• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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Impunidad y…refinería

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La Secretaría de Energía ya dio por cancelado el proyecto de construcción de una nueva refinería de Pemex en Hidalgo. Aunque esto se intuía desde hace tiempo, ahora es una decisión final. Ayer, Reforma publicó que se gastaron 3 mil 435 millones de pesos, de 5 años para acá, en estudios de ingeniería, compras de terrenos, etc., de la refinería, es decir, entre 250 y 300 millones de dólares. A cambio, nada.

Como éste caso, hay muchos en la historia reciente de México. Quizás la diferencia reside en que nadie va a resultar responsable de tirar casi 300 millones de dólares a la basura, y de haber perdido 5 años para atender un problema real: que importemos en México más de la mitad de nuestro consumo de gasolina y diesel. Al igual que con los muertos y desaparecidos del sexenio pasado, no parece haber ninguna disposición del gobierno actual de investigar y, en su caso, imputarle responsabilidad de algún tipo a alguien por este cataclismo energético.

El asunto comienza el 18 de marzo del 2008, después de que Pemex había contemplado un proceso de reconfiguración en las refinerías de Tula y Salamanca, más no una nueva refinería. Felipe Calderón instruye al director de Pemex de entonces, sin haberle dicho “agua va”, que inicie con la construcción de una refinería. Acatando esa instrucción Pemex empieza con Calderón parece inclinarse por Guanajuato.

En septiembre de 2009, se produce un relevo en Pemex y la nueva administración en los hechos, empieza a alargar el proceso. El nuevo director en varias ocasiones filtra o insinúa que por la cantidad de dinero prevista, entre 10 y 12.000 millones de dólares, se puede incluso comprar una refinería o una empresa entera con varias refinerías en EU. Los trabajos de compra de terreno y de ingeniería proceden más lentamente de lo previsto, tal vez por la proverbial incapacidad de gestión de proyectos en México, tal vez por falta de voluntad del nuevo equipo en Pemex, tal vez porque el propio Calderón empieza a tener dudas. Se llega al 1° de diciembre de 2012 con los trabajos apenas iniciados, con una gran cantidad de dinero ya gastado y con la decisión en limbo, en vista del tiempo transcurrido, del costo reestimado y de las posibles alternativas que Pemex tendría conforme cambian las circunstancias.

En efecto, las condiciones del mercado mundial de crudo, de refinados, de diesel, de capacidad instalada de refinación en EU, de consumo de gasolina del país, y de la nueva reforma energética, son muy distintas a las de 2008 y 2009. Es posible que hoy, con esos cambios, y sin haber avanzado realmente en la construcción de la refinería, esta no sea la solución idónea, o lo fue hace 5 años, o muchas de las críticas que se hicieron entonces eran válidas. Lo imperdonable es haber desperdiciado 5 años y 300 millones de dólares, y no haber hecho otra cosa durante este tiempo, para atender el reto enorme del país: el desfase entre la oferta interna de gasolina y diesel y la creciente demanda interna.

Alguien es responsable de todo esto. O bien fue el presidente Calderón, al decidir algo sin tomar en cuenta todas las consideraciones, y proceder de manera precipitada. O bien fue el primer equipo de Pemex y Energía, que no pudieron disuadirlo de una aberración. O bien fue el segundo equipo de Pemex, que a pesar de la decisión presidencial y de lo que se había ido avanzando, aplicaron una política de brazos caídos, para sabotear la nueva refinería de Tula. O bien el actual equipo de Pemex, que no supo seguir con lo que se había hecho desde el principio, por concentrarse en otras tareas. O finalmente una combinación de todas estas posibilidades.

El problema de fondo, como me lo dijo alguien que sí sabe de estos asuntos, reside en la tremenda dificultad que tenemos en México de gestión de proyectos de gran envergadura, como una refinería, -las últimas refinerías se construyeron a finales de los setenta -  o mañana,  como el nuevo aeropuerto y como muchas otras obras propuestas por este gobierno. Dudo que alguien asuma la responsabilidad de este desastre. Uno más.