• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

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José Domingo Blanco

Todo lo contrario

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Hace algún tiempo tuve un programa que se llamó Ni lo uno ni lo otro. Duró 10 años, de los cuales los primeros seis conduje junto con Ana María Fernández. El título del programa me vino a la mente a propósito de un trabajo publicado en El Nacional, el pasado domingo 15 de febrero: “Ni el gobierno ni la oposición despiertan el interés en votantes”. Algo que he venido diciendo –más de lo que a la gente le gusta oír, en especial en épocas electorales– en los últimos años.

Y repito: el descontento chavista no migra hacia la Mesa de la Unidad. Tenemos 16 años con una paupérrima conducción opositora, que lo único que ostenta en el currículo es fracaso tras fracaso. Y a un chavismo haciéndolo tan mal que aúpa la deserción de sus filas. Las decepciones de un lado y del otro no se capitalizan en un nuevo liderazgo, que está allí; pero no logra surgir. ¡Ese sí sería el verdadero ganador de las próximas elecciones!

En momentos como el actual, el periodismo se enriquece conversando con la gente. Hace unos días tuve que ir a Coche. Era domingo: ¡domingo de mercado de Coche! Estacioné y caminé entre los puestos de verduras, frutas y legumbres. También me topé con una alcabala de la Guardia Nacional y muchas personas buscando buenos precios. Tuve chance de conversar con ellos y a todos les pregunté lo mismo: ¿cómo ven y sienten el país? Me impresionó la respuesta común. Algunos se reconocieron chavistas; pero alegaban que por nada del mundo le daban el voto a Maduro. “Si sigo votando por esta revolución, por el proceso, es por respeto a mi Comandante Eterno; pero, esto no se aguanta. La situación no puede seguir como está. Esta gente del gobierno está robando demasiado y sin esconderlo. Cuando el comandante estaba vivo, el país pasó por crisis difíciles, muy feas; pero, él tenía la habilidad de calmarnos con sus cuentos. Esta gente no encuentra qué inventar para desviarnos de la realidad que estamos padeciendo”.

Se habla mucho de renuncia, transición, cambio de sistema, nuevo proceso electoral: pero no son los partidos de oposición los que van a sacar a Maduro, sino la gente –como esa que estaba en el mercado de Coche– que padece día tras día miserias jamás imaginadas. Cuando se junten las penurias y los dolores, sin diferencias de clases sociales –aspectos que ya estamos viendo en las colas, mucho más en el interior del país que aquí en la capital– ese 80% que responsabiliza a Nicolás de la escasez, del desabastecimiento y del desastre generalizado es el que irá a Miraflores a pedir su salida. No serán María Corina, ni Leopoldo, ni Capriles; mucho menos la MUD: ¡será esa gente! ¡La que está en las colas! Ese 80% obstinado de la situación, que ya no cree ni en el gobierno ni en la oposición, sino en el deterioro de su calidad de vida y en el aumento de su pobreza.

Pareciera que nadie reacciona ante la tragedia que significa que ni el gobierno ni la oposición MUD despierten el interés de los votantes. Hay analistas que, de manera muy atinada, coinciden en que la oposición tiene que organizarse y, obligatoriamente, segmentar su discurso si pretende transitar el sendero electoral y alcanzar algún éxito. La oposición tiene que evitar la desactivación del voto y crear un mensaje claro, capaz de llegar a todos los sectores: desde el sitio donde se encuentra el chavista radical descontento hasta donde está el opositor poco prendado de las propuestas existentes.

Que una encuestadora afirme que 40% del país no se siente atraído ni por el chavismo ni por la oposición es relevante. ¿Cómo es posible que ningún sector logre capitalizar la decepción que siente 80% de la población, que le atribuye a Maduro la responsabilidad absoluta de lo que está pasando? Sin embargo, ese descontento ha pasado a engrosar la fila de los independientes y no de los opositores, razón suficiente para que los que se autoproclaman líderes de la oposición, busquen la forma de revertir esta tendencia. La población está políticamente a la deriva, sin representación, con riesgo de dispersarse. ¿Cómo hacer que el sector oposición que no se identifica con la MUD, pero tampoco con el gobierno, salte a la palestra, proponga sus ideas y exprese sus mensajes? La MUD, permanentemente, está congraciándose con el gobierno y eso lo perciben los independientes, que no terminan de arrimarse a sus propuestas. Y hay un sector del chavismo que está esperando que salga –quizá desde las mismas filas del chavismo– un opositor a Maduro y a lo que él representa.

Lo dicen las cifras: casi 50% del país se considera independiente. No se sienten ni chavistas ni opositores…sino todo lo contrario. ¿Qué hacer para que esa gente, que hoy se autodefine independiente, no se abstenga en las elecciones? Aunque, para ser sincero, el país, en este momento, no está para elecciones: los problemas de escasez, inflación, inseguridad no se arreglan en unos comicios.

Que los sondeos arrojen que ni el gobierno ni la oposición despiertan el interés de los votantes es grave. Es como para recomendarles que se retiren. Tienen que surgir nuevos partidos políticos porque los que existen la gente no los quiere. Y ese es el drama: los partidos perdieron credibilidad, liderazgo y empatía. El escenario político se encuentra muy comprometido, enviciado y deteriorado. La polarización nos ha hecho daño. Y sigue haciéndolo. El descontento, el miedo o la desesperanza de la población electoral venezolana pueden ocasionar la dispersión de votos o la abstención. O todo lo contrario…