• Caracas (Venezuela)

Jonathan Reverón

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Drogas y paracaídas

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Aunque lo firme, no soy el autor absoluto de este artículo, he decidido dejar que las voces acompañantes de mis noches dicten su opinión de nuestra diáspora permanente, por eso el título no tiene sentido con el texto. Salí de ver la segunda parte de la precuela de El planeta de los simios, alterado, plenamente convencido de la lucidez que emana de esa historia. Encontrando en la enorme fe que tenemos en el prójimo, esa última esperanza que albergamos para torcer las convicciones que no compartimos, parte de nuestro fracaso. Un importante músculo del país ha construido sus anhelos sobre la base de discursos maternos, esos que ingenua y amorosamente terminan traicionando la veracidad de la memoria.

La mañana de un viernes, una joven señora fue la única de varias en atender un pedido de limosna:

—Señora, yo no le puedo dar efectivo porque no tengo –dijo el ama de casa.

—No importa, cómpreme al menos una leche. –Había una cola, que no era cosita, ya deben imaginarse.

—Está bien, entro y le compro la leche, espéreme.

Al cabo del tiempo que imaginen, cualquiera, llega la señora con dos litros de leche, meditando el bien que hacía y cómo entraba en ejecución esa lección contemporánea venezolana, que algunos asumen aprendida, sobre la importancia de tener una compasión real sobre aquel que sea más pobre que uno.

—¡Esta no es la leche que yo necesito! –dijo la limosnera. No hubo más diálogo, cada quien tomó su camino.

“¿Hombres racionales? ¿Hombres detentores de la sabiduría? ¿Hombres inspirados por el espíritu...? No, esto no es posible”, dijo Pierre Boulle, autor de El planeta de los simios. Pero al mismo tiempo también pensaba que existía un reflejo imposible de describir en el que parece haber siempre una curiosidad despierta, recuerdos y emociones que siempre buscan emerger nuestra bestialidad, y quizás, al mismo tiempo, esa cierta esperanza en la humanidad.

“Estoy convencido de que esta fe la estoy alimentando inconscientemente desde hace algún tiempo. ¿No será ella la que me mantiene en esta excitación febril?”, dijo también este autor francés y ex soldado de la Segunda Guerra Mundial.

@elreveron

elreveron@gmail.com