• Caracas (Venezuela)

Jorge Vargas

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Jorge Vargas

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Una cueva en Argentina es un sitio donde se cambian dólares en el mercado informal a mejor precio y sin arriesgarse a que le metan a uno billetes falsos o le peguen un palo. Hay miles de ellas en todo el extenso territorio de ese país. Para llegar a una cueva se necesita que un conocido lo lleve a un edificio, toque el timbre, se identifique, suba con uno, pasemos por una nueva puerta, un nuevo control y lleguemos a unas oficinas generalmente desnudas de cualquier adorno, como para salir corriendo en cualquier momento. Entonces, un tipo recibe los dólares, desaparece y al rato vuelve con los pesos. Chau y adiós, y, si te vi, no me acuerdo.


En las cuevas también hay compraventas de otras cosas, “todo trucho”, como dicen por aquí, pero es mejor no preguntar. En teoría ilegales, son ampliamente toleradas por medio de una red de contactos que las afincan firme en el mundo político. Resumen muy bien la situación en esta Argentina que, cada diez años, se funde en agudas crisis económicas y en la que la democracia no logró erradicar el corporativismo y clientelismo, y, por el contrario, ha sido tomada por estas redes. Un país que experimenta, de manera sucesiva y reiterada, con el neoliberalismo excesivo y con el intervencionismo estatal, extremos que siempre terminan beneficiando a los enchufados del poder de ocasión: si es Menem, los amigos de Menem; si son los “K”, pues los amigos K. Argentina es un buen caso de estudio para Costa Rica: la verticalidad del poder, la devaluación de las ideologías y la inmanencia del corporativismo.

Cruzo el río de la Plata al Uruguay, un país cuyas claves son totalmente distintas. A pesar de compartir la misma matriz cultural, estamos en un país donde las instituciones pesan. Y es curioso: una sociedad tan apegada al gris, económicamente encarrilada, en los últimos años se ha puesto a experimentar con el matrimonio gay, la adopción de niños por parejas de un mismo sexo, el aborto, la despenalización de la marihuana y la minería a cielo abierto. Los anatemas de la política costarricense. Hay uruguayos escandalizados por esto, unos miran de soslayo y otros apoyan, pero nadie siente que el país se esté yendo al cuerno. Van para elecciones nacionales a final de año, los partidos opositores son críticos y el gobernante Frente Amplio tiene un buen chance de seguir. Veremos qué pasa. Mientras Argentina es el país de los bandazos, donde todo cambia para seguir igual, Uruguay es ejemplo de una sociedad más cauta, pero donde los ajustes son consecuentes. Ambas, sin embargo, están atrapadas en la agroexportación para los chinos, una situación de peligrosa dependencia en la que Costa Rica no puede darse el lujo de caer.