• Caracas (Venezuela)

Joaquín Fermandois

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Joaquín Fermandois

Yo espío, tú espías

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Las noticias de un posible espionaje chileno en Perú causaron más alteración en Lima que en nuestro país. Siempre es así en estos casos, por la sensibilidad brotada en nuestros vecinos debido a la Guerra del Pacífico, a pesar de que finalizó, recordemos, en 1883, pero proyecta una larga sombra que pareciera que jamás cederá a la luz del sol. En esa lógica, el presidente Humala convocó a cuanto consejo se podía, incluyendo a los ex presidentes, pues suponía que sucedió algo de la mayor gravedad para el país.

Aquí las cosas se miran como una curiosidad más, aunque sea un pequeño dolor de cabeza para la Cancillería. No es así en Perú, o en Bolivia, donde en todo lo que tenga que ver con algo chileno siempre se husmea la más terrible de las conspiraciones.

¿Organizar espionaje es de por sí un acto de agresión? Hace unos años, Henry Kissinger sonreía con un rictus de impaciencia cuando en Estados Unidos la prensa y el Congreso se escandalizaron por el descubrimiento de un activo espionaje chino.

Para Kissinger era lo más normal que los estados se espiaran entre sí, como parte de la “razón de Estado”. Es una forma de tomar las cosas. Distinto es que un país como el nuestro debe medir sus pasos en este sentido.

Sucede que al hablar de espionaje se despierta una pasión por la intriga y el misterio, y no se sopesa lo que es “inteligencia”. Esto es, capacidad de conocer y evaluar intenciones y medios de aliados y enemigos; y entremedio del resto, que a veces es lo más importante.

Existe una inteligencia legal, abierta, que se mimetiza muchas veces con el trabajo académico: el análisis de la capacitación y dotación de otros actores. De hecho, gran parte del trabajo de los agentes de la CIA en Langley consiste en la redacción de informes que luego se elevan a los mandos políticos y militares. A veces se equivocan, aunque en general no son nada de malos, incluso ayudan a los historiadores.