• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

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José Domingo Blanco

Tortura con T de Tarek

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Para Tarek William Saab, el nuevo defensor del pueblo, que tres muchachos permanezcan privados de libertad, a cinco sótanos de profundidad, completamente incomunicados, encerrados en celdas diminutas, gélidas como una cava de la morgue, no es tortura. Que estos muchachos lleven cinco meses sepultados en esos calabozos donde es imposible saber cuándo es de noche o de día, para el defensor del pueblo, no es tortura. Que Lorent, Gerardo y Gabriel no escuchen sino sus pensamientos transformados en gritos y la única luz que reciban sea la de las lámparas incandescentes que jamás se apagan, no es tortura. Para Tarek–quien ventila en su currículo la defensa de los derechos humanos, presidió la Comisión de Derechos Humanos de la Constituyente para la elaboración de la nueva carta magna bolivariana y a quien tantas veces oí reclamar por la libertad de inocentes y condenados en esos años que los chavistas llaman la cuarta república– esta situación no es tortura. Quizá porque no hay evidencia de morados o golpes, ni carne ensangrentada –al rojo vivo– donde antes, alguna vez, hubo uñas; quizá porque tampoco lucen huellas de grilletes ajustados en tobillos y muñecas. Tarek se escuda aludiendo a sus apenas cinco meses en el cargo; argumenta que ya asignó a una fiscal que visita, con alguna frecuencia, a Lorent, Gerardo y Gabriel. Argumenta que lo que hasta ahora han detectado es el retraso procesal, muy ligado a esas aberraciones legales y jurídicas, que nada tiene que ver con las condiciones abyectas en las que mantienen a estos tres jóvenes encerrados. Por eso, para él, los sótanos del Sebin de Plaza Venezuela no pueden calificarse como tortura, mucho menos decir que quienes allí permanecen, sepultados en vida, están siendo torturados.

Y me voy a permitir transcribir un extracto del excelente artículo que recientemente escribiera mi amiga Adriana Vigilanza: “Con Gerardo están Lorent Saleh y Gabriel Valles. Detenidos en diferentes circunstancias. Los únicos que pueden visitarlos son sus padres. No tienen teléfono, ni TV, ni libros. ‘La  Tumba’, su lugar de reclusión,  consta de celdas asiladas que miden 2 x 3 metros cada una. Están todas pintadas de blanco. Están allí, enterrados vivos, víctimas de lo que la ONG Justicia y Proceso Venezuela, dirigida por la Dra. Theresly Malavé, quien fue la primera en echarse al hombro el dar a conocer este horror y quien también fue abogado de los comisarios Lázaro Forero y Henry Vivas, más 8 policías metropolitanos (sentenciados todos por orden de Chávez, junto con Iván Simonovis, según una confesión libre que hizo en Costa Rica el presidente de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, Aponte Aponte, firmante de esa condena), nos explica que se denomina ‘aislamiento celular’, tortura psicológica grave. ‘Pretenden enloquecerlos’. ¿Para qué?…Según gritó a viva voz  Lorent Saleh, en los pasillos de los tribunales, de vez en cuando los visita una fiscal del Ministerio Público. Ella les transmite ciertas exigencias que hacen ‘desde arriba’. Los quieren acusando a Leopoldo López, a María Corina Machado, a Antonio Ledezma, entre otros, de ser parte de un plan conspirativo contra el régimen. Los jóvenes insisten en que eso es falso. Se niegan a mentir y, por eso, los torturan. Mientras, el juez de su causa, Miguel Graterol, al verlos en diciembre, se quejó porque ante la explosión de rabia e indignación que Lorent sintió en su presencia, no pudo ‘desearle feliz año”.

Conozco a Adriana Vigilanza y también a Theresly Malavé y, de ambas, siempre he admirado el temple y la pasión con la que defienden una causa. Y el miedo, aunque no dudo lo hayan sentido, no las ha frenado jamás para hacer una denuncia. Se llama aislamiento celular lo que le están aplicando a Lorent, Gerardo y Gabriel, y eso, Tarek, es una tortura. Pero quisiera concederle el beneficio de la duda al recién estrenado defensor. Quiero apelar a su trayectoria en pro de los derechos humanos. Apelar a su memoria y al recuerdo de esos días cuando iba de periódico en periódico, de canal de TV en canal de TV, de emisora en emisora, cargado de denuncias y poemas, pidiendo una oportunidad para ser la voz de las víctimas de aquel entonces. Recordarle esos días en los que la vida de la gente valía más que una militancia partidista o la devoción a un líder. Prevenirlo, porque en regímenes como el actual, es muy fácil terminar siendo cómplices de una sanguinaria ideología… ¡Mucho cuidado! porque tortura se escribe con T de Tarek.

El abecé de esta revolución ha sido hasta ahora la mentira, la polarización y la fractura. Y Chávez supo hacerlo. Supo dividir, mentir y polarizar para aferrarse al poder cual mago perverso. Hoy se sienten las secuelas y perduran estas prácticas. Y para luchar contra estas artimañas fue que salió un contingente de jóvenes de nuestro país. Y a un año de ese triste Día de la Juventud, que desencadenó una ola de marchas, protestas y muertes, no logro sino pensar en esos muchachos que salieron con la única ilusión de ser promotores de un cambio y trazar la ruta hacia un país mejor; pero que jamás regresaron a sus hogares. La muerte o la cárcel –con su tortura– fue lo único que encontraron.