• Caracas (Venezuela)

Jesús Uzcátegui

Al instante

Caracas podría convertirse en una smart city

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UrbanoCity -la ventana en positivo de las ciudades (Twitter: @Urbano_City e Instagram: @UrbanoCity)

 

  1. 2.                Lo mucho que se puede hacer por Caracas, ¿Quieres formar parte de este reto?

En el anterior artículo quedó planteada la oportunidad de hacer evolucionar a Caracas en materia de movilidad urbana y con ello, todos con muchas tareas por hacer –incluyéndome-. ¿Cuántos habremos hecho la tarea realmente?, porque con que nos hayamos imaginado una ciudad diferente en la que nos sintamos realmente a gusto y en movimiento, habremos cumplido en parte nuestra labor. Sin embargo, no es suficiente.

Soy un convencido de que en los momentos de crisis es cuando debemos demostrar de qué fibra estamos hechos. Si estamos hechos de optimismo y determinación de avanzar para alcanzar un cambio sustancial, entonces lo lograremos tarde o temprano. Para ello, una de las máximas del emprendimiento nos recuerda que debemos “insistir, persistir, resistir y nunca desistir”, enfocados al logro.

Cuántos cambios hemos visto en nuestras vidas aplicando estas cuatro formas de abordar los retos que se nos presentan. Bueno, en este momento los invito a entender que la ciudad de Caracas es un reto para quienes la vivimos y más aún, para quienes la queremos. Y así como Caracas es un reto, todas las demás concentraciones urbanas en la nación también lo son. Más aún cuando en vez de ver problemas, nos concentramos en ver áreas de oportunidad.

Y es que aunque por muy filosófico que parezca el inicio de esta nueva entrega de la columna, es así como recomiendo que veamos la situación que se nos presenta. Pensemos por un instante en lo que más trabajo le da a un reportero de guerra… ¿la guerra misma verdad? Pues sí, homólogamente para quienes hemos dedicado parte de nuestras vidas a hacer ciudad y aportar ideas de solución a sus quehaceres, en este momento se nos presenta un desafío sin igual: hacer de Caracas una mejor ciudad, hacer de Venezuela un mejor país. Así de cruda la comparación, porque a veces mientras más impactante es el shock, más radical es la reacción. Es fácil decirlo pero difícil hacerlo, más no imposible y por ello, tenemos que prepararnos para cuando nos toque aportar a ese cambio, que no pueden ser acciones improvisadas por agarrarnos de sorpresa; tienen que haberse gestado desde las dificultades que hemos ido detectando día a día, casi como un proyecto en etapa conceptual y algunos hasta en ingeniería de detalle. Porque para eso las crisis son el catalizador más potente y en este momento, en el que todo pareciera perdido, debemos pensar que jamás se toca fondo, siempre podemos estar peor. Por eso, es que vale la pena empezar de una buena vez, porque cuando se invierta la situación actual para bien y para mejor, no podemos estar de brazos cruzados y mucho menos sentir que estamos en una calle ciega en la que no hay salida.

¿Por cuál tarea comenzar? En mi caso, decidí que esta tarea conllevara a idear algunas cosas que les comparto y que entrega tras entrega, pondré sobre la mesa solo a manera de sugerencia, para que las vayamos trabajando con la intención de capitalizarlas en un futuro muy cercano –nuevamente la descarga de optimismo-, sembrando en ustedes la semilla que confío germinará y se convertirá en un árbol bien frondoso en cada uno de los lectores interesados en estos temas, que sumados, podremos contar entonces con un bosque de ideas (que no es más que un banco de proyecto en sí mismo).

Esta vez comenzaré por hacer un planteamiento muy sencillo, desde mi humilde perspectiva, citando incluso algunas referencias, sin querer con ello transmitir que nos convirtamos en “gurús” para alcanzar todas aquellas soluciones que necesitamos; al contrario, soy un humilde aprendiz de estas lides y así creo que somos gran parte de los comunes venezolanos que siempre nos disponemos a conocer de algo nuevo, a entenderlo y por ende, agregarlo a nuestro “disco duro cerebral”; así como pasa con la tecnología, que dado que su renovación es tan acelerada, nos obliga a convertimos en aprendices de todo lo nuevo que sale al mercado (hardware y software) a veces actuando como seres reactivos –en vez de proactivos- ante esa vorágine que nos arropa en este “Siglo de la Innovación”. Y es que justamente es en la tecnología que enfoco el fundamento de este artículo, para comenzar a esbozar ideas de lo mucho que se puede hacer por Caracas y replicarse en todo el país.

