• Caracas (Venezuela)

Jesús Rangel Rachadell

Al instante

Quéjese con quien corresponda

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Rafael le dice a José Luis, su compañero de trabajo, que no le alcanza el sueldo, que Atilia le reclama que los muchachos están pasando hambre. Su amigo le responde: Quéjate, pero no conmigo, ve a donde tu jefe y le pides que te aumente el sueldo.

Este se dirige al dueño y le solicita que le suba el sueldo, a lo que el jefe le informa que es imposible, que la empresa tiene controlados los precios de los productos y que por eso no puede vender al verdadero valor, que cuando el gobierno le permita un ajuste le podría dar un aumento de sueldo, y que es posible que el 1° de mayo se acuerde un aumento de sueldo del salario mínimo, y si los costos de producción aumentan también es posible que la empresa cese su actividad. Rafael se da cuenta de que de cerrar la empresa no solo no obtendrá el aumento, perderá el trabajo y con la liquidación podría sobrevivir dos o tres meses, pero luego no conseguirá otra fuente de ingreso ya que nadie está ofreciendo puestos de trabajo.

Carmita tiene por profesión oficios del hogar, pero ya ni siquiera puede mantener limpia su casa; después de enviar a sus hijos al colegio debe ir a dar vueltas por los automercados y abastos, más gasta en pasaje que lo que se ahorra cuando logra conseguir los productos regulados. Ella le cuenta a Elena, su vecina, lo costoso que está todo, que la lata de atún subió a tanto y que la salsa de tomate no se consigue como tantas otras cosas; su vecina le dice que eso ya lo sabe, que no se queje con ella, que se queje con el del mercado. Carmita va a enfrentar a Joao el del abasto, y le suelta su retahíla de reclamos, a lo cual Joao le explica que él no le coloca los precios a los productos, que eso lo hace el gobierno, que los distribuidores le traen la mercancía que las empresas producen, pero que el gobierno no les da dólares a las compañías para importar la materia prima, y los empresarios que no necesitan tantos dólares igual les tienen controlados los precios. Joao sigue ilustrando a Carmita que todo es responsabilidad del gobierno, que todo depende de las decisiones del presidente, y que la gente no consiga productos no es su culpa, que él vende lo que le llega.

Nancy va a la farmacia a buscar la medicina de la tensión de su mamá, si la doñita no la toma se puede morir. El dependiente de la farmacia se llama Cristóbal, y no puede hacer nada, no solo no tiene esa medicina, lo que tiene son chucherías –que no están reguladas–, y está apenado por la gente que en su desesperación viene a llorar. Le tiene que explicar a Nancy que a los laboratorios le aumentaron los costos, que el registro de una marca lo tienen que pagar en dólares al gobierno, y a las medicinas no le ajustan los precios; sale más caro producir la medicina que el precio que le permite el gobierno.

Cada uno, por su lado, se da cuenta de que no se están quejando con quien corresponde, que todas las soluciones pasan por lo que decida el gobierno. De nada vale seguir hablando de lo que sucede, todos conocen una pequeña variante de la misma historia, todos han vivido su parte de la realidad.

A uno de ellos se le ocurre redactar una carta a la diputada que eligió, no la conoce, pero eso es lo de menos, se llama Josefina y para algo está ahí. La diputada contesta la carta, le informa a su elector que el Tribunal Supremo de Justicia no ha permitido ninguna ley de la Asamblea Nacional, y les ha limitado los poderes de investigación, por lo que los ministros no asisten a las interpelaciones, no informan, se esconden, son unos cobardes.

La carta no sirvió. Ahora se les ocurre que deben hacer una marcha; como todos aseveran que el responsable es el gobierno la marcha debe ir a una de sus dependencias. Se proponen ir a Mercal, a protestar ante los mercados del gobierno, hasta que les llega la noticia que los Mercal y los Mercalitos que eran “la gota del petróleo”, dirigidos por militares, están cerrados todo el tiempo, algunos por sobreprecio, corrupción o ventas condicionadas; tendrán que ir a reclamar a Corpo PDMercal –también dirigida por un militar–, como buen pueblo organizado que son. Otros piensan que es mejor ir ante el encargado de la alimentación que es el general de brigada Rodolfo Clemente Marco Torres.

Nancy no está de acuerdo con ir a reclamar ante cualquiera de los tantos militares que se encargan o han encargado de los alimentos, ella opina que tienen que ir ante el Ministerio de Salud, ya que su mamá se puede alimentar con casi cualquier cosa, pero sin medicinas no va a sobrevivir, así que propone ir a marchar ante el ese ministerio. No se deciden.

Mientras tanto, ya hablaron con el panadero por la falta de pan, ya saben que este no tiene la culpa, que es el gobierno que no da los dólares para traer la harina de trigo.

Algunos militares activos que ocupan cargos públicos han solicitado que en sus nombramientos no aparezca su jerarquía militar, parece que no está bien visto que los órganos civiles del Estado estén siendo dirigidos por oficiales.

Ya veremos a cuál de tantos organismos públicos se deciden ir a reclamar, pero todos conocen lo que está pasando en nuestro país, y hay que buscarle una pronta solución, esto no se aguanta.