• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

Al instante

No pienses: ¡vota!

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No importa lo que piense la gente sobre si votas o no. Lo que importa es lo que tú finalmente hagas. El voto es tu decisión. Por eso creo que no podemos permitir que nadie, del grupo que sea, nos esté diciendo lo que hay que hacer. O nos obligue a votar. O nos quiera hacer creer que, si lo hacemos o no, somos menos o más venezolanos. Es un insulto a nuestra inteligencia. Porque votar, al final, es un acto íntimo entre lo que quieres expresar y cómo lo quieres expresar. Votar es un acto voluntario, que no puede ser impuesto por nadie. Es un acto estrictamente personal. Es un momento de reflexión donde, si votas o no, solo estás obedeciendo a tu libre albedrío.

Cuando votas o no, debes hacerlo con conciencia. Y, si apelamos a ella, entonces deberíamos hablar de un voto moral; de un voto ético. ¿Cuántas veces al día, desde que supimos que el 6-D habría elecciones, has escuchado que debes ir a votar? No es un exhorto: por lo general es un mandato. Distintos actores sociales y políticos, más un sinfín de personeros públicos, en sus conversaciones, discursos, comentarios o artículos, nos imponen la tarea de votar. Y, además, dejan colar, como quien no quiere la cosa, una advertencia sobre las consecuencias de no hacerlo por sus candidatos.

La mayoría de los venezolanos es consciente de la situación que padecemos y conocemos quiénes son los responsables de tanta barbarie. Sabemos también lo que es este régimen. Si todos hacemos el ejercicio de analizar nuestra realidad, llegaríamos a la conclusión de que el país actual no es el que queremos; entonces, es obvio que no debemos elegir a los mismos dirigentes que hoy lo conducen.

Siempre me ha gustado revisar nuestra Constitución. Y en medio de ese ejercicio, me topé con el artículo 201 que dice: “Los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal”. Allí tenemos un ejemplo. La Constitución lo establece. Si trasladamos eso a estas elecciones, el mensaje es claro: nuestro voto también tiene que ser personal.

Pero, una cosa que atenta contra ese voto personal, es la modalidad del voto lista. ¿Qué significa el voto lista? No es más que el mandato del PSUV, por citar a alguno de los grupos, diciéndole a sus electores por quiénes deben votar: en bloque, sin mucho pensar. Porque, al final, cuando los partidarios del oficialismo se encuentran frente al tarjetón y lo que ven son los “ojitos de Chávez”, no saben –o quizá sí– que detrás de la mirada del Difunto Comandante, se esconde la misma cuerda de bandidos que, una vez más, lo que buscan es mantener sus beneficios, sus dietas, sus corruptelas, sus abusos de poder, su inmunidad parlamentaria. Porque, detrás de ese voto lista que reelegirá a los mismos diputados del PSUV, se esconde la voluntad del partido y no la del pueblo, que es al que deberían representar. Pero, igual ocurre del otro lado…

No podemos seguir entregando un cheque en blanco a esos diputados. ¿Cuál de esos legisladores que aspira a la reelección, y está dentro del voto lista, ya te ha rendido cuentas de su gestión como exige la Ley? Sin embargo, hoy tienen las agallas ensanchadas pidiendo de nuevo tu voto. Haciendo caso omiso del artículo 197 de nuestra carta magna: “Los diputados o diputadas a la Asamblea Nacional están obligados y obligadas a cumplir sus labores a dedicación exclusiva, en beneficio de los intereses del pueblo y a mantener una vinculación permanente con sus electores y electoras, atendiendo sus opiniones y sugerencias y manteniéndolos informados e informadas acerca de su gestión y la de la Asamblea. Deben dar cuenta anualmente de su gestión a los electores y electoras de la circunscripción por la cual fueron elegidos o elegidas y estarán sometidos al referendo revocatorio del mandato en los términos previstos en esta Constitución y en la ley sobre la materia”.

Entonces: ¿votar o no votar? En Cuba se ha votado durante 50 años; ¿y ha servido para algo? Al final de cada elección, sigue haciéndose lo que diga Fidel. En Estados Unidos, cuando hay procesos electorales, no se manda a nadie a votar, y la democracia funciona. Pero, funciona porque se cumplen las leyes. En Venezuela, no. Aquí no. La democracia venezolana se fundamenta en si votamos o no. Se concentra en lo que una y otra vez califican con el remoquete de la “gran fiesta democrática”. Pero, la verdadera “gran fiesta democrática” ocurrirá, por ejemplo, cuando todos los venezolanos, en conjunto, exijamos un nuevo CNE con rectores no vinculados a partidos políticos. Eso sí sería un acto democrático y participativo.

No quiero, como ha pasado en otras ocasiones, que interpreten que estoy llamando a la abstención, porque no es así. Mucho menos desactivando la emoción política. Llevamos a cuesta, desde que se instaló este régimen en el poder, demasiados comicios. Aún no aprendemos las lecciones, ni aplicamos correctivos para que, finalmente, salgamos victoriosos. Y así se lo hicimos saber a la MUD, en varios documentos, incluyendo el de la ONG Ciudadanía Activa titulado “20 garantías mínimas para la realización de los comicios”. Todos escritos por un grupo de venezolanos preocupado por el destino político, errante y cíclico, que vive el país en cada elección.

Recuerdo con pesar  que hace mucho tiempo un conocido abogado constitucionalista se dio a la tarea de conjugar el verbo votar: “Yo voto, tú votas, él vota, nosotros votamos…ellos deciden”. ¿Esto ha cambiado? Y eso fue en la época cuando existía el Consejo Supremo Electoral de la cuarta república.

¡Que nadie insulte nuestra inteligencia! Que ese sagrado acto civilista, personal y voluntario, obedezca a nuestra conciencia, con entera tranquilidad y a lo que mejor deseamos para el país.

 

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1