• Caracas (Venezuela)

Jesús Uzcátegui

Al instante

UrbanoCity: la ventana en positivo de las ciudades

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(Twitter: @Urbano_City e Instagram: @UrbanoCity)

 

1.- ¿Qué hacemos por Caracas?

La verdad, es una lista larga de tareas y también de oportunidades.

Caracas tiene definitivamente unas ventajas en muchas áreas y en muchos aspectos que la hacen una ciudad realmente interesante para poder mejorar las condiciones de movilidad urbana en las cuales hoy día está.

En este caso se puede decir que hay ventajas climáticas, pues obviamente se tiene una primavera durante todo el año que hace que muchas de las alternativas en transporte de modalidades distintas al auto particular puedan utilizarse. Es todo un mito eso de que “hace calor” o que de repente hay pendientes muy fuertes en la ciudad, cuando realmente eso en el caso de Caracas no es cierto, a excepción de algunas temporadas del año –o cuando se manifiesta el fenómeno de El Niño por ejemplo– o de algunos lugares de menor accesibilidad a pie y/o bicicleta por la topografía misma. Hay ciudades que tienen condiciones más adversas que las que se tienen en Caracas y que han logrado aplicar medidas alternativas de transporte muy eficientes. Sí es verdad, se tiene algo en contra, el precio de los combustibles en general, que hace que las alterativas motorizadas sean mucho más atractivas para quien vive en Caracas.

Sin embargo, se ha visto que se ha multiplicado el uso de las motocicletas, eso quiere decir que efectivamente hay problemas de movilidad, de congestión, lo cual ha conllevado al caraqueño a utilizar otras formas de movilización, que ojalá fueran más “limpias” y más “verdes”, pero han sido las más económicas dentro de todas y que le permiten al habitante de la ciudad movilizarse en tiempos menores de los que habitualmente está de alguna manera “obligado” el que utiliza el transporte público y el privado.

Caracas tiene otra ventaja gigantesca y es el gran pulmón verde: “nuestro Ávila”, que permite incluso no solamente hablar de movilizarse cuando se habla de movilidad, sino también del uso del espacio público. Este espacio público que se convierte en un espacio de encuentro (si no que lo digan quienes disfrutan de un domingo en las faldas de esta montaña con el cierre de la Cota Mil para uso recreativo), un espacio de contemplación, porque obviamente este cerro escénicamente es muy atractivo –lo sabemos todos los caraqueños, lo extrañamos quienes no estamos constantemente en Caracas– y eso, además, hace a Caracas de las ciudades capitales menos contaminadas en la región (la más contaminada es Ciudad de México, seguida de Santiago de Chile, Lima en Perú, Bogotá en Colombia y Montevideo en Uruguay; según datos de la OMS), que aunado a las condiciones de altitud (937 msnm, en promedio) y propia conformación de la Cordillera de la Costa, cualidades que otorgan ventajas respecto a otras de Latinoamérica en ese sentido.

Se tienen otras cosas a favor: una buena red vial, buenos sistemas de transporte. ¿Qué falta? Una de las necesidades recae en construir al menos 100 kilómetros más de vialidad primaria, que son soluciones que se han propuesto desde hace muchos años, con proyectos incluso que tienen 30-40 años de haberse elaborado y que no se han ejecutado, que la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad (Sotravial) las impulsa desde su tribuna, pero lamentablemente, aunque se han ido haciendo algunas cosas, se traducen en “pañitos de agua caliente”. Hay que definitivamente ejecutar medidas estructurales y estructurantes, porque la ciudad se lo merece.

No se puede trabajar por parcelas, hay que trabajar como una entidad integrada con todos sus municipios, donde todas las partes aporten. Idea fuerza: “No podemos ser mezquinos a la hora de pensar en Caracas”. Qué bueno que un municipio tenga buenas acciones, buenas prácticas, buenas políticas públicas y qué malo que otros no. Independientemente de los colores y de las ideologías políticas, urge ponerse de acuerdo. Eso también le hace falta a Caracas.

¿Qué otra cosa hace falta? La integración entre los distintos modos de transporte. Se tienen un “montón” pero no están integrados, lo están deficientemente o falta integrar muchos. Eso hace que la cantidad de trasbordos pagos que debe hacer el caraqueño para movilizarse de un origen a un destino final obviamente se encarezca, con la consecuencia que a veces sea mucho más atractivo y hasta rentable moverse en vehículo propio.