Según la empresa venezolana “Tendencias Digitales”, especializada en el mercado de Internet en América Latina, Venezuela es junto a Chile uno de los primeros países en presencia y actividad en las redes sociales, aunque no es líder en penetración de Internet en la región. Así lo registró recientemente la cadena de noticias CNN en español, en reportaje hecho por la periodista Laura Castellanos en marzo de 2016.

Seguramente las razones son variadas y, ¿se han puesto a pensar en cuáles serán? La crisis es una de ellas. Qué casualidad o más bien, qué causalidad. Imagínense que las redes sociales se han convertido por ejemplo en farmacias virtuales, en las que las personas que requieren de un medicamento, dada la escasez, en vez de acudir a la “botica” de la esquina se dirigen a Twitter o Facebook. Entonces, con ello, se ha aprendido a utilizar casi a la perfección estas redes de comunicación que, entre otras cosas, han servido en el mundo hasta para alertar o avisar que alguien está vivo luego de una tragedia natural como terremotos, tsunamis, huracanes, etc. Imagínense lo útiles que son, si las manipulamos adecuadamente y sin excesos.

Si hemos sido capaces de aprovechar las redes sociales para estas cosas que parecen primitivas –como una especie de trueque del siglo XXI–, podremos ser capaces de utilizarlas para muchas cosas más, tal vez más productivas cuando de emprendimiento y evolución para las ciudades se trata, como por ejemplo que a través de aplicaciones en nuestros teléfonos celulares, podamos conocer los itinerarios de rutas y horarios del transporte público en la ciudad. Y eso ya existe en muchas urbes del mundo, por lo que no es nada extraordinario lo que estoy mencionando acá.

Recientemente, se supo de un equipo multidisciplinario de venezolanos (Atilana Piñón, Félix Fernández y Ramón Quinez) que habían creado una “APP” para pagar el estacionamiento (“City Wallet” es su nombre y es una herramienta de pagos móviles que consiste en la compra de una calcomanía que va en el parabrisas y allí se le transfiere el saldo), lo cual es un emprendimiento completamente útil que les comparto que no en todas las ciudades del mundo se dispone, pero en Venezuela sí. ¿Qué cosas no? ¿Estamos aprovechando esta aplicación o al menos hemos tenido la curiosidad de saber de qué se trata? Si lo hacemos, también habremos cubierto parte de las tareas pendientes, aunque de igual manera no es suficiente. Imagínense que ese invento es completamente innovador y muy funcional para mejorar la movilidad de nuestras ciudades, porque además está “tropicalizado” –que ya es mucho decir–, adaptado a nuestras realidades y costumbres.

Guardando las distancias y aunque no necesariamente me gustan las comparaciones cuando se habla de ciudades, pues cada una tiene sus particularidades e identidad, valga el momento para hablar del caso de Medellín en Colombia. ¿Alguien recuerda qué se decía e incluso qué se vivía en la capital de Antioquia en los años noventa?, pues generalmente no eran muy halagadoras las descripciones, más bien eran en negativo. Sin embargo, Medellín supo reinventarse, resurgir de entre sus cenizas y hoy en día es una de las ciudades con mayor innovación en el mundo y que ha utilizado las soluciones en movilidad para poder sacar de la violencia a la urbe. Caracas, a pesar de los problemas y de la crisis generalizada del país, presenta indicadores no tan oscuros como los de la Medellín de los noventa, lo cual no quiere decir que nos sintamos privilegiados –por eso les decía que no me gustan mucho estas comparaciones–, sino más bien inquietos por buscar las soluciones desde lo interno, siendo más orgánicos, muy endógenos, para promover las buenas ideas (eureka) pero por supuesto sin apartarnos del mundo global en el que vivimos y sin querer inventar el agua tibia, pues hay soluciones desarrolladas y probadas que nos pueden ayudar y hacer transitar el camino con mayor facilidad.

Una primera aproximación a la adopción de los conocidos sistemas ITS (por sus siglas en inglés: Intelligent Transportation Systems) para implementar tecnologías asociadas a las actividades propias de la movilidad urbana y la gestión de las ciudad en general, se pudiera tener con mucho éxito en Caracas teniendo integrados los sistemas de transporte masivo (Metro, el Ferrocarril Caracas Cúa, Metrobús, BusCaracas), al mismo tiempo que el transporte colectivo (con sistemas alimentadores de la red metropolitana como TransChacao, TransBaruta y el resto de rutas que prestan servicio en los cinco municipios e incluso los interurbanos y suburbanos) y hasta los taxis. Lo cual es perfectamente replicable en el resto de las ciudades importantes del país, que por ser a menor escala, incluso podrían llegar a tener una solución más sencilla.

