• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

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Presos políticos a garrote vil

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El aislamiento en solitario es una práctica que implica la vulneración de derechos humanos fundamentales, especialmente el derecho a la integridad personal física y mental. Viola el artículo 272 de la Constitución, mediante el cual se reivindicó una vieja lucha referida a los derechos de las personas privadas de libertad. La situación en que se encuentran los 77 presos políticos que existen en el país, algunos de ellos sometidos a aislamiento en solitario, evidencia lo mucho que hemos perdido los venezolanos en los últimos 15 años.

Recientemente, Felipe González, ex jefe de gobierno español abandonó Caracas al no haber recibido autorización por parte de las autoridades venezolanas para visitar en la cárcel al dirigente opositor preso Leopoldo López. Pero, nos preguntamos: ¿realmente Leopoldo López y demás presos políticos tienen el derecho de ser visitados por Felipe González u otra persona, o se trata de un privilegio el cual el gobierno puede negar?

El acceso a las personas detenidas es una garantía fundamental en contra de las violaciones de derechos humanos de las personas privadas de libertad.  Esta garantía es útil para evitar torturas, tratos cueles, inhumanos o degradantes, y desapariciones forzadas, al tiempo que contribuye a eliminar el aislamiento en el que se suelen cometer los mayores abusos en contra de los presos.

Esta garantía es tan importante que, de ser realmente efectiva en el sistema penitenciario venezolano, hubiera podido evitar las desapariciones forzadas acaecidas en 2009 de los ciudadanos Francisco Dionel Guerrero Lárez y Eduardo José Natera Balboa en  la Penitenciaría General de Venezuela y el Centro Penitenciario Región Oriental “El Dorado”, respectivamente.

No se trata de un privilegio. Tener acceso a las personas detenidas es muy importante, porque al visitar a los presos, sus familiares y personas interesadas en su bienestar podrán apreciar las condiciones de reclusión, de modo que si son incompatibles con los estándares mínimos reconocidos por la comunidad internacional para la protección de todas las personas sometidas a cualquier forma de detención o prisión pueden intervenir en su favor.

Los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos reconocen el derecho de acceso a las personas detenidas. Entre ellos destacan el conjunto de principios para la protección de todas las personas sometidas a cualquier forma de detención o prisión, así como las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.

Los artículos 7 y 10 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos se relacionan directamente con el tratamiento de los reclusos y las condiciones de reclusión, incluyendo lo relativo al aislamiento solitario. En este sentido, el artículo 7 establece que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes...”. El artículo 10 de dicho instrumento, dispone que “toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano (…) el régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los penados”.

El gobierno venezolano debe garantizar que el detenido pueda comunicarse periódicamente, por correspondencia o mediante visitas, no solo con los familiares, sino también con abogados y médicos independientes: los abogados, para garantizar que se respetan los derechos del detenido y ayudarle a preparar su defensa; los médicos, para asegurarse de que se encuentre en buenas condiciones de salud y verificar que no ha padecido tortura ni malos tratos.

Las violaciones de los derechos humanos de los presos políticos son tan aberrantes que la podemos comparar con aquel método de ejecución, vigente en España desde 1820 hasta 1978, que terminaba con la vida de los condenados a la pena capital mediante la rotura del cuello.

Los ejemplos sobran: “La Tumba” del Sebin de Plaza Venezuela, echarle excremento a un privado de libertad, como lo hizo el coronel Homero Miranda a Leopoldo López, o las humillaciones y maltratos de los cuales han sido víctimas, Daniel Ceballos, Raúl Baduel, Alexander Tirado y todos los presos políticos que cotidianamente reciben golpizas. Son ejemplos del garrote vil ejercido en el penitenciarismo bolivariano.