• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

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Damos pena

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Recientemente, tuve la oportunidad de conocer los informes que publican el Instituto Legatum y la Fundación Konrad Adenauer. Ambos estudios se encargan de decirnos, de manera seria, formal y académica, lo que todos los venezolanos sabemos: el país está muy mal. Venezuela ha descendido en ambos rankings a niveles que dan  vergüenza. Como imaginarán, estamos ubicados en las últimas posiciones. Si bien cada uno de estos informes estudian variables distintas, al final ambos revelan las consecuencias de llevar muchos años aplicando políticas erradas y modelos económicos fracasados.

En el caso del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina 2015, del Konrad Adenauer, el grupo se encargó de analizar, medir y evaluar, comparativamente, el desempeño del desarrollo democrático en dieciocho países de Latinoamérica, con la finalidad de resaltar “los caminos virtuosos de la democracia regional”, como reseñan en su introducción. La evaluación se centró en cinco dimensiones, claramente establecidas, las cuales me permito transcribir para que se hagan una mejor idea de los puntos en los que salimos raspados:

 

Dimensión I. «Democracia de los ciudadanos». Evalúa el respeto de los derechos políticos y las libertades civiles.

Dimensión II. «Democracia de las instituciones». Mide la calidad institucional y la eficiencia del sistema político.

Dimensión III. «Democracia social y humana». Analiza la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren bienestar y desarrollo humano.

Dimensión IV. «Democracia económica». Pondera la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren eficiencia económica.

 

Luego de leer estas categorías ¿no es obvio suponer que quedaríamos muy mal parados? Porque si lo que estaba en evaluación era la democracia, desde hace rato Venezuela emprendió el camino contrario. De las dieciochos naciones latinoamericanas analizadas, nosotros nos disputamos a mordiscos los últimos lugares con Nicaragua.

Me llamó poderosamente la atención que la gente del Konrad Adenauer señala que, en esta edición, hubo una recuperación de 5,7% en el promedio regional, lo cual detuvo el proceso de deterioro que se venía registrando desde el año 2009. Pero, que solo ocho países mejoraron su posición en este ranking regional; tres mantuvieron la misma posición que tenían en 2014 y siete descendieron. ¿Adivinan qué países están entre los que descendieron?

En líneas generales, entre las naciones que lideran la lista están Uruguay, Costa Rica, Chile, Panamá y Perú, en ese orden. Mientras que Nicaragua, Venezuela y Guatemala obtuvieron las peores puntuaciones de la región; incluso, hacen la acotación de que tanto Nicaragua como Venezuela registraron las caídas más importantes respecto de 2014. Estamos en la posición 17. Y 18 países fueron objeto de este estudio…hagan ustedes sus propias interpretaciones.

Si nos detenemos en la dimensión que midió la gestión democrática en relación con el desarrollo económico, ocho países mejoraron su posición en el ranking regional, con el liderazgo de Uruguay, Panamá, México, Chile, Perú y Colombia, países que se abocaron a la tarea de encabezar el ordenamiento, demostrando un alto desarrollo. Por el contrario, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala ocupan los últimos lugares este año, con un nivel de desarrollo mínimo. Me atrevería a asegurar que, en nuestro caso, el empeño por mejorar en este aspecto, fue casi nulo.

Y es en este punto donde quiero enlazar con el otro informe: con el del Instituto Legatum, organización que se encargó de evaluar la prosperidad en 142 países y analizar la calidad de vida de los ciudadanos de distintos lugares del mundo. Pues, permítanme comentarles que aquí no salimos mucho mejor, aun cuando fuimos comparados con muchas más naciones. Estamos ocupando la posición 105 según el índice general. Y no es consuelo pensar que por debajo de nosotros están otros que salieron mucho peor; porque si vemos con quienes compartimos los últimos puestos, encontraremos países tradicionalmente muy pobres, sin los recursos que tiene Venezuela y gobernados por los tiranos de siempre, esos a los que cada vez más se parecen los nuestros. Somos el único país latinoamericano que ocupa una posición tan deshonrosa.

En este ranking incluyeron las mismas variables que intervienen todos los años: economía, gobernanza, educación, salud, seguridad, libertad personal, capital social, emprendimiento y oportunidad. Y al observar las posiciones que ocupamos según cada una de estas variables, solo educación nos ubica en la posición 56; mientras que, al evaluar la libertad personal, descendemos hasta el puesto 132. Otro dato que llamó mi atención, a pesar de que pensé que ocuparíamos la última casilla, es que en materia de seguridad estamos ocupando el renglón 108…pero recuerden que estudiaron a 142 naciones.

Como deben imaginar, revisar estos informes me remueve la tristeza. Venezuela da pena. Por más que me empeño no encuentro, en estos momentos, nada de lo que pueda sentirme orgulloso de mi país. Era lógico suponer que saldríamos “ponchados” en estas evaluaciones; pero leerlo me llena de vergüenza. Los que permanecemos en Venezuela somos testigos permanentes de cómo aumenta la pobreza. De cómo, en las noches, las calles quedan desiertas por miedo a morir en ellas. Podemos dar fe del abuso e impunidad con las que actúan las autoridades. Vemos con horror cómo la corrupción y el narcotráfico se desbordan, los dineros públicos se despilfarran, las reservas internacionales desaparecen, los mandatos de la Constitución se incumplen y el nepotismo reina en las instituciones del Estado. Descendemos, estrepitosamente, hacia los lugares más deshonrosos de todos los rankings, y lo peor es que no vemos intenciones en nuestros mandatarios de aplicar los correctivos para que esta tendencia se revierta.

 

mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1