobres y las clases medias bajas no pueden consumir esos productos por los elevados precios y porque, de hacerlo, dejarían de adquirir otros alimentos de menor costo. Todo ello ha determinado que un venezolano promedio en 2016, estaría consumiendo aproximadamente 6,1 kilogramos de proteínas animal en 2016, cuando el rango normal se calcula entre 10 kilogramos y 20 kilogramos promedio anual.

Todo este drama humano ocurre en un país que hasta 2014 disfrutó de la mayor y más prolongada bonanza petrolera de su historia y que literalmente flota sobre un mar de petróleo. Pero el poder destructivo del socialismo del siglo XXI pudo más que toda la riqueza física con la cual la providencia dotó a Venezuela. Ante grandes males, grandes soluciones y los venezolanos de este tiempo estamos obligados a detener la ruina y la destrucción del país, procurando un cambio hacia una economía de mercado, en crecimiento, con baja inflación, equidad social y democracia plena.