• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

Al instante

Menos tiempo en la escuela, otra razón para revocar a Maduro

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El eje fundamental del desarrollo de un país es la educación. Pero una educación de calidad, la cual implica una jornada escolar suficiente. Por ello, resulta sumamente preocupante que el presidente Nicolás Maduro improvise soluciones a la crisis eléctrica, por ejemplo, mediante la orden de cerrar las escuelas los viernes. De esta manera se pone en riesgo el desarrollo integral de los venezolanos, y específicamente de esos venezolanos que merecen una protección especial del Estado: los niños, niñas y adolescentes.

El fracaso escolar en los primeros grados perjudica la consolidación de la autoestima de los niños, reduce la confianza en su capacidad para enfrentar situaciones desafiantes y los induce a la ignorancia.

La lógica de la educación primaria es garantizar el acceso a los saberes prioritarios, sin los cuales tanto la adquisición de saberes más complejos como la participación ciudadana o la inserción laboral quedan seriamente comprometidos. En este contexto el tiempo en la escuela permite generar más y mejores posibilidades para afrontar esta tensión.

El tiempo destinado para la educación está absolutamente vinculado con la calidad de la misma. Por eso, resulta indispensable garantizar los usos racionales del tiempo en la escuela. En Venezuela, el calendario escolar abarca 200 días al año. Sin embargo, en los últimos años al jefe del Estado “no le ha temblado el pulso” (como él mismo dice) para mutilar la jornada educativa.

Son muchos los obstáculos y problemas que las familias, sobre todo las más humildes, enfrentan cotidianamente y que inciden en el derecho a la educación de los menores de edad. Uno de los más visibles es la búsqueda de alimentos, a la que se incorporan todos los miembros de la familia. El Nacional ha documentado casos concretos de niños y jóvenes que dejan de ir a clases por acompañar a sus padres a hacer cola para intentar abastecerse de los productos más esenciales de la cesta básica alimentaria.

A estas dificultades hay que sumarle la inseguridad personal, la falta de compromiso de algunos padres con la educación de sus hijos, el bajo nivel socioeconómico y la escasa interacción intrafamiliar que impiden desarrollar estrategias de aprendizaje desde el hogar. Evidentemente, si no existe la garantía de satisfacción de necesidades prioritarias, como el acceso a la comida y agua limpia, todo lo demás se convierte en una exquisitez o en una misión imposible.

Como si se tratara de una ironía, o una burla, el anuncio de reducción de la jornada escolar fue realizado por un docente, el vicepresidente Aristóbulo Istúriz. Además, informó que los empleados públicos no trabajarán los días miércoles y jueves. Es decir, además del día viernes, se ha decidido incorporar como días feriados no laborables para el sector público los días miércoles y jueves. Nos preguntamos: ¿cuándo se trabajará entonces en este país?

En un país pobre y asediado por la corrupción, la inseguridad y la violencia lo que se requiere es la prolongación y no la reducción de la jornada escolar. Los días en la escuela son importantes, porque cada día en la escuela es un día menos a la exposición de la delincuencia. En la escuela los niños son estimulados a establecer y mantener relaciones interpersonales, desarrollar identidades sociales y comprometerse con valores democráticos.

Para poder lograr una educación eficiente, es imprescindible restituir tanto la dignidad de la educación como la del profesor. Ningún cambio educacional es posible reduciendo la jornada escolar. Es necesario recuperar la presencia y la distinción del profesor y reconocer su gran papel en la sociedad.

La reducción de la jornada escolar conspira contra el proceso de transmisión, difusión y producción del conocimiento, como en la formación personal de los niños. El sistema educativo debe ser cada vez más eficiente, lo cual es necesario para el adecuado desarrollo del país.

Este nuevo invento del presidente Nicolás Madura significa atraso, ineficacia y el reconocimiento de una política incorrecta que ni siquiera alcanza a cumplir los objetivos del Plan de la Patria 2013-2019.

Nicolás te pregunto: qué pasó con el objetivo 2.2.2.6 del referido plan, mediante el cual el gobierno se compromete a “extender la cobertura de la matrícula escolar a toda la población, con énfasis en las poblaciones excluidas”.

Las metas no logradas siguen pendientes: incrementar la matrícula de 13% hasta 40%; universalizar la matrícula al 100% de cobertura; consolidar la universalización aumentando al 100% de la población objeto; incrementar la matrícula al 100% para lograr que toda la población alcance un nivel de instrucción promedio no menor a educación media general o media técnica; e incrementar la matrícula de la educación técnica 40%.

La reducción de la jornada escolar es la evidencia de la desidia gubernamental y del fracaso del oficialismo en la pretendida construcción del socialismo bolivariano del siglo XXI. Es una prueba más de que este gobierno no funciona y hay que revocarlo.