El reto para Venezuela es trazar una hoja de ruta, como la que se pretendió en su momento con el Programa Nacional de Transporte Urbano (PNTU) que impulsó Fontur en los años noventa (derivado de la denominada Política Nacional de Transporte Urbano de 1991), que en su momento contó con recursos que aportaba el Ejecutivo Nacional a través del impuesto a la gasolina así como las regalías y donaciones, además de recursos internacionales a través de préstamos de la Banca Multilateral. Que luego se intentó complementar en la primera década del Siglo XXI, ya con un modelo un poco diferente en el que se utilizaban recursos propios de la renta petrolera que manejaba de forma directa el Ministerio de Infraestructura (y sus equivalentes en todas las denominaciones que ha tenido durante los períodos de gobierno del chavismo) con el Programa Nacional de Modernización del Transporte Terrestre (PNMTT), el Programa Nacional de Compensación de Transporte (OPCT) y el Programa de Gestión y Conservación de la Red Vial Principal (Vial III), además de inversiones especiales en el sector. Se trata de retomar la senda de la planeación (que últimamente no se considera ni por casualidad…) pero sin dejar de hacer, por lo que se debe contemplar también combinar ese estadio con el de las “victorias rápidas” (porque la continuidad en armonía entre todos los actores que participan, también depende de la capacidad de demostrar que se pueden alcanzar éxitos; esto será garantía de buenas prácticas y de que se repita el proceso pero con el ingrediente de que ya está siendo convalidado), porque los usuarios esperan soluciones a sus problemas de movilidad que se traducen finalmente en calidad de vida.

Esto debe llamar al concierto de las ideas, trazando una visión en la que estén incluidos los actores que tienen influencia en los ITS y en general, en la planificación, ejecución, operación y gestión de políticas de transporte en las ciudades, que permita además contar con una base de datos única (primero en ciudades y luego en el país), con la cual se tenga la información e insumos necesarios para la toma de decisiones. La tecnología lo permite y en un futuro de corto plazo se podrá contar con herramientas que facilitarán esta experiencia (el “Big Data” y el “Internet de las Cosas”).

Cuando en el artículo anterior les planteaba que estaba prácticamente seguro de que todos queríamos hacer de nuestra ciudad un lugar competitivo a nivel global, se los digo desde el optimismo que me define, pero si esa hipótesis tiene un asidero real, lo cual sería absolutamente maravilloso, entonces pudiéramos empezar a emplear los términos de “mundializar” e “internacionalizar” la ciudad, lo cual cabe perfectamente en estos casos y mejor aún, es válido cuando se habla de planeación estratégica urbana. Con esto, las ciudades comienzan a ser sede de la innovación y su alcance a pesar de ser local, es global, es decir, se conoce de lo que se está haciendo en estos territorios y pueden entonces convertir las urbes en lugares reconocidos por algo (deseamos que sea positivo obviamente) y por ende, hacerlas más competitivas: ciudades “glocales”.

Pero para alcanzar esto, también hay que prepararse en áreas básicas como el fortalecimiento del recurso humano especializado, la dotación y complementariedad de la infraestructura actual y los servicios, más el rescate del patrimonio y los valores; tan sencillo porque eso nos define, nos crea una “marca ciudad” y mejor aún, una “marca país”, algo así como hablar del “marketing territorial”.

En resumen, hay que reorganizar las funciones urbanas para adaptarse a la era de la información y el conocimiento, elevando nuestra calidad de vida. Esto no es imposible pero si es complejo, pues requiere de la articulación de intereses, competencias y recursos. Para lo cual, debe además haber un líder o muchos sublíderes que interactúen –nada de mesianismos, hablo de líderes técnicos–.

Tomo la frase del catalán Alfons Segura, que colabora para el Cideu (Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano) y el Ayuntamiento de Barcelona-España, quien dice que “el mejor modelo de ciudad es el modelo posible” y le agrego, que debe reforzarse siempre con la inteligencia de la ciudad, que como territorio por si solo es algo prácticamente inerte, por lo que la inteligencia real debe ser aportada por quienes la habitan. Entonces, se llega a la conclusión de que para hacer de la ciudad un territorio inteligente, primero debemos ocuparnos en hacernos inteligentes nosotros y generar espacios de encuentro, de inclusión y de tolerancia a las ideas y proyectos que cada uno puede aportar. Estos, no son más que “clústers” productivos, en los que la infraestructura y el equipamiento de esta –incluida las redes de comunicaciones–, juegan un papel fundamental.

