• Caracas (Venezuela)

Jorge Castañeda

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Castro, Kissinger y Angola

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Esta semana fue presentado en Washington un libro de William Leo Grande, profesor de American University, y Peter Kornbluh, del National Security Archive: Back Channel to Cuba (Comunicación confidencial con Cuba: la historia escondida de las negociaciones entre Washington y La Habana). El texto se basa en documentos del gobierno de Washington, durante los 50 años de ausencia de relaciones entre Estados Unidos y la isla.

El texto reviste un gran interés histórico por muchas razones. El tema más comentado por la prensa norteamericana abarca los comentarios y maniobras de Henry Kissinger en 1976, en ese momento secretario de Estado, después de la intervención cubana en Angola, la llamada Operación Carlota. A finales de 1975, Fidel Castro envió más de 20.000 tropas a Angola, para incidir en la guerra civil dentro de ese país a favor de Agostinho Neto, el MPLA, en contra de las otras dos, una apoyada por China, la otra por Suráfrica y la CIA. Las tropas cubanas inclinaron la balanza a favor del MPLA y poco después derrotaron a los otros dos ejércitos y la instalaron en el poder en Luanda.  Permanecieron en Angola un largo rato, y repelieron en el sur del país varias ofensivas surafricanas que procuraban derrocar al gobierno de Neto y después de Dos Santos.

Kissinger es citado en el libro a partir de transcripciones de sus intercambios con el presidente Gerald Ford, a propósito de esta incursión, después de haber intentado el mismo Kissinger, en dos reuniones secretas en enero y en julio de 1975 entre altos funcionarios norteamericanos y cubanos, de normalizar las relaciones entre ambos países. Después de la intervención cubana en África, dice: “Vamos a tener que aplastar (“smash”) a Castro. Probablemente no podamos hacerlo antes de las elecciones (de 1976)”. Ford responde: “Estoy de acuerdo”. En la siguiente conversación, Kissinger vuelve a plantear el tema de la intervención cubana en África y manifiesta su preocupación de que Castro pueda desplegar tropas en otros países de la región: “Creo que en algún momento vamos a tener que humillar a los cubanos; si se meten en Namibia o Rhodesia (ahora Zimbabue), estaría a favor de destrozarlos. Esto desataría muchas protestas, pero vamos a tener que exigir que se salgan de África”. Ford pregunta: “¿Y si no se salen?”, Kissinger responde: “Podríamos establecer un bloqueo marino”. En algún momento Kissinger se enfurece y exclama: “Vamos a tener que destruir al enano (“pipsqueak”) de Castro.”

Todo esto, que no se conocía con este detalle y su prueba, confirma dos sospechas sobre las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Por una parte, Estados Unidos ha intentado repetidamente deshacerse del régimen castrista, desde  Girón, los intentos de asesinato de Fidel, la operación Mongoose de Robert Kennedy, la posibilidad de un nuevo bloqueo por Reagan en 1981-82 y el apretón del embargo por parte de Bush en 2001-2004. Los memoranda, las reuniones y los planes operativos de Kissinger forman parte de esta historia.  También confirman que en esta historia los cubanos han tomado decisiones que no podían provocar más que esta reacción de Estados Unidos, sin que el interés nacional cubano se discerniera con claridad. Nunca se entendió, sobre todo a la luz de lo que sucedería después, qué ganó Cuba con su presencia militar en África, visto el costo humano y financiero exorbitante que entrañó. Sobre todo, nunca se supo qué opinaba el pueblo cubano sobre las acciones de su comandante en Etiopía, Angola y hasta Cuito Canavale, que pusieron en riesgo la supervivencia del régimen (las amenazas de Kissinger solo se desvanecieron en 1977 por la llegada de Carter), y el abastecimiento de alimentos, petróleo, etc.

Ahora que algunos cavernícolas de la clase política mexicana se rasgan las vestiduras porque, con toda razón, Peña Nieto decide participar en las OMP de la ONU sin antes consultar al Senado, se les podría preguntar a esos trogloditas si el pueblo cubano fue consultado sobre el envío de miles de sus mejores hijos a pelear y morir en el corazón de las tinieblas.