• Caracas (Venezuela)

Jonathan Reverón

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Jonathan Reverón

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Me escribo por mensajería instantánea con un amigo, de izquierdas, desde Madrid. Atención:

Mi amigo (MA): —Por cierto, ahora que te tengo, ¿qué sabéis por allí vosotros de Pablo Iglesias?

El Reverón (ER): —Nada, justo acabo de ver una nota del muro de alguien, pero no la he leído.

MA: —Aquí llegaron noticias de que tenía convenios de formación con el gobierno venezolano. Es un iluminado de izquierdas, por aquí ya llegan también. Y ha convencido a muchos ya.

ER: —Podemos se llama un partido que apoya a Chávez.

MA: —Curioso.

ER: —Ismael García se llama el ex presidente y fundador, que ahora hace oposición. Ay, tengan cuidado pequeñines

MA: —Yo no me lo trago.

ER: —Déjà vu.

MA: —Pero de momento sacaron cinco escaños a las europeas.

ER: —What! Y Le Pen en Francia.

MA: —Me dan pavor los iluminados de izquierdas, más que los de derechas (que se les ve venir).

ER: —Ufa!

MA: —Sí, estamos cojonudos en la vieja Europa. Te mando un gran beso, si hay algo más que pueda hacer por ti, no lo dudes.
Al día siguiente:

ER: —Alerta que camina la espada de Bolívar: Mediterráneo Digital: “El gobierno de Venezuela financia con 320.000 euros al año la Fundación Podemos de Pablo Iglesias”. No conozco la fidelidad de este medio, o si es campaña sucia, pero...

MA: —Sí, ellos lo niegan, pero el verdadero ideólogo ha sido asesor chavista. Es muy interesante su speech sobre la publicidad imperialista en El Rey León. Todo ello contado en una tele de Venezuela. Lo tengo colgado en mi muro.

ER: —Mierda. Yo sé que es muy difícil, pero si esto se ataja a tiempo pueden salvarse del torbellino, lo primero es no darles la espalda a los partidos políticos tradicionales.

MA: —El problema es que empiezan a comportarse como miembros de una secta.

ER: — Déjà vu.

MA: —La vehemencia es tal entre sus ilusionados seguidores que todo aquel que discrepa es sospechoso de todo lo peor. Lo llevo viviendo un par de días.

ER: —Vergación.

MA: —Y el lenguaje que utiliza... Círculos, la casta, los imperialismos.

ER: —Aquí la izquierda opositora al principio le daba pena reivindicarse en su posición con tal de no ser ligado al “ideal”.

MA: —Tenemos un problema enorme. La derecha que nos gobierna es horrible.

ER: —El asunto es que la izquierda que se oponga a esta gente tiene que tener un lenguaje muy contundente.

MA: —Pero no lo van a hacer. Están acojinados. Y el PSOE no levanta cabeza de ninguna de las formas.

ER: —Coño.

MA: —Vivimos en un momento de desmemoria.

ER: —Lo mismo acá.

MA: —Lo siento, lo han hecho mal. Incluso muy mal. Pero. Han sido los abanderados de la modernización de este país. De los avances sociales. Me niego a entrar en el infantilismo de tirar todo lo hecho bien por tierra.

ER: —Y esta gente, ¿aún tiene algún puesto de gobierno?, Podemos, digo.

MA: —Ahora entran en el Parlamento Europeo. Y ya amenazan con optar a la presidencia del gobierno.

ER: —Jó.

MA: —Yo tengo esperanza.

ER: —¿Recuerdas que lo hablamos en La Carmencita?

MA: —Porque en España siempre ha habido una enorme diferencia de votos en las europeas. La gente pasa y no vota. Históricamente. Como 20% menos de participación.

ER: —Lo mismo pasaba aquí. Pero esta gente armó una maquinaria impresionante y movilizó duramente el electorado. Y estamos hablando de gente que votaba a cambio de un tanque de agua.

MA: —Veamos... Yo permanezco atento y pelín temeroso. La gente se emociona con el programa, que no es más que una lista de bonitos mensajes sin base posible. Implicaría salir de Europa directamente.

ER: —Claro.

MA: —Y, como son mensajes bonitos, no explica nadie cómo se va a hacer eso. En fin. ¿Y tú? Por cierto, ¿rompiste con tu pareja?

ER: —¡No!