Esto conlleva a la implantación de acciones que han sido previamente “incubadas”, que den paso a la modernización de las ciudades, impulsadas por una “masa crítica” que se ha ido creando en la medida que han sido detectadas áreas de oportunidad, lo cual no es un bien escaso, sino todo lo contrario, pues es tierra fértil para la gestación de grandes ideas que pasarán a ser soluciones en un futuro próximo.

Para el fomento de la innovación no hay recetas preestablecidas, pero si algunos pasos que dar que la facilitan; estos incluyen la transferencia tecnológica (de parte de quien sabe cómo hacerlo), el trabajo colaborativo (no mezquino de cada uno de los actores involucrados), el fortalecimiento de una red financiera (incluso impulsada por el Gobierno Nacional y organismos multilaterales) que pueda asumir riesgos para que se atrevan a financiar ideas. ¿Qué utópico esto verdad? Pero no lo es; sí existen experiencias similares en el mundo y además, completamente activas y útiles. Así han surgido lugares donde se incentiva la innovación de forma poco ortodoxa como “Silicon Valley” en California, Estados Unidos. También, es importante sumar a la mancuerna universidad-empresa privada que es en gran parte clave para el éxito y aún más, la relación directa de estos aliados estratégicos con la sociedad civil, para que se suban a la soluciones. Es decir, en esta ecuación sumamos todos.

Estas afirmaciones nos dejan sembradas esperanzas, porque aún no se puede decir que existe un modelo perfecto de lo que sería una ciudad inteligente; apenas se está trabajando en ello. Entonces, ¿hay allí un área de oportunidad para Caracas?, nuevamente la respuesta es sí, porque nuestra inteligencia debe venir de nosotros mismos, apoyados en lo que ya se ha ido creando en el mundo, para que así adoptemos un modelo propio, con el que nos sintamos cómodos y podamos alcanzar el nivel de calidad de vida que nos propongamos, teniendo en cuenta todas estas experiencias globales, para así orientar las soluciones al ámbito de la ciudad en temas de transporte, movilidad urbana y eficiencia energética, es decir, los ámbitos que pueden ofrecer servicio y soluciones a la ciudadanía en general, con proyectos nacidos de la innovación y sustentados en la tecnología.

Para que las ciudades inteligentes sean como todos pensamos (bajémonos de la nube de que son como las de los “supersónicos”), la tarea incluye plantear la visión y el análisis de las necesidades a resolver y en función de eso trabajar de manera conjunta entre todos los sectores que antes les mencioné. Así que para impulsar estas iniciativas, lo más adecuado es implantar proyectos piloto que tengan un alcance concreto, que sean medibles y por ende, perfectibles, que aporten valor al ciudadano, resuelva problemas reales, empezando desde lo más simple hasta lo que en la vida pensaríamos que sería posible alcanzar; pero con mesura: seamos ambiciosos pero no nos creemos falsas expectativas.

Es sumamente importante, incentivar desde los agentes decisores (gobiernos en todos los ámbitos) la inversión en tecnología e infraestructura que debe ir de la mano de la inversión en talento local, donde el ciudadano juega cada día un papel protagonista en la ciudad y, no solo se limita a demandar y consumir servicios, sino que en muchos casos se convierte en el proveedor de sus propias soluciones y las de su entorno cercano. Sumemos y no nos acostumbremos a quejarnos por todo, sino que generemos ideas, propuestas…

Los desafíos de la ciudad inteligente se encuentran en dar a los ciudadanos un papel más activo e involucrarlos en los procesos. Ser una smart city platea ser una ciudad eficiente, comprometida y sostenible tanto en lo económico como en lo social, teniendo como eje transversal el tratamiento ambiental en cada una de las decisiones. Debe ser responsable en la gestión e innovadora en sus procesos actuales, es decir, hacerlos más eficientes, mejorarlos y con ello, ganaremos calidad que se traduce en modernidad.

No existen barreras para crear y por ello, les planteo que sí podemos hacer de Caracas (y homólogamente de las demás importantes ciudades del país) una “Smart City”, porque lo importante es comenzar a dar los pasos necesarios para ello y entender que tenemos la oportunidad de diferenciarnos a futuro, como Ciudad (les recomiendo leer el libro Crecer o morir del periodista argentino Andrés Openheimmer, en el que se plantea la evolución del futuro inmediato).

Hagamos el esfuerzo de plantearnos cómo es esa ciudad inteligente en la que queremos convertir a Caracas y en general, a Venezuela. Soñemos y conjuguemos ideas, abramos espacios para su sana discusión y elevemos esos planteamientos de forma organizada, a quienes toman decisiones en municipios, en los ministerios con competencia en la materia y también a las universidades, gremios involucrados y ONG, que deben convertirse en los impulsores directos de todas estas iniciativas. ¿Te animas a formar parte de este reto?