• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

Al instante

Los desafíos de, por y para la mujer venezolana

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hay un dicho popular que dice que “a una mujer no se le debe pegar ni con el pétalo de una rosa”, pero en pleno siglo XXI muchas sociedades permiten la violencia y discriminación en contra de la mujer. Por ejemplo, según la Organización Mundial dela Salud, la mutilación genital femenina es permitida en 27 países de África; en Indonesia, las mujeres que desean estudiar en la universidad deben someterse a un test de virginidad; en India, a los hombres les permiten ofrecer a sus esposa como garantía de pago de deudas; en Túnez, la mujer puede recibir únicamente la mitad del dinero proveniente de una herencia, mientras que sus hijos o hermanos recibirán el doble; en la República Democrática del Congo, la mujer debe contar con la autorización de su esposo para poder trabajar o tener un negocio; en Nicaragua, el hombre es el único representante de la familia, y en Estados Unidos, en el estado de Arkansas, los hombres pueden golpear a su mujer o esposa una vez al mes.

En Venezuela, aunque existe una ley que protege a la mujer, seguimos viviendo dentro de la cultura de maltrato. En muchas ocasiones los hombres se comunican con las mujeres a través de la violencia, mientras que las mujeres lo hacen a partir del silencio y el temor. La violencia contra la mujer forma parte de nuestra cotidianidad, y en muchas ocasiones aquellas personas que  son testigos de tales hechos, los consideran intrascendentes y hasta  se hacen cómplices.

No existe una familia venezolana en la cual una abuela, madre, hermana o prima no haya sido maltratada de algún modo.  El maltrato puede ser cotidiano: la descalificación, los insultos, los golpes, la presión emocional, las amenazas, el acoso sexual, la privación de la libertad… La muerte es el final de esa espiral de violencia de género que, afortunadamente, puede y debe ser detectada y detenida a tiempo. Sin embargo, algunos factores inhiben el proceso de denuncia por o a favor de las mujeres víctimas de violencia. Los más visibles son: el temor, los vínculos afectivos, la falta de apoyo familiar y las relaciones de poder, particularmente económico.

El derecho de las mujeres a vivir libres de violencia y discriminación es, más que una meta alcanzada, un desafío impostergable. La promulgación y efectividad de instrumentos nacionales e internacionales de derechos humanos que protegen el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia corresponde al histórico trato discriminatorio históricamente dado a las mujeres en sus sociedades. Un ejemplo paradigmático fue la lucha de las  mujeres latinoamericanas por el derecho al voto y a ser elegidas. En Venezuela, las acciones políticas de las mujeres por sus derechos civiles tienen un hito importante en la lucha contra la dictadura del General Juan Vicente Gómez, que se instaló en 1908 y duró 27 años, hasta sla muerte del dictador en 1935. Pero es en 1947 cuando se constitucionaliza el derecho a votar y ser elegido sin distingo de sexo, a partir de los 18 años.

El 8 de marzo se  conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Fue un día que debió servir de inspiración para que el Estado haga letra viva la Ley Orgánicasobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; y para que acate las observaciones emanadas del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas. En su informe del 7 de noviembre de 2014, al referirse a Venezuela, el Comité señaló que “le preocupa profundamente que la violencia contra las mujeres y las niñas es generalizada y en aumento”.

Son muchas las tareas pendientes para resolver: a.- la falta de información sobre las formas, la prevalencia y las causas de la violencia contra las mujeres y la ausencia de un sistema de recolección y procesamiento de datos desglosados; b.- la aplicación insuficiente de la Ley Orgánicasobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; c.- la falta de acceso efectivo a la justicia para todas las mujeres víctimas de la violencia en todo el país, debido a las insuficientes estructuras y el funcionamiento inadecuado del sistema judicial, el bajo número de casos enjuiciados y el hecho de que los tribunales especializados no se han establecido en todo el país; y d.- el número insuficiente de refugios para las víctimas, pues la ley exige uno por cada estado y solo existen seis.

El Día Internacional de la Mujer evoca a las mujeres como artífices de la historia y su lucha por participar en la los asuntos públicos junto a los hombres y en condiciones de igualdad. Un ejemplo de esta lucha lo encarna Lucila Palacios, integrante de la gloriosa generación de 1928. Junto a muchas mujeres participó en protestas estudiantiles que se desarrollaron en Caracas contra la dictadura gomecista. En su texto La mujer y la política, Palacios ofrce detalles: “Su aparición produjo alarma en el primer momento. Había sufrido una crisis el hogar tradicional. Más el hecho de que una fuerza nueva se uniera al sentimiento de libertad, unánime en el pueblo, no representaba la disolución del centro hogareño. La mujer iba a defender el medio propio, la vida familiar, de las arremetidas de la barbarie.”

Hoy la situación no dista mucho de la situación de 1928. La mujer sigue dando la talla. Es madre, ama de casa, esposa, novia, trabajadora y cotidianamente se enfrentan a una dictadura, distinta a la del General Gómez pero dictadura al fin.

Las mujeres venezolanas están desesperadas por lo que está pasando en el país, sus hijos, esposos, hermanos, novios están siendo víctimas de torturas. Como resultado de prácticas patriarcales la crisis económica pesa más sobre los hombros de las mujeres, pues injustamente se les ha asignado la responsabilidad exclusiva de alimentar y curar, lo cual es extremadamente complicado y a veces imposible por estos días.

Para colmo, protestar, como lo hizo Lucila Palacios en 1928, implica correr el riesgo de perder la vida en el intento, por la desgraciada aplicación de la resolución 8610, que autoriza a efectivos de la Fuerza Armada Nacional a usar armas de fuego contra manifestantes.