¿La congestión? Una fiera que se puede domesticar. Todas las grandes ciudades, de alguna manera, son congestionadas, lo cual no quiere decir que no deje de ser un problema. Uno de los fenómenos más fehacientes que en este momento se puede afirmar es que en todas las ciudades latinoamericanas se está viviendo una alta motorización, la tenencia vehicular es cada vez mayor mientras que la ocupación vehicular cada vez es menor. Entonces, estamos sumidos en los efectos que esto produce. Pero efectivamente, moverse en Bogotá, en Ciudad de México o Sao Paulo es mucho más difícil que en Caracas, desde el punto de vista de los tiempos de viaje y la congestión que se tiene que soportar, afirmación que está sustentada en recientes estudios hechos a nivel mundial, en la que por ejemplo la ciudad paulista y la capital mexicana ocupan el cuarto y quinto lugar, respectivamente, como las más congestionada del planeta, después de Moscú, Estambul y Río de Janeiro (según el indicador Traffic Index aportado por la compañía TomTom especializada en navegadores GPS). A pesar de todos los males, Caracas permite movilizarse, independientemente de que se padezca en la gran mayoría de los períodos de los días laborables, de fuertes filas asociadas a la congestión –la famosa cola caraqueña–, que eso es algo que se vive en la vida urbana a la cual nos hemos atrevido a alcanzar y nos gusta.

Y Caracas no es una ciudad grande, es una ciudad mediana (aprox. 5 millones de habitantes en su área metropolitana y poco más de 776 km2). Esa es otra de las oportunidades que se tiene para hacerla mucho más competitiva, mucho más sostenible en cuanto a la aplicación de las medidas en materia de movilidad urbana.

Hay también que resaltar el talento con el que se cuenta. Hay mucho talento venezolano, que es recurso humano valioso, gente muy bien formada; dentro de la academia venezolana y fuera en otras universidades –personas que han ido a capacitarse en otros países, viviendo otras experiencias–, lo cual agrega valor a pensar en que las próximas soluciones que se apliquen para mejorar a Caracas tengan variopintas referencias, que obligatoriamente tocará “tropicalizar”, pero que ello siempre irá en beneficio de la no improvisación. Los venezolanos somos capaces de hacernos sentir para bien –entendamos eso, subamos la autoestima– de una forma importante al momento de ejercer como profesionales. Desde el punto de vista de la ingeniería, en el que yo puedo dar mi visión, no tenemos que ser cerrados, tenemos que ser abiertos. No tenemos que ver la ciudad con mentalidad “cuadrada”; es un ente vivo, que es dinámico, que cambia, que se va transformando en el tiempo y eso nos da muchas oportunidades.

Definitivamente, es un gran reto y se cree que las condiciones están dadas para que todos aportemos, no solamente los profesionales a los que me referí anteriormente, sino también los ciudadanos. Tenemos que sentir a la ciudad como nuestra, eso es vital. Si todos pensamos en mejorar la ciudad, claro que va a cambiar y va a ser mejor, la vamos a sentir todavía más agradable de lo que es. El pensamiento colectivo debe conllevar el sentir que tenemos la ciudad más bella del mundo y eso hará que se genere la necesidad de luchar y forzar en positivo a quienes tienen la posición decisora, porque se ejerzan políticas y acciones que la hagan todavía mejor. Pero también, a sentirse tan responsable como quienes gobiernan, porque mis palabras, mi conducta, mis acciones, mi esfuerzo, mis ideas, hacen también a la ciudad y aquí bien cabe reconocer que los habitantes de una ciudad son la ciudad misma.

El reto también recae en pensar que efectivamente se está en el siglo XXI, en que las ciudades a nivel global –en menor grado las latinoamericanas– han optado por asumir el abordaje de la movilidad urbana e incluso más allá, la vida misma de forma inteligente, empezando a introducir esquemas de gestión de las concentraciones urbanas, cada vez más asociadas al uso de nuevas tecnologías, que facilite el hacer las cosas, los quehaceres cotidianos y que por ende, a los administradores de turno, les dé la posibilidad de tener mayor control sobre las ciudades, sobre sus problemas. Y eso en Venezuela no es difícil, porque es uno de los países de la región con mayor penetración de uso de tecnologías (Caracas y Valencia figuran en el top 25 de las ciudades más digitales de América Latina, ranking que encabeza Sao Paulo en Brasil y que evalúa infraestructura, servicios, la e-vinculación y el compromiso con la reducción de la brecha digital en los municipios) a pesar de la crisis generalizada que en este momento se vive en el país.

Anticiparse más que preocuparse o tener acciones retroactivas, como paliativo a la escasez de planificación de cuando fueron concebidas las urbes, es un pendiente que se tiene, que por cierto pocas ciudades en el mundo tienen la dicha de haber sido completamente planeadas antes de ser habitadas y que esta ocupación se hiciese con base a un plan maestro. Otra razón más de verlo como oportunidad y no como una fatalidad, dado que es un mal común en nuestras ciudades latinoamericanas, por lo que los caraqueños no deben sentirse menos o en desventaja. Se me viene a la mente inmediatamente un muy buen ejemplo –como estudioso del transporte urbano– que es Curitiba en Brasil, que también está presentando hoy en día algunos problemas, a pesar de ser “la meca” de lo que es anticiparse al desarrollo en Latinoamérica.

