• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

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Jesús Ollarves Irazábal

Pao Cachinche o la negación del derecho al agua

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El agua es un verdadero derecho humano. Se encuentra establecido implícitamente o explícitamente en tratados, declaraciones y otros documentos internacionales. Pero una cosa es reconocer un derecho humano y otra es comprender su significado, alcance y trascendencia.

El agua es el elemento principal de la materia viva. Independientemente de nuestras diferencias políticas, económicas, sociales y culturales, todos los seres vivos necesitamos agua para cumplir con nuestras funciones básicas: nacer, crecer y desarrollarnos. Sin agua ni las plantas, ni los animales ni los seres humanos podríamos existir.

No se trata de cualquier líquido. El agua es imprescindible para que las plantas realicen la fotosíntesis y proporcionen oxígeno al planeta, para que los cuerpos se hidraten, para que los alimentos se movilicen en el organismo, para eliminar los desperdicios que en forma de transpiración y orina el mismo cuerpo excreta.

El ser humano necesita alrededor de dos litros de agua por día para funcionar normalmente. Cuando ocurre una disminución de líquidos en el organismo se deshidrata, lo cual impide que se lleven a cabo las funciones de una manera óptima. Cuando sentimos sed es porque el cuerpo necesita de agua y a este aviso debemos hacer caso inmediatamente. Si no damos al cuerpo el agua que pide, se produce la deshidratación, y consecuentemente corremos el riesgo de morir.

Se trata de un derecho humano personalísimo, que debe ser promovido y protegido por todos los Estados.

La Observación General Nº 15 emanada del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales señala: “El derecho humano al agua es el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico. Un abastecimiento adecuado de agua salubre es necesario para evitar la muerte por deshidratación, para reducir el riesgo de las enfermedades relacionadas con el agua y para satisfacer las necesidades de consumo y cocina y las necesidades de higiene personal y doméstica”.

El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua. Es un día para destacar la función esencial del agua y propiciar mejoras para la población que sufre de problemas relacionados con el agua. Es un día para debatir cómo debemos gestionar los recursos hídricos en el futuro.

También es un día para que las autoridades venezolanas enfrenten con seriedad la problemática del agua en los estados Carabobo, Guárico y Aragua, cuyos habitantes ven disminuida su calidad de vida por la contaminación del embalse Pao Cachinche, que es reservorio de agua dulce para el consumo humano de los habitantes de la Gran Valencia.

La evidencia incontrovertible es el colapso del vertedero de basura La Guásima, que afecta el sistema de recolección y disposición final de los desechos sólidos, y también perjudica la calidad del agua que se envía a las viviendas de miles de familias en el estado Carabobo.

La situación es alarmante, pues los líquidos tóxicos que produce la basura descargada en el vertedero La Guásima están drenando a través de las quebradas La Bermeja y El León hacia el embalse Pao Cachinche, lo cual no solo constituye un delito ambiental sino también una violación de los derechos humanos y especialmente de los derechos a la salud y vida.

Sobre la calidad del agua, el estándar más favorable indica que el agua necesaria para el uso personal o doméstico debe ser salubre y, por tanto, no ha de contener microorganismos o sustancias químicas o radiactivas que puedan constituir una amenaza para la salud de las personas. Además, debería tener un color, un olor y un sabor aceptables para cada uso personal o doméstico.

Sin embargo, los habitantes de la Gran Valencia día a día deben lidiar con aguas sucias y fétidas. Los problemas de salud relacionados de forma evidente con el agua se deben a la contaminación por microorganismos (bacterias, virus, protozoos u otros organismos). Además, existe un número considerable de problemas graves de salud que pueden producirse como consecuencia de la contaminación química del agua de consumo.

El derecho al agua debe tomarse en serio. La seguridad del agua se mejora mediante la implantación de barreras múltiples, como la protección de los recursos hídricos, la selección y aplicación correctas de una serie de operaciones de tratamiento, y la gestión de los sistemas de distribución bien sea por tuberías o de otro tipo, para mantener y proteger la calidad del agua tratada.

El embalse Pao Cachinche, dejó de ser un reservorio de agua limpia y se ha convertido en un gran pozo séptico en el cual los mayores riesgos microbianos son los derivados de los excrementos humanos o animales que son la fuente de patógenos, como bacterias, virus, protozoos y helmintos.

El Estado venezolano debe tener presente que el agua es un derecho que ha marcado una senda en la toma de decisiones necesarias para garantizar, con equidad, el acceso al agua potable que es necesario para la vida. Para que no se nos escape entre las manos, el agua debe ser vista como un derecho que genera obligaciones. Y hay que cumplirlas cabalmente.