• Caracas (Venezuela)

Jesús Ollarves Irazábal

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Agua que no has de beber, déjala correr

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Agua que no has de beber déjala correr es un refrán popular que sugiere que cuando un asunto no es de la incumbencia propia, lo mejor no es involucrarse y dejar que la corriente siga su curso. Pero en este caso lo mencionamos como un alerta al ciudadano, cuya salud y vida se encuentra amenazada por el riesgo de ingerir agua contaminada. También, para llamar la atención al gobierno frente a su indiferencia con el problema, que es de su absoluta competencia.

Se supone que el Estado debe garantizar al ciudadano el acceso al agua potable.  El consumo de agua contaminada es frecuente en las comunidades que registran mayor número de pacientes con síntomas de cólera y otras enfermedades. 

Independientemente de la escasez del agua que vive todo el país, el mayor problema es la contaminación. El ejemplo más visible: el agua contaminada que reciben los habitantes de los estados Aragua, Guárico y Carabobo. Un examen científico sobre el estado actual del agua en Valencia, demostró tres veces más color amarillento del permitido, así como cinco veces más contenido de aluminio (1mg por litro) y tres veces más presencia de hierro (0,70mg por litro) del aceptado por las autoridades.

El agua necesaria para uso personal o doméstico debe ser salubre, y por tanto, no ha de contener microorganismos o sustancias químicas o radiactivas que puedan constituir una amenaza para la salud de las personas. Además, el agua debería tener un color, un olor y un sabor aceptables para el uso personal o doméstico.

Los problemas de salud relacionados de forma evidente con el agua se deben a la contaminación por microorganismos: bacterias, virus, protozoos u otros organismos. No obstante, existe un número considerable de problemas graves de salud que pueden producirse como consecuencia de la contaminación química del agua de consumo.

El agua debe ser de una calidad que no comprometa su salud. Debe evitarse la transmisión de las enfermedades de origen hídrico por la contaminación del agua. Es por ello que el Estado debe adoptar buenas prácticas relacionadas con la seguridad y la calidad del agua: legislación adecuada a los estándares internacionales, sistemas de verificación de la calidad del líquido, sistemas de saneamiento ecológico, mecanismos eficientes para el vaciado de letrinas en entornos complejos como los barrios, soluciones de saneamiento de bajo costo que eviten que las personas y los animales entren en contacto con los excrementos humanos, purificación, filtración u otras soluciones de bajo costo para potabilizar el agua, y mecanismos higiénicos de almacenamiento en los hogares.

Parte de la solución del problema fue la aprobación por unanimidad de un acuerdo de la Asamblea Nacional sobre la problemática del agua durante la sesión ordinaria de del pasado 19 de enero, cuando se exhortó “a las autoridades competentes estadales y municipales a la identificación de las zonas y circunstancias de mayor riesgo para cada escenario de escasez, prestando especial atención a los problemas vinculados con la salud de la población y actividades con gran repercusión social o importancia estratégica para la actividad económica de la zona.”

La seguridad del agua se mejora mediante la creación de barreras múltiples, como la protección de los recursos hídricos, la selección y aplicación correctas de una serie de operaciones de tratamiento, y la gestión de los sistemas de distribución (por tuberías o de otro tipo) para mantener y proteger la calidad del agua tratada. Lo recomendable sería la creación de un  sistema de gestión que haga hincapié en la prevención o reducción de la entrada de elementos infecciosos a los recursos hídricos y que reduzca la dependencia en las operaciones de tratamiento para su eliminación, por ejemplo evitar la excesiva cloración del agua.

Los mayores riesgos de infección se derivan del consumo de agua contaminada con excrementos humanos o animales. La basura, los excrementos y las sustancias químicas radioactivas son las principales fuentes de bacterias, virus, protozoos y helmintos, cuya presencia aumenta considerablemente el riesgo de enfermedades y pueden desencadenar brotes de enfermedades transmitidas por el agua. Por estos motivos, para garantizar la ausencia de microbios en el agua de consumo, las autoridades no pueden confiarse únicamente en la realización de análisis del producto final, incluso si se realizan con frecuencia. El estándar preventivo más beneficioso indica que el agua debe ser analizada permanentemente.

El agua no es cualquier cosa. Es el elemento principal de la materia viva. Independientemente de nuestras diferencias políticas, económicas, sociales y culturales, todos los seres vivos necesitamos del agua para cumplir con nuestras funciones básicas: nacer, crecer y desarrollarnos. Sin agua, sencillamente ningún ser vivo puede existir. El agua es imprescindible para que las plantas realicen la fotosíntesis y proporcionen oxígeno al planeta, para que los cuerpos se hidraten, para que los alimentos se movilicen en el organismo, para eliminar los desperdicios que en forma de transpiración y orina el mismo cuerpo excreta. El ser humano necesita alrededor de dos litros de agua limpia por día para funcionar normalmente. Cuando ocurre una disminución de líquidos en el organismo, este se deshidrata, lo cual impide que se lleven a cabo las funciones de una manera óptima.

Cuando sentimos sed, es porque el cuerpo necesita de agua y a este aviso debemos hacer caso inmediatamente. Si no damos al cuerpo el agua que pide, se produce la deshidratación, y consecuentemente corremos el riesgo de morir. Por estas simples razones inferimos sin dudas que el agua es un derecho social fundamental.

Sin agua no hay vida posible. Se trata de un derecho humano personalísimo, que debe ser garantizado por cualquier sociedad y todo Estado. Resulta ser una condición esencial, previa, que condiciona la existencia y el ejercicio de cualquier otro derecho humano.

El problema de la falta de agua limpia se ha vuelto recurrente y la mala calidad del vital líquido también se enfrenta al silencio del gobierno de Nicolás Maduro, pues nada ha dicho sobre las fallas que presentan las plantas de tratamiento que procesan el agua del embalse Pao Cachiche. El Ejecutivo tampoco ha dicho nada sobre la contaminación de las aguas por detergentes, agroquímicos y desechos inorgánicos que se vierten a los ríos afluentes del lago de Valencia.

El derecho al agua implica la posibilidad cierta de acceso, sin interferencias abruptas. Desde otro punto de vista, del derecho de los ciudadanos a beneficiarse de un sistema de abastecimiento y gestión del agua que ofrezca a la población iguales oportunidades de disfrutar del agua.

El 22 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Agua. Era el día para destacar la función esencial del agua y para que las autoridades anunciaran un gran acuerdo nacional para propiciar mejoras para la población que sufre de problemas relacionados con el agua. Era un día para debatir cómo debemos gestionar nuestros recursos hídricos en el futuro. Era el día para anunciar al país más inversión para recuperar las plantas de tratamientos y potabilización, así como implementar una política educativa a la colectividad para conservar el agua y mejorar su calidad.