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Jorge Castañeda

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Elecciones y escenarios para Peña

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En un mundo ideal, la hoja de ruta del equipo gobernante de aquí al verano parece verosímil. La leve recuperación económica de enero y febrero se acelerará, y para junio estaremos creciendo al 3% o 4%; el peso chicoteará, no a 13 por dólar, pero tal vez a 14. Ayotzinapa quedará atrás, al aceptarse paulatinamente la versión oficial y al desinflarse el movimiento por falta de banderas. Los escándalos de casas, revistas y contratistas perderán fuerza al imponerse las respuestas gubernamentales, y al perder interés una sociedad cínica y desencantada por la corrupción, pero pasiva y resignada ante su inevitabilidad. El caso Aristegui se desvanecerá: un tema laboral “entre particulares”. Las redes sociales y la prensa internacional se aburrirán con el asunto, como les suele suceder con casi todo y la conductora mañanera difícilmente hallará otro espacio.

En estas condiciones, los comicios de junio no constituyen un peligro. Las autoridades saben que el PRI no logrará una mayoría solo, pero con el 30%-32% que le dan las encuestas, y si el PVEM alcanza por lo menos los 7%-8% esperados y Nueva Alianza conserva su registro con 3%, se acercan a los 251 escaños en la Cámara. Un buen resultado, no espectacular, pero que permitirá gobernar durante el segundo trienio.   

¿Y si no? Para un gobierno que sabe ceñirse al guión, pero de gran impericia para enfrentar acontecimientos imprevistos e inepto en sus pronósticos, a lo mejor “la mariée est trop belle”. Que tal si: 1) la economía se vuelve a aletargar, por los recortes del gasto, el precio del petróleo y del dólar, y las tasas de interés de EU; 2) Ayotzinapa sobrevive, en parte por la CIDH y las manifestaciones en el exterior, en parte por la insuficiencia de las respuestas oficiales, o por algún hallazgo; 3) estalla un nuevo escándalo de corrupción en las más altas esferas, extendiéndose desde Las Lomas a la Riviera Nayarit, pasando por Malinalco; 4) el equipo de Aristegui cobra sus liquidaciones y las invierte en un espacio de Internet, quizás en Unotv, cuya campaña de publicidad en el norte, por lo menos, es impresionante; 5) se produce una nueva sorpresa.

En cualquiera de estas hipótesis, la popularidad del presidente se desplomaría aún más, y en algún punto, comenzaría a afectar a su partido. Desde 2006 el piso del PRI se ubica en 25%; el Verde puede derrumbarse por sus transas; sin Elba, Nueva Alianza puede perder el registro. Si la abstención no se dispara gracias a las elecciones concurrentes, se dibuja un escenario de derrota de EPN en su referéndum de verano. En cuyo caso la única salida sería la que insinuó aquí Federico Berrueto: un gobierno de coalición PRI-PAN, que debió haberse formado desde 2012, pero que a estas alturas le pone la mesa a AMLO.