• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

Al instante

En bolsillo de borracho

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En tiempos de crisis, no es extraño escuchar propuestas orientadas a hacerle frente a la situación. Pero, cuando las soluciones están escritas y refrendadas por “revolucionarios y revolucionarias” preocupados –y preocupadas– por la magnitud de la crisis económica, hay que encender las alarmas, porque esas ideas, definitivamente, tienen muchas lecturas. Una de ellas, la fractura evidente y notoria del chavismo.   

Pero, si además ingresamos en portales afectos al gobierno, y comenzamos a hurgar al azar las opiniones de algunos de sus articulistas –muy comprometidos, en su mayoría, con la ideología del difunto presidente– no quedan dudas: hasta ellos, los adeptos, los incondicionales, saben que esto como que se lo llevo quién lo trajo, popularmente hablando. Haciendo uso de las palabras de estos chavistas: “La revolución está en picada y todos los revolucionarios lo sabemos”… y, créanme, esto no lo estoy inventando. Lo leí en un artículo de los rojitos, publicado en un portal otrora muy pro gobiernero. Palabras que son el reflejo de que la crisis también los está golpeando, haciendo que cada vez se sumen más oficialistas a ese sentimiento de fracaso; para tristeza de quienes ven en este deterioro acelerado, la derrota del chavismo.

Entonces, lo que no se informa o denuncia a través de los canales y emisoras del Estado –porque en esos medios de comunicación, Venezuela parece un cuento de hadas– comienza a desnudarse por otras vías. Por eso, un reducido número de chavistas, angustiados con los desastres de sus camaradas, nos hacen llegar estos documentos secretos que salen de sus cúpulas, quizá en un intento desesperado por demostrarnos que no todos comulgan a pie juntilla con la actuación de Nicolás y sus secuaces. Porque a los “revolucionarios y revolucionarias”, al igual que los que no somos simpatizantes del desgobierno, les preocupa la corrupción de sus funcionarios públicos, les preocupa la inflación “que sube en ascensor”, les preocupan sus salarios que –al igual que a los maestros, profesores, médicos, enfermeras, etc- no les alcanza para comprar los pocos productos que consiguen. Porque, a ellos, los partidarios de Chávez y su “revolución”, también les afecta la escasez de carne, pollo, leche, medicinas, repuestos y, por lo que intuyo de sus palabras, les duele la escasez de moral y sentido patrio de sus camaradas.  En pocas palabras, les mortifica ver que, el gobierno y su gabinete siguen empeñados en un camino que nos está conduciendo a la destrucción. Y los increpan porque sienten que Maduro y su combo no reacciona, emprendiendo las medidas necesarias para salir de esta difícil circunstancia. Porque, los “revolucionarios y revolucionarias”, a punta de amor a Chávez, no alimentan a la familia, ni compran los medicamentos, ni pagan las cuentan ni se libran de ser víctimas de la delincuencia.

El desencanto es evidente entre los partidarios del desgobierno. Si al principio le concedieron el beneficio de la duda, hoy ya no ven a Maduro como la persona capaz de continuar la obra de su amado Chávez, a menos que promueva, de inmediato, algunas medidas correctivas…Obviamente, lo que más debe estarles pesando es el hecho de que Maduro no es Chávez; aunque Nicolás se empeñe en repetir que él es su hijo.

Por eso no me han sorprendido las propuestas que he leído de los “revolucionarios y revolucionarias”. Hasta ellos están conscientes de que, o se emprenden acciones inmediatas y se declara lo que han llamado “la emergencia revolucionaria”, o el país terminará de irse por el despeñadero. Y detrás, toda la revolución –con Chávez incluido. Pero, por supuesto, sin dejar de advertir que si no se corrigen los problemas, esto será “el caldo de cultivo para que el imperio norteamericano avance en sus pretensiones de dominación y aislamiento de Venezuela, y para que la oposición fascista venezolana trate continuamente de desestabilizar a través de diferentes mecanismos”. Por supuesto, fascismo e imperialismo, eran dos términos que, en un documento que se precie de revolucionario, no podían faltar.

Pero, como primera medida –¿de salvación del chavismo-madurismo?–, una vez declarada y aceptada la emergencia revolucionaria, es que en la Asamblea Nacional se apruebe una “muy dura ley contra la corrupción”. Ley que –ellos mismos señalan– ya existe una, aprobada en primera discusión; pero, que se encuentra archivada, supongo yo que para beneplácito de quienes se han dado a la tarea de saquear el tesoro de la nación. Además, añaden, que esta ley “muy dura contra la corrupción” debe estar acompañada con una campaña informativa y pedagógica, que muestre cómo se dan “castigos ejemplarizantes a los corruptos” exponiéndolos “al marginamiento social”. Una propuesta que dista mucho de parecerse a los espaldarazos y apoyos incondicionales que, desde el seno del Ejecutivo y la Asamblea, se le ofrecen a los funcionarios señalados –desde el “imperio norteamericano” o desde la “Madre Patria”– y no precisamente por tener una conducta transparente, intachable e impoluta.

En conclusión, luego de analizar estos papeles y documentos, no me queda más que parafrasear a un viejo amigo, quien cuando la cosa se fracturaba en mil pedazos decía “eso está más partido que galleta e’ soda en bolsillo de borracho”. Me pregunto: ¿estará el chavismo como galleta en bolsillo de borracho? Eso se sabrá muy pronto.

 

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1