• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

Al instante

Vomitivo

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Les confieso que tenía ganas e intenciones de escribir en clave de humor –negro, por supuesto– como dicen algunos que tengo. Quería mofarme de algunos de los sainetes que suceden en nuestro país, esos que, en vez de aparecer en diarios serios, hubieran quedados perfectos en los extintos El Camaleón o El Gallo Pelón. Pero recordé lo que me dijo una vez un colega: “Mingo, por eso es que estamos jodidos y hemos llegado hasta donde hemos llegado: porque todo nos lo tomamos a chiste”. Aunque algunos coincidirán conmigo en que también el humor es lo que nos ha salvado.

Hoy tengo que concederle razón a ese colega. Las noticias que permanentemente nos bombardean y que, de alguna manera u otra, me hacen tragar grueso cuando tengo que compartirlas con los oyentes de mi programa Puntos de Vista le borran la sonrisa a cualquiera. No es posible que Venezuela haya llegado a niveles tan bajos y decadentes. Me cuesta entender –me duele comprobar– que vivo en un país donde ya es normal que a una familia la secuestren y unas niñitas, de apenas 3 y 7 años, sean testigos de la crueldad con la que mueren sus padres. Y me quiero detener en este caso en particular porque esta pareja de esposos fue asesinada con saña y sin piedad. Estamos en presencia de unos malandros capaces de matar a sangre fría y grabar con sus teléfonos, para colgar en las redes sociales, su fechoría. Cuando me hicieron llegar la información completa sentí repulsión del vomitivo suceso porque, además, las investigaciones arrojaron que a las muchachitas las dejan vivas porque uno de los malandros alegó que no hablarían por el trauma que ellos les ocasionaron. ¿Qué clase de sociedad es esta? ¿Este es el hombre nuevo del que tanto habló Chávez? Las edades promedio de quienes integran estas patotas son los niños de hace 17 años. Nacidos y crecidos en esta revolución. Ergo: ¡El hombre nuevo del chavismo! ¿Acaso concebido a su imagen y semejanza? No sé, de pronto me dio por recordar algo de lo que aparece en el Génesis de la Biblia.  Estos malandros que matan a diestra y siniestra nacieron en el chavismo o, a lo sumo, eran unos infantes cuando Chávez llegó al poder. Los integrantes de esas megabandas, son aquellos muchachitos que crecieron oyendo a un presidente que justificaba robar cuando se tenía hambre. Crecieron bajo el modelo chavista. El hombre nuevo que quiso formar Chávez no se parece para nada a lo que alguna vez fuimos los venezolanos.

Otra noticia aberrante que, obligatoriamente, tenemos que condenar, es la vejación sufrida en Ramo Verde por Lilian Tintori delante de sus hijos cuando fue a visitar a Leopoldo. ¿Qué clase de sádico, obedeciendo órdenes o amparado por el cargo, obliga a una madre a desnudarse, para revisarle hasta la toalla sanitaria? Esta humillante situación que vivieron Lilia Tintori, sus hijos y su suegra es un ultraje avalado por el coronel que dirige el centro de reclusión; pero que, en el fondo, no es sino otra demostración del odio, ensañamiento y desprecio que sienten los trogloditas de este régimen por quienes piensan o actúan distinto a ellos.

El doctor Ricardo Montiel –pediatra especialista en adolescentes– comentaba este jueves en el segmento que tiene en nuestro programa Puntos de Vista –a propósito de la machaca del gobierno en decir que la crisis que vivimos es producto de la “guerra económica” y no del modelo que ellos insisten en aplicar– que el Estado se está comportando como el adolescente que le encanta someter a los demás. Se porta, según el Dr. Montiel, como el muchacho que hace bulling y, al ser descubierto, pretende evadir sus responsabilidades mintiendo. Con otro agravante: el Estado es el pater familia de esa sociedad cuyos ciudadanos lo asumen como modelo a seguir. ¿Y cuáles son los “atributos” que predominan en este pater familia? Basta con dar un vistazo a los más recientes escándalos para saber que no estamos, precisamente, ante unos niños de pecho, inocentes, honrados y castos. El que menos puja, puja una novia teenager, implicada en el robo de unos cuantos fajos de dólares y euros que se encontraban en el “modesto, pero lujoso” nidito de amor playero, ese que compartía la pareja, bajo la buena pro de unos padres felices y complacidos con el tremendo yerno generoso y poderoso que se gastaban, sin importar las notorias diferencias de edades.

¿Cómo convences a los jóvenes de los estratos más desposeídos de que estudiando y trabajando honradamente se progresa y se obtiene una vida mejor, cuando lo que abunda en nuestro país ahorita son los ejemplos de enriquecimiento veloz gracias a la corrupción, el abuso de poder, el narcotráfico, el sicariato o la petroprostitución? “¡A quién no le gusta el poder!”, recuerdo que me dijo una vez un  conocido ex diputado. Y hoy, lamentablemente, en Venezuela, el hampa y el gobierno son los que mejor lo ostentan. Porque, amparados por las armas o por los cargos o el billete, quienes hoy irrespetan, vejan o matan corren el riesgo de terminar pareciendo lo mismo.

 

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1