• Caracas (Venezuela)

Jesús Rangel Rachadell

Al instante

Unidad política para el triunfo

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Todo candidato a las elecciones parlamentarias debe ser venezolano por nacimiento o por naturalización con, por lo menos, 15 años de residencia en territorio venezolano; mayor de 21 años de edad, y haber residido 4 años consecutivos en la entidad correspondiente antes de la fecha de la elección; y si es candidato indígena hay otras condiciones (Disposición Transitoria Séptima de la Constitución).

El candidato puede postularse por iniciativa propia o ser postulado por organizaciones con fines políticos o grupos de electores.

El sistema electoral diseñado en la Ley Orgánica de Procesos Electorales no cumple con la exigencia constitucional de la representación proporcional (Art. 67 CRBV), y sobredimensiona a las organizaciones políticas que obtengan mayoría de votos, sean del gobierno o de la oposición; el sistema electoral previsto en la mencionada ley está diseñado para la existencia de polos políticos, en este sistema el grande se come al chico, así que hay que evitar ser el pequeño en esta elección; por eso hay que unirse.

Cualquier venezolano puede postularse a la Asamblea Nacional, vía elección uninominal –la lista está reservada a las organizaciones con fines políticos–; así que es falso que los partidos políticos estén cerrándole el paso a nadie; aunque las posibilidades de ser elegido por iniciativa propia, por imposición de ley, son mínimas. La opción es participar en un partido político o crear uno a su imagen y semejanza; luego, debe convencer a los electores para que voten por su partido, y perseverar por una mejor posición en las próximas elecciones; es el mejor camino, no hay otra vía.

Los partidos políticos definen sus candidatos dependiendo de la cantidad de circunscripciones electorales a las que puedan aspirar, y en las que logren consenso, o en unas eventuales elecciones primarias.

En los estados los partidos políticos toman en cuenta dos factores, el primero es que la oposición va a postular en todas las circunscripciones electorales; el segundo es que no en todas se va a ganar, por lo que hay que llegar a un consenso.

Respecto al primero de los mencionados factores –el postular en todos los estados–, las organizaciones con fines políticos deben tener presencia en la mayor cantidad de circuitos electorales, así no ganen, la presencia es el mensaje, sin presencia no hay mensaje que trasmitir. Sobre la segunda –que no se va a ganaren todos los estados–, se va a postular a quienes los partidos consideren que deban llevar como representantes a la Asamblea Nacional.

Estoy convencido de que existen muchos venezolanos con méritos para ir al Parlamento, pero ellos debieron presentarse y hacer trabajo político a través de las organizaciones con fines políticos para que estas los conozcan; es una ingenuidad pretender que los partidos lleven a candidatos que no conocen cómo funciona el sistema de postulaciones que impone la ley. Una idea que se oye mucho es la de caras nuevas, y tenemos los casos de William Ojeda y Ricardo Sánchez, quienes se acercaron a los partidos políticos y los engañaron, traicionaron a quienes los postularon, a quienes hicieron su mejor esfuerzo para que los acompañaran en sus fórmulas políticas; si estos traidores que le dedicaron tiempo a los partidos políticos pudieron colearse como candidatos de la oposición sin serlo, ¿cómo pretenden ser candidatos quienes se asoman a último minuto?

Por otra parte, las decisiones de la Mesa de la Unidad Democrática pasan por el respaldo de una mayoría de las fuerzas políticas que la conforman, las cuales deben alcanzar 70% de los votos lista para la Asamblea Nacional, a nivel nacional. Ahora bien, ese consenso se obtiene cediendo espacios, ya que ningún partido él solo supera al partido de gobierno. En un estado en el que un partido tiene muchos votos tiene que ceder para que le den espacio en otro estado en el que tenga pocos votos, pero en el que es necesario hacer presencia; por eso en que un estado vemos candidatos de un partido en el que su propia votación no le permitiría llevar un candidato, independientemente de si tiene posibilidad de ganar.

Este 70% de los votos de la oposición es más o menos así, y por comodidad –aunque hay diferencias– utilizaré como referencia los votos obtenidos por la oposición en las elecciones de 2010 para el Parlamento Latinoamericano, que fueron así:

UNTC

1.018.102

20,05%

MPJ

960.681

18,92%

AD

823.390

16,22%

COPEI

609.792

12,01%

PODEMOS

423.991

8,35%

PRVZL

374.020

7,37%

MIN-UNIDAD

256.317

5,05%

ABP

133.711

2,63%

MR

114.547

2,26%

LA CAUSA R

95.974

1,89%

MAS

64.608

1,27%

BR

47.300

0,93%

UNPARVE

41.828

0,82%

URD

22.094

0,44%

GE

19.489

0,38%

SI

15.505

0,31%

LA PLATAFORMA

15.439

0,30%

PANA

10.015

0,20%

CONDE

9.682

0,19%

ML

8.561

0,17%

VDP

6.476

0,13%

VIVZLA

5.521

0,11%

Total votos de la oposición

5.077.043

 

Los primeros 4 partidos representan 67,20% de los votos de la oposición, por lo que una combinación de estos partidos con cualquiera de los siguientes, logra ese consenso de 70%; por ejemplo: el partido Primero Justicia obtuvo en el estado Zulia, en las elecciones al Parlamento Latinoamericano de 2010, el 3,41% de los votos de la oposición; mientras Un Nuevo Tiempo logró 77,22% de los votos.

En el estado Miranda, en la misma elección, el partido Primero Justicia obtuvo 42,70% de los votos de la oposición, y Un Nuevo Tiempo logró 11,85% de los votos.

En el estado Táchira –insistimos que es la elección al Parlamento Latinoamericano–, Copei obtuvo 52,23%, AD 19,58%, Primero Justicia 8,04% y Un Nuevo Tiempo 4,14%.

Como se podrá observar de estos ejemplos –y todos los estados muestran estas diferencias–, ningún partido puede ganar solo; de no ser por la unidad que existe algunos partidos nacionales no podrían exigir que se les dé participación en los estados en los que obtuvieron una exigua representación –así sea en un circuito electoral sin ninguna posibilidad–.

Para terminar, si a usted no le gusta que Henry Ramos Allup (AD) o Roberto Enríquez (Copei) sean candidatos, y candidatos en circuitos donde las encuestas aseguran que la oposición va a ganar, no pierda de vista la situación de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, que está injustamente preso; la de Daniel Ceballos, alcalde de San Cristóbal, quien fue confinado por el Tribunal Supremo de Justicia, y sigue preso hasta que el gobierno quiera; o la de Leopoldo López, coordinador nacional del partido Voluntad Popular, que está encarcelado por expresar su pensamiento.

Los directivos de los partidos políticos, hoy más que nunca, deben tener inmunidad parlamentaria, para así obligar al gobierno a hacer un mínimo de procedimiento para ponerlos presos.

 

@rangelrachadell