• Caracas (Venezuela)

Jesús Rangel Rachadell

Al instante

Sospechosos habituales

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Esta es una historia no-velada.

—Mi comandante, ¿a quién detenemos?

—Subalterno, detenga a todo el que no esté de acuerdo con el proceso, al que haga colas, al que pida la renuncia, al que se porte mal, al que venda su puesto en las colas, al que compre dólares, al que no compre dólares, al que hable de la transición, al que pida dinero por ahorrarse la cola, al que hable de escasez, al que firmó el remitido y al que no lo firmó también.

—¿Pero quiénes son esos?

—Subalterno, detenga a los sospechosos habituales, usted sabe, empiece por los dirigentes políticos, a esos que hemos grabado.

—Mi comandante, no hay suficientes cárceles para meter presa a tanta gente.

—Subalterno, eso no me importa, usted los mete presos y luego vemos.

—Comprenda, no hay cómo alimentarlos, el Mercal y el Pdval no dan para el pueblo ni para la clase media; además, ya se nos acabaron las oficinas blancas sin ventanas, a cinco pisos bajo tierra, y el aire acondicionado nos eleva la factura de la electricidad.

—Subalterno, usted no entiende, nos quieren tumbar; el que se tendrá que ir para Cuba soy yo, no usted; y los miembros del gabinete se la dan de limpios por lo que no van a ayudarme con los gastos del destierro.

—No exagere mi comandante, aquí nos quiere 10% del pueblo, y según su encuestador favorito llega casi a 15% los que nos adoran. Usted no se tendrá que ir, espere a las elecciones y les daremos una demostración de entereza, magnanimidad y aplomo ante las circunstancias.

—Plomo, buena idea; no se me había ocurrido, pero con perdigones, no a la cabeza; aunque en estos días me enteré de que este muchacho que jugaba básquet en El Cafetal redactó un precioso, un hermosísimo decreto que puede servir a esos fines. Sí, el uso de la fuerza debe ser delicado, proporcional, progresivo; eso dijo el muchacho que siempre se vestía de negro, y ahora se viste de traje; quien tiene un fabuloso don de palabra para justificar cualquier desmán.

—Mi comandante, si quiere hacemos una gran marcha de apoyo; eso sí, debe darme los reales ya que la gente no quiere venir a pasear a Caracas sin que le paguen, y menos si los obligamos a vestirse de colorines.

—Otra buena idea subalterno; usted está haciendo méritos para que el presidente lo nombre ministro plenipotenciario de la gran misión de altura al infinito y más allá, como decía el muñeco ese con alas que me gusta tanto.

—Mi comandante, usted tiene que hacer como Simba en el Rey León; debe gruñir a cada rato, por todos los medios; así la gente se acuerda de usted y se olvida de las colas, que falta la comida y el lavaplatos.

—Subalterno, toda la culpa la tiene ese remitido; si no hubieran puesto la palabra transición mis investigadores no se habrían dado cuenta de que quieren tumbar al presidente, solo tardaron una semana en darse cuenta de que en la prensa nacional se hablaba de transición. He conformado un equipo excepcional.

—Disculpe mi comandante, Ledezma no fue el primero que habló de transición; el padre Ugalde dijo en julio de 2014, hace un año, que: “Es inevitable un gobierno de transición salido del chavismo”; eso significa que la oposición no tomará el gobierno, que seremos nosotros mismos los que vamos a mandar.

—¡Nosotros es mucha gente! A mí me van a dejar por fuera, y eso no me agrada; yo tengo mujer e hijo por el cual responder, y no me gustaría que se queden sin chamba.

—¿Qué le parece si perseguimos a los partidos políticos y a sus dirigentes?

—De eso está encargado el coco pelado, en estos días lo habían operado, pero ya está bien; lo veo con mucho ánimo. Él se encargó de la invasión a las sedes de los partidos políticos, de tramitar su ilegalización ante el CNE, de grabar sus conversaciones sin la autorización de un juez; y corta y pega las palabras de los susodichos con mucho arte. El coco pelado es un genio.

—Mi comandante, eso de ilegalizar a los partidos suena interesante, debería aconsejar al presidente que lo haga, que ilegalice a toda la oposición, así no tendremos contrincantes en los comicios y ganaremos fácilmente; e internacionalmente tenemos a nuestros amigos que nos apoyarán incondicionalmente a cambio de unas pocas monedas, ni treinta.

—Estamos listos subalterno; teniendo definida la estrategia para los próximos días no queda nada más que hablar; solo espero que no maten a más muchachos.

—¿Y qué hacemos con Ledezma?

—Que se pudra.