¿Pero esto de hablar de introducir elementos que le otorguen el título a una ciudad como “inteligente”, de qué se trata? Lo primero está en entender algunos “principios” de movilidad sustentable para que esto de la inteligencia sea realmente eficiente: hay que planear ciudades densas a escala humana, se deben crear ciudades orientadas al transporte público (POT), hay que optimizar la malla vial y su uso, hay que fomentar las caminatas y el uso de la bicicleta, hay que controlar la mala utilización del vehículo automotor, hay que implementar mejoras en el transporte público, hay que gestionar los estacionamientos –públicos y privados–, hay que promover vehículos con tecnologías limpias, hay que enfocar las comunicaciones para divulgar soluciones y no solo problemas y, finalmente, hay que abordar los retos de manera exhaustiva.

Es así como la vida en las ciudades se estructura en función de diversas infraestructuras y sistemas que conviven y se interrelacionan simultáneamente entre sí. Una ciudad es, por tanto, un “sistema de sistemas”. La vida de una ciudad inteligente se desarrolla de la misma forma que la vida en una ciudad normal, pero los actores de las ciudades inteligentes tienen un mejor conocimiento y control de cómo todos estos subsistemas interaccionan.

Si un ente gestor (llámese gobierno de turno) puede conocer todas las implicaciones que un determinado hecho o necesidad tiene en su ciudad es más que probable que se pueda anticipar a los posibles problemas o, mejor aún, definir de antemano procedimientos que inhabiliten el problema.

Por ejemplo, en cuestiones tan aparentemente triviales como conocer el mantenimiento en una vialidad para así reforzar el transporte público y animar a los ciudadanos de esa área a que lo utilicen pueden tener un gran impacto en la economía, y un menor impacto en el caos que se pueda generar por el cierre parcial de dicho eje vial; es introducir inteligencia y esto no es más que apoyarse en una verdadera gestión de la comunicación efectiva (aprovechando los smartphone para que los ciudadanos estén enterados mediante un simple mensaje de texto o similar) y al mismo tiempo en una operación eficiente de los responsables de administrar los recursos de infraestructura en las ciudades. Eso sí, todos trabajando para el mismo fin y en la misma sintonía.

La inteligencia abarca áreas tan disímiles y correlacionadas a la vez, como lo son: el tránsito, la salud, el turismo, el ambiente, la seguridad pública, la gestión del agua, entre otras. Es a partir de la gestión integrada de todos estos subsistemas, que en el mundo se comienza a hablar del término “smart cities” –ciudades inteligentes en español– y, siendo aún más específico al tema objeto del presente artículo, cuando esta inteligencia aborda el cómo se hacen nuestros desplazamientos, es cuando entonces se utilizan las palabras mágicas: “smart mobility” –movilidad inteligente en español–.

Y es que por primera vez en la historia la mayoría de la población mundial vive en ciudades. Se calcula que cerca de 3.000 millones de personas vive actualmente en zonas urbanas y 180.000 se mudan cada día a una de ellas. En el año 2050 se espera que 70% de la población ya resida en ciudades, según los datos de la ONU. Lo cual para los venezolanos no es nada extraño, pues de hecho es en la zona norte-costera donde mayormente reside la población y justamente en áreas urbanas.

El hecho de la inteligencia entonces puede suponer significativos ahorros en los costos de vivir y gestionar las ciudades, y también fomentar el desarrollo de la economía, de hacerla más competitiva, lo cual es visto como muy importante al momento incluso de atraer inversiones locales y foráneas. ¿Queremos una Caracas competitiva a nivel global? La repuesta seguramente será sí, por lo que enfoquemos nuestras acciones hacia esto y volteemos a ver el siglo XXI del que tenemos ya 16 años de estarlo “transitando”. Tan sencillo como tenerlo a un “click” de distancia.

Finalmente, para vivir con más agrado nuestra querida Caracas, debemos retomar la senda de la urbanidad. Es vital darle a cada quien su espacio: al ciclista, a la señora mayor, al perrocalentero, al limpiabotas, al barrendero y al ejecutivo, porque finalmente todos hacemos ciudad, pensando no solo en nosotros sino en nuestros descendientes y en el planeta que nos acoge. Si la ciudad es más amable, seguramente nuestra calidad de vida será elevada a la enésima potencia.

Todo sin olvidar que hay mucho por hacer para disminuir los índices de accidentalidad vial y con ello garantizar una movilidad segura, que es un tema que se debe desarrollar y atender con toda la especificidad del caso, por ser un problema de salud pública.

Entonces, ¿tenemos tareas que hacer por Caracas?, ¿hay oportunidades para hacer evolucionar a Caracas? Respuestas: sí y sí, respectivamente.