• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

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José Domingo Blanco

¿Y a ti qué te importa?

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¿Resignación? Una palabra con la que suelen consolarnos cuando “ya no queda más remedio”. Cuando la pérdida será inminente. Nos resignamos cuando perdemos a nuestros seres amados. Nos resignamos cuando nos separamos de nuestros hijos, quienes deciden marcharse porque el futuro que les depara Venezuela es aterrador. Una palabra, si se quiere, injusta para quienes la reciben como consuelo en momentos aciagos. ¿No será acaso nuestro exceso de resignación lo que le ha dado fuerzas a este régimen que suma un importante prontuario de abusos y atropellos?... Es probable. ¿Y a alguien le importa? ¿A quién le importa?

El diario Tal Cual, en su dolorosa cuenta regresiva, nos anuncia que le quedan menos de siete días de papel para imprimir. ¿Qué va a pasar cuando deje de circular? ¿Nos lamentaremos, y después tan solo nos resignaremos a que, una vez más, el régimen sigue forzando el cierre de medios de comunicación que valientemente se le oponen? Porque así ocurrió con RCTV. Chávez, con el cuento del vencimiento de la concesión, la cerró porque el canal le era incómodo a sus intereses. Y a todos nos dolió; pero, ¿qué ha ocurrido a la fecha? Estamos resignados a que ahora, donde otrora sintonizábamos la emblemática Radio Caracas Televisión, está ese bodrio –que ni ellos ven– llamado TVES. Forzar el cierre o desaparición de los medios que son incómodos –o doblegarlos, a punta de realazos, para que cambien su línea editorial– es parte de la estrategia con la que han logrado su hegemonía comunicacional. En Venezuela se leen, se ven o se escuchan las noticias que el gobierno quiere dar. ¡Cómo nos cuesta a los comunicadores sociales, que no somos gobierneros, luchar contra este teatro de la falsedad! El gobierno pretende imponer sus mentiras que, de tanto repetirlas, esperan que todos nos traguemos. Ocultar la realidad de un país que muere de mengua, atacado por la desidia, la corrupción, la indolencia y el hambre de poder. ¿Y qué hacemos al respecto? ¿Acaso nos importa?

Hace poco rescaté un documento que circuló en el marco del Foro de Promoción Democrática Continental, celebrado enero de este año. El ponente hacía referencia al libro 1984, escrito por Orwell en el año 1947. El libro, como muchos de ustedes sabrán, se ha considerado un tanto profético por cuanto describe a las sociedades que actúan de manera totalitaria y represora, como las representadas en la novela. En Venezuela vivimos este modelo orwelliano, sin duda, que se basa en tres premisas básicas: la escasez como medio de control, el gobierno ejercido por una oligarquía que no quiere ser desplazada del poder y la manipulación del lenguaje con la intención de ir hacia los sentimientos, pero con mensajes basados en la mentira… Sin duda: Orwell fue visionario. ¿O es que acaso esto no es lo que vivimos actualmente en el país?

Estamos padeciendo las mutaciones del antiguo socialismo, y se evidencia en las tres manipulaciones del lenguaje expresados en el modelo orwelliano. El primero de ellos es el que asegura que “la guerra es la paz”, donde se hace uso de la mentira de manera desvergonzada. Es evidente que, sin el uso sistemático de la violencia, las dictaduras no pueden subsistir. La segunda manipulación de estos gobiernos es asegurar que la miseria es la justicia de los pobres, pero insistiendo en culpar de todos los males económicos al capitalismo. Con eso disfrazan el fracaso de la gestión. Las riquezas que ostentan los nuevos ricos no vienen de la libre competencia, sino de la cercanía que se tenga al sistema político. Y por último, las tinieblas son la luz, porque donde no hay acceso a la verdad hay un caldo de cultivo favorable para que florezca el socialismo totalitario.

El régimen se empeña en imponer “su verdad”, que no es más que una mentira inmensa con la pretenden mantenerse en el poder. Todo lo que atente contra “su verdad” es una amenaza que debe dejar de existir. Y lo están logrando: han comprado periódicos, han cerrado canales de televisión, se han apoderado de señales radiales. Apenas toman control de los medios de comunicación, comienza a publicarse una realidad que solo existe en el laboratorio informativo del gobierno. Por eso, Tal Cual tiene los días contados. El régimen ya emitió su sentencia y espera que se cumpla a como dé lugar. Se cansaron de imponerles multas cuantiosas que, con muchísimo esfuerzo, la gente de Tal Cual ha logrado reunir y honrar. Ahora se afincan con lo que verdaderamente los hará dejar de circular: a Tal Cual se le acaba el papel e imagino al régimen presionando con cerrar a quienes se les ocurra solidarizarse con el periódico que ellos ya condenaron a muerte. Los medios de comunicación en el país no tienen dolientes porque los venezolanos hemos perdido la capacidad de defendernos a nosotros mismos, ante un Estado todopoderoso que hace lo que le da la gana. El cierre –o la compra– de los medios es como cuando se nos muere un conocido: vamos al velorio, acompañamos a los familiares al entierro y, quizá, de vez en cuando le llevemos flores al cementerio porque lo recordamos con cierta nostalgia. Pero hasta allí. Hoy es Tal Cual el que tiene los días contados. ¿Nos vamos a resignar, una vez más, a que el gobierno logre callar una voz disidente? El ensañamiento es contra la libertad de expresión, ¡que es de todos! No permitamos que un día el régimen nos prohíba, incluso, pensar. Allí ya será tarde… Entonces ¿a quién le importará?