• Caracas (Venezuela)

Jorge Pabón Raydan

Al instante

La salida constituyente

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Se ha puesto nuevamente en el tapete la figura de la Asamblea Nacional Constituyente; antes la impulsaba la MUD, hoy la propugna Voluntad Popular como salida a la crisis política, económica y social a la que no le ven salida clara los dirigentes de la oposición. En tales circunstancias, vale la pena dedicarle nuevamente unas líneas a esta figura jurídica que se encuentra constitucionalizada.

La Constitución establece que el pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario y que en ejercicio de dicho poder puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución. De inmediato, se contradice al indicar que no solo el pueblo puede convocarla, sino también el presidente de la República, la Asamblea Nacional y los concejos municipales. Esta contradicción cambia el sentido de la Constitución a tal punto que la hace en la práctica de uso exclusivo del presidente, quien la puede impulsar con gran facilidad en contraposición a los otros convocantes.

La constituyente sirve para redactar una nueva Constitución y según el propio texto constitucional para transformar el Estado, lo que puede hacer sin que para ello exista limitación teórica. Ni el pueblo, salvo el derecho a la resistencia, puede objetar sus decisiones. Ni siquiera se somete a referéndum. Como vemos, la constituyente es sinónimo de dictadura e implica el cese de los otros artículos constitucionales.

El presidente de la República puede convocarla y establecer a su antojo las bases comiciales. En el caso de la Asamblea Nacional tienen que aprobar la iniciativa las tres cuartas partes de sus miembros, los concejos municipales reunidos en cabildo mediante el voto de sus dos terceras partes, y 15% de los electores.

Si en la Asamblea Nacional la oposición tuviera las dos terceras partes de sus integrantes a su favor, no habría necesidad de que convocara una constituyente para hacer los cambios que pretende. La reunión en cabildo de las dos terceras partes de los concejos municipales es de tal dificultad que hace prácticamente imposible su realización.

En lo que se refiere a la iniciativa popular que es hacia donde se dirigen los de oposición que son partidarios de convocarla, vale la pena examinar sus posibilidades.

De acuerdo con la actualización del registro electoral para febrero de este año el número de electores es de 19.260.775, según cifras dadas por el CNE. Si asumimos que para la fecha de la convocatoria la cifra llega a los 20.000.000 serían necesarias 3.000.000 de manifestaciones de voluntad para iniciar el proceso constituyente. Para los referendos revocatorios las firmas se recogen  en horarios de  8:00 a 12:00  y de 1:00 a 4:00, sin prórroga excepto el último día en los lugares específicos donde exista cola al cierre, hay que colocar la huella dactilar y firmar delante de los funcionarios del CNE. Seguramente estas normas se aplicarán también para recabar las firmas para iniciar el proceso constituyente ¿quién lo impediría? ¿El TSJ? Además, habría que agregar el recuerdo de la lista Tascón con todas sus consecuencias, los “colectivos de paz”, “los camisas negras o pardas” del régimen especialmente adiestrados para el conflicto y para matar si es “necesario”, la pérdida de beneficios en contratos y misiones para los firmantes y sus familiares, las amenazas de que los boten de sus empleos, etc. Además, el presidente puede convocarla sin impedimento alguno aduciendo que es una salida constitucional para solventar la crisis. Si por casualidad o por cosas inesperadas del destino pudiera convocarse por iniciativa popular la constituyente, entonces esta no sería necesaria para salir del régimen ya que antes se presentaría una explosión popular o un golpe de Estado.

De manera que hay que dejarse de ilusiones y no plantearle al país cosas irrealizables aunque se crea que ellas pueden ayudar a movilizar a la gente para acabar con el régimen. Cabe concluir que esa no es la salida y que más bien puede ayudar al régimen a que se perpetúe en el poder; los decretos del presidente Obama, la presencia del papa Francisco en el Vaticano y el cambio positivo en favor de la democracia que se viene dando en América, sobre todo por la crisis que se vive en Brasil, Argentina y Chile porque los socialistas del siglo XXI están embarrados hasta los tuétanos de estiércol, no son suficientes para que la dirigencia opositora se dé el lujo de improvisar.