• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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La tentación independiente

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La eclosión de un inmenso número de candidaturas sin partido para las elecciones de junio de este año es a la vez sorprendente y engañosa. Sorprendente porque parece que a pesar de las bajas probabilidades de ganar que se evidenciaron el año pasado –a pesar de las consabidas victorias emblemáticas– incontables candidatos y candidatas a gubernaturas, legislaturas estatales, presidencias municipales y regidurías han presentado los documentos necesarios y se han lanzado a la búsqueda de firmas. Engañosa, porque debido a las llamadas “leyes anti-Bronco” y las condiciones en general leoninas exigidas para aparecer en la boleta, una buena parte de los aspirantes no llegarán a esta última.

Es un hecho que muchas de dichas candidaturas son “topos” o “submarinos” o “paleros”: aspirantes despachados por uno u otro partido para socavar la postulación de otro partido dividiendo el voto. Asimismo, en algunas ocasiones las firmas las consigue, justamente, el partido padrino, o la autoridad saliente. Por lo tanto, algunas candidaturas que logren figurar en la boleta tampoco serán “auténticas”: el número real será aún menor que el que aparezca en las estadísticas electorales. Que por cierto resultaría aleccionador cuántos intentos habrá en las entidades donde se celebran comicios este año, cuántos prosperan en por lo menos llegar a la boleta, y cuántos desembocan en un triunfo electoral, todo ello en comparación con 2015.

Por esto resulta muy tentador apoyar las candidaturas independientes más competitivas y llamativas, tanto para quienes han claramente manifestado su intención de contender en 2018, como para quienes hemos luchado por este mecanismo desde hace más de 10 años. Una tasa de éxito en las firmas y en los comicios como tales fortalecerá la marca en 2018; un resultado mediocre, la debilita. Pero el trabajo a favor de las nuevas candidaturas, en algunas ocasiones, puede perjudicar a las que ya vencieron en 2015: ver el caso del Bronco en Nuevo León, cuya tarea de gobierno es en efecto de tiempo completo.

Por ello conviene reflexionar cada  vez más sobre la naturaleza imperativa y deseable de organizar el proceso del 18: una agenda para todos los independientes que contiendan; una asamblea o incubadora de independientes para procesar las aspiraciones y dirimir las rivalidades; y al final, una candidatura única para cada uno de los cargos electorales más importantes. Es la lógica del nuevo librito o panfleto que publiqué la semana pasada, que empecé a promover en varias plazas, y que presenté este miércoles en el Club de Industriales con Héctor Aguilar Camín, Juan Ramón de la Fuente y Leo Zuckermann.