• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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Fuerza pública

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El llamado monopolio del uso de la fuerza por parte del estado, se supone que es un atributo fundamental del mismo, por lo menos en tiempos modernos. En términos más coloquiales se trata de la capacidad de reprimir. Para ello son fundamentales varios ingredientes: la legitimidad para usar dicha fuerza, es decir que la sociedad acepte que, en algunas ocasiones y frente a algunos retos, el Estado posee la legitimidad, la autoridad moral-no solo legal, y un grado de consenso suficiente para reprimir a movimientos radicales que interrumpen el orden público, que entorpecen u obstaculizan la comunicación, el buen funcionamiento de la economía, etc.

Pero además de esa legitimidad, el Estado necesariamente debe poseer la capacidad técnica, logística, de inteligencia, y de disposición de recursos para actuar con eficacia. En otras palabras, debe de poder reprimir limpiamente, con violencia sin duda, pero sin muertos y de preferencia sin heridos, y sobre todo sin que la sociedad considere que se utilizó uso excesivo de la fuerza.. La combinación de ambos atributos o capacidades del Estado, es lo que permite ese uso monopólico de la fuerza o esa capacidad de represión.

Es obvio que el Estado mexicano no tiene lo segundo. Nunca lo ha tenido. Por muy buenas razones, que respaldo por completo, desde los años 30, el Estado mexicano no cuenta con un ejército o una marina o una policía federal capaz de reprimir con calidad. No es lo suyo. Enhorabuena. Solo nos faltaba, además de todos nuestros problemas, contar con fuerzas de seguridad tan bien preparadas, armadas, formadas, con tanto espíritu de cuerpo y de orgullo profesional, que en distintos momentos de los últimos momentos de los 50 o 60 años, se hubieran visto tentadas de tomar el poder. En su sabiduría intuitiva, el viejo sistema político del PRI supo siempre mantener divididas, debilitadas, pobres y carentes de una estructura moderna, a las fuerzas de seguridad del país.

Pero, ahora también, no tanto desde el 68 pero seguramente desde el 2001, el Estado parece carecer de la legitimidad social necesaria para reprimir. Hasta donde tengo entendido, Fox se resistió hasta el último momento de su sexenio a usar la fuerza pública en Oaxaca contra la APPO a finales de 2006. Calderón utilizó la fuerza pública en alguna medida contra la Compañía de Luz y Fuerza y el SME, pero nunca más que eso. Y Peña hoy se enfrenta a una situación de desorden en el país que quizás no se había visto en muchos años y ante la cual titubea, en buena medida con razón, en despejar carreteras, bloqueos, etc y reiniciar la guerra del narco donde se había perdido, y en términos muy generales, poner orden.

Cuando se llega a esta situación, no hay buenas salidas. Ninguna solución esta exenta de costos exorbitantes. Por eso, más que pensar en qué debe hacer EPN ante semejante caos que se está apoderando del país, lo importante pareciera ser, diseñar para el próximo sexenio, las medidas que le permitan al Estado mexicano, utilizar su monopolio del uso de la fuerza, con eficacia, con transparencia, de manera expedita y respetuosa de los derechos humanos. La única manera es construir esa policía nacional única. que desde la época de Zedillo, dizque se viene creando, y que al día de hoy sigue siendo totalmente incapaz de sustituir al ejército o a la marina.