• Caracas (Venezuela)

Jorge Pabón Raydan

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La hora de la autonomía universitaria

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Me refiero en este artículo a la autonomía universitaria, que hoy más que nunca está siendo acosada con saña por el régimen. Lo hago como egresado y profesor de la UCV, y, sobre todo, por el vil atropello al que está siendo sometida, violentando groseramente el contenido y el espíritu de la Constitución de la República que en su artículo 109, dice:

“El Estado reconocerá la autonomía universitaria como principio de jerarquía que permite a profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas de su comunidad dedicarse a (…) Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administración eficiente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la autonomía universitaria para planificar, organizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, docencia y extensión”.

Cuando la Constitución dice que el Estado reconocerá la autonomía universitaria como principio de jerarquía expresa categóricamente que las universidades autónomas son las que determinan lo que se debe hacer en las materias que le corresponden, a saber: normas de gobierno y funcionamiento; es decir, que hacen sus propias leyes en estos asuntos. También le corresponde la administración eficiente de su patrimonio, pero en este supuesto sí están sometidas a lo que determine la ley, tal como lo dispone expresamente el artículo citado. Obsérvese que las normas de gobierno y funcionamiento no se rigen por ninguna ley, sino por las normas que la universidad autónoma determine.

En cuanto a la administración eficiente de su patrimonio, las universidades están sometidas al control de la ley y a los órganos contralores correspondientes. Por ejemplo, la Contraloría General de la República puede y debe controlar el manejo presupuestario de las universidades en aquello que la ley se lo permita, y las universidades autónomas obligadas a acatar sus directrices, estos controles son totalmente necesarios y en beneficio de la propia universidad. Lo que no puede hacer el Estado es acusar a diestra y siniestra de supuestas irregularidades administrativas a las autoridades universitarias

En relación con el ingreso de sus estudiantes nada tienen que ver con ello la Asamblea Nacional que está impedida de aprobar leyes para regular esa materia en las universidades autónomas y, mucho menos, los ministros, pues la Constitución les creó una interdicción legal sobre esos  asuntos. No puede el ministro de Educación Superior arrogarse esa competencia porque, jerárquicamente, en esas materias, las autoridades de las universidades autónomas se encuentran por encima de él y del Consejo Nacional de Universidades.

Las autoridades universitarias no pueden ceder ante la arremetida totalitaria del régimen, llamando al diálogo cuando este pretende arrebatarles la competencia que les ha otorgado la Constitución. Vale recordar al ilustre rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno, que cuando allanaban la universidad los militares fascistas de Francisco Franco, dirigidos por Millán Astray, valientemente dijo: “Venceréis pero no convenceréis”.

Todos los universitarios tenemos la obligación de defender la autonomía universitaria y más aún sus autoridades, con ello nos oponemos a un régimen totalitario que siempre ha pisoteado las universidades autónomas ya que atentan contra su proyecto político. Esto no es nada nuevo, el acoso presupuestario es palpable, los sueldos de los profesores dan pena. Por cierto, hay un ministro que dice que un médico debe ganar lo mismo que gana una persona que tiene el oficio de barrendero, con lo cual no solo desprecia la profesión médica sino también los estudios universitarios, aunque seguramente las cuentas bancarias de los ministros están repletas de dólares y la de los obreros son escuálidas hasta en bolívares.

Uno se pregunta: ¿qué estamos haciendo contra este régimen que está acabando con la libertad de los venezolanos, lo que es contrario a nuestros principios y valores?

Los gremios auténticos de las universidades, también acosados por el régimen, deben llamarnos permanentemente a protestar en la calle. Los colectivos no pueden “pacificarnos” impunemente, ya pasaron los tiempos en que Raúl Castro despotricaba contra el “imperio”. Los represores del régimen están asustados por las medidas contra siete de ellos, Hugo Chávez está fuera de combate y sus pupilos peleándose a cuchillo entre ellos, desesperados por mantenerse en el poder y libres de la justicia internacional. Sus viejos aliados en Argentina, Brasil y Chile solo tienen una mínima capacidad de reacción externa, pues la corrupción carcome sus vidas políticas y están a punto de ser arrastrados por la marea popular.

Sobre los estudiantes solo cantaré con Soledad Bravo: “Que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan, de animal ni  policía. Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría, caramba y zamba la cosa que viva la autonomía”.

Entonces, universitarios, qué nos pasa, digamos emocionados con Luis Pastori y Tomás Alfaro Calatrava: “Esta casa que vence las sombras con su lumbre de fiel claridad, hoy se pone su traje de moza y se adorna con brisa de mar”.

Quisiera concluir con este poema recitado por Beatriz I, reina de los estudiantes del 28, que simboliza la lucha eterna de los universitarios por la libertad y la justicia, y que en reto a la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez en la plaza Bolívar, ante la estatua del Libertador, exclamó:

“Aquí vengo aunque te asombres,

sin espada y sin escudo,

alta la frente y la rodilla en tierra,

oh genio de la paz dios de la guerra,

por mi patria y por mí yo te saludo,

he venido a pedirte aunque te asombres,

que redimas tu patria esclavizada,

los hombres lloran porque no son hombres,                          

y no son hombres porque no hacen nada”.

(Cito de memoria).