• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

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El delirio de Aristóbulo

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Un millón de viviendas, 7.600 taxis importados de China, incremento de la recaudación tributaria, disminución de la pobreza, protección del salario… Estos fueron algunos de los supuestos logros destacados por el vicepresidente de la República, Aristóbulo Istúriz, al rendir cuentas ante la Asamblea Nacional sobre la gestión del gobierno durante 2015.

Sin reconocer expresamente las fallas, Istúriz repitió las excusas: el insaciable apetito estadounidense por el petróleo venezolano, la escasez inducida de bienes y servicios desarrollada por la oposición con la finalidad de mellar el amplio apoyo popular de la revolución bolivariana, el sabotaje industrial y/o empresarial que redujo la mínima capacidad instalada, el contrabando hacia Colombia…

La realidad es que en Venezuela la situación cada día es más caótica. La inflación durante el año pasado fue de 180%, la más alta del mundo. El desequilibrio de la balanza comercial ascendió a 250 millardos de dólares y disparó la deuda externa. Las reservas internacionales se redujeron por debajo de los 15 millardos de dólares, según cálculos conservadores y la caída de las importaciones es constante y cada vez más estrepitosa. Habría que agregar que la falta de divisas ha conllevado a que en el mercado negro el dólar se cotice a más de 100 veces la tasa oficial, con lo cual se ha agudizado la situación de escasez de bienes básicos, como los alimentos y los medicamentos.

Lo cierto es que ni los argumentos ni las cifras gruesas expuestas por Istúriz cuadran con la realidad. El discurso del vicepresidente de la República no es más que una expresión del cinismo e indolencia ante las penurias de la población.

A Istúriz se le olvidó mencionar el desabastecimiento y la escasez, que se verifican dramáticamente en las largas colas a las puertas de los supermercados y centros comerciales que, por los recortes de electricidad, ahora tienen cierres parciales.

También se le olvidó referir la situación de pobreza en la cual está inmersa la mayoría del país, pues según los estudios realizados por las más prestigiosas universidades nacionales alcanza a 75% de la población.

Tampoco aludió el tema de la falta de acceso al agua potable, la crisis penitenciaria, la corrupción y la inseguridad personal.

En medio de esta crisis que vive el ciudadano (que, por cierto, no la padecen los privilegiados del gobierno) lo que se esperaba en la presentación de la memoria y cuenta era un balance sincero de los problemas que aquejan al país.

Aristóbulo Istúriz aseguró que son evidentes los logros políticos y sociales del gobierno. Pero el ciudadano no tiene para comer y muere a manos del hampa o por falta de recursos en los hospitales públicos.

La retórica del vicepresidente de la República es delirante, porque el progresivo empobrecimiento de los venezolanos se siente y padece a diario; incluso tres veces al día.

Al parecer, Istúriz es sordo y ciego ante el legítimo reclamo ciudadano: que se le proteja de las amenazas a sus derechos. Es por eso que, ante la incapacidad real del gobierno, la Asamblea Nacional tiene el reto de promover soluciones bajo un enfoque de seguridad humana, fundamentadas en las realidades locales y en las necesidades verdaderas de la gente.