• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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Soberanías compartidas

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Mientras que en América Latina y en México se siguen evocando trasnochadas versiones de no intervención, soberanía, y no opinar ni influir en lo que sucede en otros países, en Europa, en Medio Oriente y en Estados Unidos pasan a primera plana los ejemplos de soberanía compartida y de una creciente globalización de la política. Dos ejemplos ilustran esta tendencia: el viaje de Benjamín Netanyahu a Washington el 3 de marzo, y las negociaciones entre la Unión Europea y el nuevo gobierno griego encabezado por Alexis Tsipras.

Desde su creación, Israel ha actuado políticamente dentro de Estados Unidos, tratando siempre de lograr el mayor apoyo con las menores condiciones posibles. A su vez, Washington, desde 1948, busca apoyar a una u otra postura en Tel Aviv y luego Jerusalén, en relación con el resto de la región: la guerra del 67, la del 73, los acuerdos de Camp David en 79, y el último intento por encontrar una solución al conflicto con Palestina en el año 2000. Ahora Netanyahu viaja a Washington con el claro propósito de influir en el Congreso norteamericano contra la voluntad de Barack Obama en lo que se refiere a las negociaciones con Irán. Aunque Obama no lo haya invitado y no quiere que vaya, en principio porque su viaje se acerca demasiado a las próximas elecciones en Israel, dentro de dos semanas, en realidad lo que Netanyahu quiere hacer es voltear al Congreso norteamericano contra el posible acuerdo con el régimen iraní sobre su enriquecimiento de uranio. Las relaciones entre ambos gobiernos se han deteriorado como nunca, pero eso no quita que ambos busquen influir en la política interna del otro, y aunque haya límites a lo que cada uno puede aceptar, el principio ha sido tolerado por ambos desde hace 60 años.

En el caso de Grecia el asunto es aún más interesante. Tsipras hizo campaña denunciando los acuerdos del gobierno griego anterior con la Unión Europea para mantenerse dentro del euro y e imponer una política de austeridad a la alemana. Una vez que ganó, hizo lo posible por cumplir sus promesas, hasta que se topó con la resistencia de hierro de la canciller Merkel, que le dijo en pocas palabras: Tu país, no tu gobierno, firmó un acuerdo con la UE; ahora lo cumplen o se van. Tsipras no tuvo más remedio que aceptar: primero para prolongar el rescate europeo durante cuatro meses, a cambio de más austeridad, y luego para prolongarlo indefinidamente, a cambio de mantenerse dentro del euro. Como dijo el ministro de finanzas alemán: los griegos votaron de una manera, pero los europeos votaron antes de otra manera, y los griegos lo aceptaron.

En suma, la política económica, la política nuclear, la política militar, de países tan importantes como Estados Unidos, Israel, Alemania, Grecia, España, Portugal y Francia, no son ya el coto de caza de las soberanías nacionales individuales. Esto que ya era cierto con las economías, ahora lo es también para estos otros ámbitos de la vida pública. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo entenderlo, tanto en México como en América Latina?