• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

Al instante

El plan de Rodríguez Torres

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En razón de la problemática electoral existente durante la última candidatura presidencial de Hugo Chávez, los estudios de opinión arrojaban índices muy negativos en cuanto a la percepción de inseguridad en el país. Recordemos que la dinámica socio-económica de Venezuela ha estimulado aceleradamente los cambios en las prioridades para la sociedad; en aquel entonces, la principal preocupación trataba sobre la inseguridad, por supuesto, sin minimizar los otros factores como el económico, laboral, la salud y la educación.

Como es bien conocido, en nuestro país, el problema económico pasó actualmente a ocupar el primer lugar; sin embargo, en esta ocasión nos trasladaremos a aquellos momentos cuando la inseguridad protagonizaba el descontento nacional más que la economía y el desabastecimiento, escenario que igual resultaba perjudicial para las expectativas electorales del desaparecido ex presidente Chávez.

Considerando la situación previa, Rodríguez Torres propuso al ex presidente de la República, un plan de seguridad estricto, a los fines de minimizar drásticamente la delincuencia en el país en un período inicial de seis meses, lo que implicó una gran inversión para el crecimiento de los cuerpos policiales, adquisición de armas, patrullas y diseños de estrategias como los cuadrantes de seguridad e infiltración en las zonas de alta peligrosidad, considerando, desde luego, un despliegue en todas las ciudades, aprovechando la circunstancia de que una gran cantidad de delincuentes ya se encuentran identificados por los funcionarios policiales, quienes a su vez se han visto frustrados ante un sistema judicial y de corrupción que ha permitido al delincuente permanecer en las calles.

El plan de seguridad de Rodríguez Torres, para erradicar la delincuencia, no fue aceptado por el ex presidente Chávez, y lo consideró conveniente para fines distintos a los propuestos por Rodríguez Torres, de esa manera priorizaron la función de los cuerpos de seguridad en proteger al gobierno frente al ciudadano ante un eventual estallido social.

Inevitablemente, la persecución y erradicación del crimen, involucraba, a su vez, tener en la mira a los movimientos armados denominados “colectivos”, que comprende un andamiaje importante en la delincuencia organizada en Venezuela y, por si fuera poco, apoyados por el gobierno a los fines de tener grupos de guerrillas urbanas, capaces de confrontar deliberadamente cualquier movimiento contra el gobierno, así como también realizar oposición armada ante un gobernante que no sea afín a sus intereses.

Dichos grupos, al informarse del mencionado proyecto de seguridad, y posterior a la ausencia de su benefactor Hugo Chávez, no dudaron ni disimularon sus fuertes quejas ante Miraflores y la opinión pública, bajo el terror de que una vez ausente el ex presidente se le haya podido dar ejecución al plan de seguridad que prometía ser eficiente; al más puro estilo del ex alcalde metropolitano de caracas Alfredo Peña, recordado por su acuñada frase: Plomo al hampa.

Desafortunadamente, el mencionado proyecto de seguridad fue rechazado y se le dio una función distinta a la original, que en este caso se convirtió en la de preservar el gobierno y mantener a la sociedad bajo control.

Como agravante, el gobierno de Maduro fue lejos con la creación de las “zonas de paz”, una vulgar imitación de las “zonas liberadas” de Colombia, convirtiéndose en bases de operaciones para la reproducción y organización de la delincuencia, sumado al control de la población de dichas zonas por medio del terror, convirtiéndose ahora en grupos anárquicos, que persiguen la eliminación de los cuerpos de seguridad como forma de elevar su estatus entre las bandas criminales.

El enfoque de un gobierno distinto debe estar dirigido a la erradicación de la delincuencia, para que medianamente vuelva la tranquilidad al país, por supuesto, incorporando a la participación ciudadana a tan difícil labor.