• Caracas (Venezuela)

Jesús Rangel Rachadell

Al instante

Bipartidismo a juro

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El actual sistema electoral previsto en la Ley Orgánica de Procesos Electorales (2009) impone el bipartidismo, solo dos partidos pueden sobrevivir en las elecciones a órganos colegiados, el que gana se lo lleva todo, así fue el 6-D, ningún partido distinto a la MUD o al PSUV pudo obtener representación en la Asamblea Nacional.

En el pasado se criticaba el bipartidismo de AD y de Copei, como si ello fuera una consecuencia del diseño del sistema electoral, y eso era falso. En esa época existía un mecanismo compensatorio que permitía a los partidos pequeños tener una representación por un cociente electoral, es decir, si en la sumatoria de todos sus electores a nivel nacional no habían obtenido un senador o un diputado podían estar representados en el Congreso de la República (artículo 21, de la –derogada– Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política).

No hay manera de agregar diputados a la Asamblea Nacional, y los diputados que están no representan todas las manifestaciones ideológicas que existen. La Sala Electoral del TSJ decidió el 14 de marzo de 2000 (sentencia N° 17, que no aparece en la web del TSJ), lo siguiente: “El sistema de integración de la Asamblea Nacional no permite la institución de diputados adicionales, pues el nuevo orden –se insiste– no diseña una Asamblea Nacional con un numerus apertus sino por el contrario, la intención ha sido crear un claustro legislativo”.

Los ciudadanos tienen que estar representados, pero las opciones que hay en un nuestro sistema electoral limitan la representación; y ahora más como consecuencia de la sentencia N° 1 de la Sala Constitucional, de fecha 5 de enero de 2016, por la que se decidió un recurso de interpretación, con carácter vinculante conforme al artículo 335 de la Constitución, sobre los partidos políticos que no presentaron su tarjeta electoral (símbolos y emblemas del partido) como oferta electoral en una elección nacional como fue la de diputados a la Asamblea Nacional el 6 de diciembre de 2016.

En la mencionada sentencia se le ordenó al Consejo Nacional Electoral que, en el lapso de sesenta (60) días siguientes a la publicación de la mencionada sentencia (finaliza el 5 de marzo de 2016), regule la verificación de la nómina de inscritos de cada partido político, para lo cual deberá adecuar las normas sobre renovación de los partidos e implementar mecanismos de seguridad (electrónica e informática) sobre la verificación de la manifestación de voluntad de los inscritos en los mismos, atendiendo a los requisitos señalados en el artículo 30 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Esta sentencia ordena dictar un nuevo reglamento y, aunque no lo dice, sustituir el vigente dictado por el Consejo Nacional Electoral, el 19 de enero de 2011, mediante la Resolución Nº 110119-0008, que contiene las normas para la renovación de nóminas de adherentes de las organizaciones con fines políticos nacionales y regionales.

Todos los partidos políticos que no participaron en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 se quedaron sin registro de electores, y todas deben crearlo de nuevo, por lo menos parcialmente en 12 estados, para ser reconocidos como tales y con derecho de postular en cualquier otra elección. Aunque nos mantenemos bajo el paraguas de una tarjeta única, eso podría cambiar en el futuro, y no es lo mismo relegitimar un partido que constituirlo de cero.

En las vigentes normas –hasta que no se dicten las que las sustituyan– para la renovación de nóminas de adherentes o afiliados a los partidos políticos se establece que las organizaciones con fines políticos nacionales y regionales, que no obtuvieron 1% de los votos emitidos en las elecciones parlamentarias nacionales deben renovar sus nóminas de adherentes, a los fines de mantener su vigencia. Esto se logra presentando la nómina de 5% de adherentes –electores– de por lo menos 12 entidades, salvo en aquellos estados donde se haya obtenido 1% de los votos válidos emitidos en esas las elecciones (que no es el caso ya que no hubo postulación en ningún estado).

Los partidos políticos de la oposición –y el Copei Patilla que fue intervenido por el TSJ y está bajo el control de una directiva chavista– no participaron el pasado 6-D en las elecciones de diputados, y estos partidos deben relegitimarse, siendo la renovación del registro de cada partido “una obligación legal y ética de los partidos políticos en general, y una responsabilidad del órgano competente su verificación”, según la sentencia mencionada de 2016. Lo que se oye es que, para que esta relegitimación sea válida, el CNE va a exigir que los partidos políticos lleven a sus seguidores a las oficinas regionales de cada estado (no a las capitales de los municipios) a fin de que presenten su cédula, coloquen su huella, y declaren bajo fe de juramento que no están inscritos en ningún otro partido.

La excusa para exigir esta declaración jurada es la “doble militancia”; por lo que se exige de los ciudadanos la declaratoria de no pertenecer, legalmente, a dos partidos políticos a la vez –según la Sala Constitucional–.  El TSJ declara que los ciudadanos “no pueden aparecer en la nómina de dos partidos, pues ello indefectiblemente genera la afectación de nulidad por ilegitimidad de una de las dos organizaciones”. Lo que es risible de la sentencia, es lo siguiente: “La data de los electores inscritos de un partido político debe estar a la orden del órgano rector electoral para evitar que la identidad de esos ciudadanos sea vulnerada y manipulada por alguna organización política”; pero esto se podría constituir en una nueva lista Tascón, por cuanto el CNE y el TSJ –que nunca protegieron a los perseguidos– y el gobierno, sabrán quiénes son los potenciales votantes de cada partido, y podrán limitar el acceso a cargos públicos y a contratos a los adherentes de los partidos políticos distintos al PSUV, como ha sido denunciado en el pasado.

Nosotros, los militantes, seguidores, adherentes o afiliados a un partido político debemos demostrarle al gobierno que no le tememos, que queremos el cambio, y que esperamos, confiando en Dios, que pronto se acabará esta plaga socialista que tanto daño nos hace.