• Caracas (Venezuela)

José Domingo Blanco

Al instante

Ceguera ideológica

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La salud en Venezuela está en terapia intensiva. Es un paciente terminal que apenas respira. Se desvanece y deteriora con cada médico que decide irse del país porque aquí no tiene oportunidades –por supuesto que hablo de los médicos bien preparados, no de los integrales, esos galenos de pacotilla que gradúa el gobierno en tiempo récord–. O porque han sido víctimas del hampa, durante sus guardias en los hospitales. ¿Cuántos casos conocemos de doctores que son amenazados de muerte por los miembros de la banda si no salvan la vida del malandro baleado que le llevan a la emergencia? Irónico ¿no? Ante esas amenazas no hay juramento hipocrático que los aferre a Venezuela. Y si, además, a eso le sumamos la falta de insumos, de camas, de equipos, de medicinas, de vacunas y de un sinfín de condiciones mínimas para garantizar la atención médica, la situación pasa de drama puntual a tragedia nacional.

Esta semana, las advertencias y llamados que han hecho los distintos gremios y las federaciones vinculadas a esta área han sido alarmantes. Pero el gobierno actúa con la ceguera ideológica que le ha caracterizado. Se requieren acciones inmediatas, las que un médico aplicaría a un paciente terminal que llega a terapia intensiva. Y, por el contrario, ¿qué hace Maduro? Nombra un nuevo ministro, que al igual que los anteriores viene cargado de ideas, pero no de soluciones. Incluso, algunas de sus propuestas me parecen hasta un chiste de muy mal gusto, en especial en un país donde no se consigue ni una simple pastilla de acetaminofén. Leí en un periódico, de estos gobierneros que el señor Ventura propone crear un nuevo sistema para que la población de escasos recursos se registre y solicite sus medicamentos por Internet, para que les llegue a su dispensario más cercano y así saltarse a “las grandes cadenas especuladoras” –las cuales, a juicio de estos trasnochados, son las que provocan la guerra económica, esa que ellos se inventaron–. La verdad es que, cuando leo este tipo de cosas, pongo en duda que soy habitante del mismo país donde este señor, y todos los que nos desgobiernan viven. Los problemas de la salud y el desabastecimiento de medicamentos en Venezuela no se resuelven haciendo que las personas de escasos recursos soliciten sus medicinas por Internet. ¡Aquí faltan divisas –que se las han robado– y mucha voluntad para hacer las cosas bien, en aras de los demás, con el presupuesto asignado! No necesitamos ideas muy buenas para países desarrollados, necesitamos soluciones inmediatas para detener la mortalidad que se nos avecina.

El doctor José Olivares, médico oncólogo residente del Hospital Clínico Universitario, me dijo una frase contundente que resume la situación: “El cáncer no puede esperar por Simadi, Sicad o Maduro”. ¡Y tiene razón! Lo he dicho y repetido en muchas ocasiones: Chávez, a quien tanto veneran Maduro y su combo, murió de cáncer, el tratamiento lo recibía en Cuba –vergonzoso, si me permiten acotar–. Él, Maduro, en honor a su Comandante Eterno, debería emprender una cruzada por una Venezuela libre de cáncer. ¡Que ni un solo venezolano más muera víctima de esta u otra enfermedad! Pero, nada. Nuestras cifras y el pronóstico son alarmantes. Lo explica muy bien el reportaje de The Wall Street Journal para el cual se entrevistó a más de 100 doctores, pacientes, personal de la industria médica y exfuncionarios del Ministerio de Salud con el que trazaron el dramático panorama.

A esto vamos a sumarle estas otras “perlitas” publicadas recientemente en la prensa nacional:

“La producción de medicinas genéricas, a cargo del Servicio de Elaboraciones Farmacéuticas (Sefar) del Ministerio de Salud, ha disminuido desde 2011. En los últimos 5 años no se han cumplido las metas de elaboración fijadas para la planta, ubicada en Las Adjuntas. La Memoria y Cuenta de 2014 del Ministerio de Salud revela que solo se fabricaron 8.035.701 de unidades de fármacos, pese a que la meta era de 18.730.000 unidades”.

Otra: “Carlos Walter, director del Centro de Estudios para el Desarrollo, señaló que la merma en la producción y en la distribución de los fármacos explica parte de la escasez de medicamentos que, de acuerdo con las cifras de la Federación Farmacéutica Venezolana, ronda 70%”.

Esta otra: “El presidente de la Federación Médica Venezolana, Douglas León Natera, aseguró que unos 13.000 médicos han emigrado en los últimos años y alertó que ‘la crisis’ en el sector registra una ‘tendencia de ir agravándose paulatinamente”.
Una más… “El presidente de la Federación Médica Venezolana apuntó a una supuesta ‘gran crisis epidemiológica” sobre la cual aseguró que “el Gobierno ni siquiera da información”. Aludió con ello a que los venezolanos no saben “lo que está pasando con la malaria, la chikunguña, el dengue, la tuberculosis”, así como sobre una “gran cantidad de enfermedades que reaparecieron”.

Aquí les dejo esta: “Medicamentos, desde aspirinas a antibióticos y desde insulina a anestésicos, son escasos. Todo tipo de equipos –máquinas de rayos X, escáneres de ultrasonido y desfibriladores– suelen estar fuera de servicio por la falta de partes para repararlos”. Y esta última: “The Wall Street Journal indica que de las 45.000 camas en los hospitales públicos de Venezuela, solo 16.300 están en condiciones de servicio. Los hospitales privados, con otras 8.000 camas, han ayudado a las desbordadas instalaciones públicas, pero también tienen problemas”.

Razón tiene el doctor Huniades Urbina, a quien entrevisté este jueves a propósito de todas estas denuncias: “Aquí hay mucho corazón opositor; pero, la mayoría, tiene bolsillo chavista”, frase que, me comentó, le escuchó a Enrique Tejera París. Yo solo puedo agregar… “la ceguera biológica, no te deja ver. La ceguera ideológica, te impide pensar”.

 mingo.blanco@gmail.com

@mingo_1