• Caracas (Venezuela)

Jesús Rangel Rachadell

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El BCV contra los pobres

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La frase más escuchada los últimos meses es: ¿Viste cuánto subió el producto tal? No importa en dónde, cuándo o con quiénes, la pregunta surge una y otra vez en las conversaciones del día a día de los venezolanos; una eterna quejadera.

Repetidas veces hemos escuchado de economistas y otras personalidades la palabra “inflación” o la “elevación del nivel general de precios”, cosa que sucede en nuestro país. Ahora bien, la inflación se genera, entre otras razones: porque hay menos productos, pero la misma cantidad de personas consumiendo, o porque hay más dinero en las manos de los mismos consumidores buscando los productos que son demandados. Ambas situaciones pueden evidenciarse en Venezuela.

Hay dos ganadores claros con la inflación: los vendedores que puedan subir de precio sus productos sin problemas (productos no regulados) y los que tienen el control de cuánto dinero circula en la economía (el gobierno, a través del Banco Central de Venezuela).

La inflación es un fenómeno al que los venezolanos están tan acostumbrados que el oficialismo ni se preocupa en informar su magnitud, algo descarado. A pesar de que el BCV no puede financiar al régimen directamente –lo tiene prohibido–, este financia a Pdvsa, que legalmente no es “parte del Poder Ejecutivo”. De esta forma Pdvsa obtiene dinero generado de manera ficticia; lo gasta sin quebrantar la ley, y sin preocuparse por dejar rastro del desastre en el que se está incurriendo.

La evidencia de todo esto es que la liquidez ha aumentado, desde enero de 2014, casi cuatro veces según cifras del Banco Central, pero el aumento real es mayor por efecto de la actividad bancaria, por eso es que no pueden controlar la inflación regulando el precio de unos productos. Para colmo de males, el gobierno vende menos dólares, que tienen el efecto de absorber liquidez monetaria. Total, que estamos en el peor de los mundos.

Durante la Edad Media, cuando los reyes necesitaban más dinero, tomaban una cantidad de monedas, las fundían, las juntaban con metales de menor valor y forjaban más monedas de las que existían inicialmente. Las monedas tendrían menos valor, pero los reyes tendrían más monedas a su disposición.

Alemania, luego de la Primera Guerra Mundial, se encontraba sumida en deudas con países extranjeros y con prestamistas internos. Dado que el país no producía lo suficiente como para pagar sus deudas, el gobierno decidió devaluar la moneda, así como lo hacían algunos reyes de la Edad Media, y como sucede aquí. En nuestro caso específico, toman los dólares que tienen y crean más bolívares para sí mismos, con la consecuencia de que estos cada vez valen menos.

Los 40 años de la democracia no fueron inocentes de este error, aunque en los últimos años se ha llevado la inflación a niveles nunca antes vistos, y no muestran señales de que la puedan controlar durante los próximos meses.

Maduro es el responsable de la inflación, creyó que el dinero del petróleo iba a llover para siempre y le ordenó al BCV incumplir su objetivo fundamental de lograr la estabilidad de precios y preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria (artículo 318 de la Constitución).

La crisis económica que ha creado el Ejecutivo también es consecuencia de que el BCV incumplió su atribución de formular y ejecutar una buena política monetaria, de ejecutar alguna política cambiaria coherente, de regular debidamente la moneda, fijar correctamente el crédito y las tasas de interés, así como administrar apropiadamente las reservas internacionales (competencias otorgadas por el mismo artículo citado arriba).

El BCV tampoco rinde los informes periódicos sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas del país y los análisis que permitan su evaluación (oculta las cifras de escasez y de inflación de manera irresponsable), por lo que procede la remoción de su directorio y la aplicación de las sanciones administrativas de nuestro ordenamiento jurídico (artículo 319 de la Constitución), como las previstas en la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal.

El BCV está sometido al control posterior de la Contraloría General de la República y a la inspección y vigilancia de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario, y debe remitir informes de las inspecciones que realice a su órgano de control que es la Asamblea Nacional (artículo 319 mencionado). Solo falta revisar las cuentas y balances que son objeto de auditoría externa para saber la verdad de las locuras del BCV.

Todos los venezolanos perdemos con esta situación, y tristemente unos más que otros. La clase alta y los dueños de empresas pueden aumentar el precio de sus productos o lo que rinden sus inversiones a la misma velocidad que la inflación. La clase media, al ser mano de obra calificada, puede exigir un aumento de salario acorde con sus conocimientos o, en el peor de los casos, irse del país. Es la clase baja, la cual no puede irse, que no tiene negocios con los cuales defenderse –aparte de algunos que pueden bachaquear–, y su salario aumenta lentamente, la que se ve más afectada.

El gobierno les hace daño a los pobres imprimiendo dinero sin respaldo, y el salario mínimo sigue siendo apenas una fracción de este aumento.