• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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Jorge Castañeda

Mal con Cuba, ¿y con Calderón?

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Terminó el primer encuentro entre funcionarios de Estados Unidos y Cuba. Desde las negociaciones de Rick Nuccio con Ricardo Alarcón en 1994 sobre la crisis de los balseros no hubo más que reuniones técnicas. Sirvió para avanzar en el restablecimiento de relaciones diplomáticas y para poner de relieve las diferencias entre ambos gobiernos. Sobre todo, confirmaron rasgos conocidos del comportamiento de los cubanos.

Lo aclaré en Amarres perros: uno no se pelea con los cubanos, ellos se pelean con uno. Se molestó La Habana con la subsecretaria de Estados Unidos, Roberta Jacobson, por haberse reunido con los disidentes en La Habana. Más se molestaron con el senador Patrick Leahy, el artífice del deshielo entre los dos países, quien también se reunió con ellos y Raúl Castro no lo recibió.

Pero por muy molestas que estuvieran las autoridades castristas, no pudieron hacer nada al respecto. Jacobson, como la secretaria de relaciones de Zedillo, Vicente Fox y otros mandatarios en distintos momentos, se reunió con los disidentes y no pasó nada. Los cubanos decidieron enojarse, pero no pelearse. Esto demuestra la ingenuidad de la postura de Felipe Calderón y Peña Nieto, que no se atrevieron a hacer lo que sus predecesores sí. México se rezagó ante el “imperio” y Obama, y a los cubanos, que tuvieron que apechugar. Conviene ceñirse a los valores propios, no a un coyunturalismo excesivo y una preocupación exagerada por las consecuencias políticas internas, y todo disfrazado de un principismo pueril.

La regla de quienes se pelean sí se aplica al caso de Nicolás Maduro de Venezuela en relación con Felipe Calderón. Después de seis años de negarse a opinar, criticar o responder a las provocaciones de Hugo Chávez, a las expropiaciones sin compensación de empresas mexicanas, al secuestro en dos ocasiones del embajador de México en Caracas, ha decidido apoyar a la oposición venezolana viajando a Caracas. Ha colocado al gobierno de EPN en una situación delicada. Pocos criticarán más a Calderón que yo por su absurda y sangrienta guerra optativa contra el narco. Pero después de los improperios vertidos por Maduro en relación con Calderón, el gobierno mexicano debe defender la integridad de un ex presidente y su derecho de viajar a donde sea y para lo que sea, dentro de la ley, sin ser ofendido por un mandatario de otro país. Los insultos de Maduro a Calderón deben ofender a todos los mexicanos, porque es un ex presidente mexicano electo democráticamente. Nos caiga bien o mal.