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Jesús Puerta
A tres manos*

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Jesús Puerta
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El ethos de las ciencias sociales en Venezuela

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El ethos de las ciencias sociales, es, por supuesto, el ethos de nosotros, los investigadores; es decir, de los intelectuales tradicionales, en el sentido gramsciano: los que damos clases, escribimos textos, elaboramos o transmitimos conceptos y explicaciones, que ejercemos nuestra función social como tales. Umberto Eco distinguía varias figuras representativas de los intelectuales, específicamente, de las posibles posiciones de sujeto de los intelectuales en relación con el poder: Platón (el asesor), Aristóteles (el maestro o tutor), Ulises (el resuelve-problemas) y Sócrates (el tábano).

Así, los intelectuales, en ocasiones, podemos ser asesores o consejeros del poder. Proponemos planes. Sugerimos los conceptos de los discursos. Aconsejamos estrategias. Todo lo que Platón en una ocasión quiso hacer con aquel tirano de nombre Dionisos quien, al final, se pensó tan o más filósofo que Platón, y terminó echándolo de su reino. Otros, se dedican a la docencia o a la formación de los individuos, de las nuevas generaciones, de los ciudadanos, como se quiera ver. Un tercer grupo a veces es consultado ante grandes dificultades y aportan soluciones para el momento; conciben pequeños “caballos de Troya” que pueden, de inmediato, resolver el problema “técnico” de terminar de tomar la ciudad sitiada. Finalmente, la posición más incómoda es la del tábano, la de ese animalito que fastidia al poder con su zumbido, con sus picadas, con sus ironías y críticas, por lo que cabe esperar, en cualquier momento, un zarpazo asesino que lo aplaste. Esa fue la suerte de Sócrates, el ejemplo de pensador crítico del poder por antonomasia.

Hay dos subgrupos (puede haber más) de los tábanos: los “mediáticos” y los “extracríticos”. Los primeros son los opinadores, con columnas de prensa o invitaciones constantes en TV o la radio. En un estudio nuestro sobre la massmediación de la política en el lapso 1989-1998, observamos, entre otras muchas cosas, que, junto con la función cronotópica, que construía una actualidad y una cercanía jerarquizadoras de la noticia, y la función de agenda, que le permite a los medios establecer los tópicos a discutir en el espacio público, hay una función protagonizante que seleccionaba líderes, protagonistas. Se trata de otra función que las empresas mediáticas les arrebataron a los partidos políticos desde mediados de la década de los setenta, junto a la propaganda, la agitación e, incluso, la organización o la coordinación de acciones de calle (guarimbas de 2003, golpe de 2002, paro petrolero). Pues bien, desde por lo menos 1989, o quizás antes, los medios se llenaron de declaraciones de “expertos”, académicos o especialistas, que asumían roles de liderazgo. Por supuesto, esto formaba parte de una estrategia de desplazamiento del liderazgo partidista, que remató en la formación del grupo de los “Notables”. En la actualidad sabemos de casos de intelectuales que han saltado a ser figuras mediáticas y, de allí, al liderazgo político directo. O sea, ya no son asesores, sino asesorados, manteniendo el prestigio de intelectuales, explotando más bien su “capital simbólico” de tales.

Por “extracríticos” entiendo aquellos que se apartan de las líneas oficiales de sus respectivos bandos, aunque permanecen formalmente en ellos por cálculo o simple táctica, aguardando alguna oportunidad. Esta variedad se halla en los intersticios de la polarización, y es la que podría revertir la erística en dialéctica. Schemel, el de la empresa encuestadora, en la interpretación de una encuesta reciente, hablaba de un “nuevo sujeto histórico”, título que nos suena un tanto pomposo, pero sin dejar de ser interesante.

Podemos ver también estas figuras como funciones y darnos cuenta de que, efectivamente, las ciencias sociales han desempeñado, y desempeñan, funciones de asesoría, educación, soluciones técnicas y crítica.

Así mismo, inspirados en una distinción de Ángel Rama, cabe clasificar los intelectuales en importadores, adaptadores e innovadores. Los primeros son como antenas que captan las últimas ondas que se lanzan desde los centros de Estados Unidos y Europa. Su principal preocupación es la actualización, que siempre significa importar teorías, conceptos, tonos y estilos. Los adaptadores asimilan ese material, lo transforman, lo adaptan y, finalmente, se apropian de esos legados, aplicándolos a estas realidades. Los innovadores aparecen de vez en cuando, como los acontecimientos que rompen la normalidad y la tranquilidad del Ser. A veces ni siquiera son escuchados, porque su idioma es demasiado raro. A los años, al fin, se les lee y demasiadas veces son malentendidos. Pero ya ese mal entendimiento es un avance.