• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

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El error histórico del pacto con Irán

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En días recientes países como Estados Unidos de América, China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania levantaron las sanciones que habían ejercido contra la República Islámica de Irán, sanciones contraídas consecuencia de la potencial amenaza que dicho país “representaba”. Tales sanciones incluían las restricciones para el intercambio comercial internacional, incluyéndose las negociaciones en materia de hidrocarburos que limitaban a dicho país. Adicionalmente, y lo más relevante para efectos del presente artículo, es el tema del programa nuclear iraní, asunto también discutido previamente en la mesa de negociaciones para llegar a los recientes acuerdos.

Mi preocupación sobre tales negociaciones es que no han sido realizadas bajo un análisis sobrio del contexto geopolítico del medio oriente y particularmente de los gobiernos sucesivos de Irán.

En cuanto se refiere al programa nuclear, las potencias se limitaron a autorizar el desarrollo de esa peligrosa fuente energética bajo la supervisión regular de inspectores internacionales de la ONU, así como si se tratara de un país caracterizado por tener vocación democrática y pacifista, siendo más bien calificados por el gobierno norteamericano como uno de los países del “Eje del Mal”, es decir, ubicándolo nada más y nada menos que a la par de Corea del Norte e Irak, en este contexto no nos estamos refiriendo a hechos acaecidos en siglos pasados sino a años recientes.

Entre sus gobernantes, el reciente ex presidente Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) manifestó y promovió ante una conferencia estudiantil llamada: Por un mundo sin sionismo que el Estado de Israel debía ser “borrado del mapa y que la nación musulmana no permitirá a su enemigo histórico vivir en su propio corazón”, siendo de sobremanera el Estado de Israel un símbolo de protección en el medio oriente para la preservación de un mundo libre y democrático.

La conducta belicista y desafiante que han manifestado históricamente los gobiernos de Irán, no descarta en lo absoluto la posibilidad de rendirse en futuro a la tentación de desarrollar armas nucleares, y aun más con tal autorización que justificará la ampliación de su infraestructura destinada a la investigación y al desarrollo nuclear.

En la intervención realizada recientemente en el Congreso de los Estados Unidos por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, manifestó que el Oriente Medio es “una región donde las más pequeñas escaramuzas desatan una guerra”, lo cual es auténtico y evidente, si le hacemos seguimiento constante a los conflictos que allá se presentan, muchas veces también provocados por acciones individuales que comprueban la carga de violencia que existe en las poblaciones vecinas. Ejemplos de ello abundan: Los constantes lanzamientos de misiles al territorio israelí desde la franja de Gaza, los ataques  repentinos a tropas israelíes, entre innumerables sucesos lamentables.

Ahora bien, los principales países objeto de las manifestaciones de odio en el Oriente Medio han sido Israel y Estados Unidos; región donde se ha estimulado y promovido la destrucción de los mencionados países bajo la bandera de la jihad islámica o guerra santa contra occidente, generándose incesantes ataques en diversas regiones del mundo.

Se ha comentado que la intención de las potencias de autorizar a Irán a abrir sus fronteras comerciales es la de suministrar más petróleo al mercado internacional, y así mantener los bajos costos del barril; pero desde una perspectiva más integral es una decisión irresponsable, ya que aun con pleno conocimiento de que grupos como Al Qaeda, Hamas, Isis, y Hezbolá; día a día van ganando simpatizantes a lo interno de esos países estimulados por un exacerbado odio a los Estados Unidos y a Israel, fomentado por un fanatismo religioso. Tales grupos terroristas continúan su expansionismo indetenible en el Oriente Medio y África, incluyendo células que se encuentran distribuidas a nivel mundial. Recientemente hemos conocido de los desplazamientos de poblaciones consecuencia de los ataques realizados por ellos, y que no han tenido mucho eco en estas latitudes y menos el apoyo humanitario y la contundente condena internacional por parte de los gobiernos occidentales.

Autorizar a Irán para el mejoramiento y ampliación de plantas nucleares, hace de ello un país atractivo para los grupos terroristas que pululan la región, aun si Irán no se atreviese de manera autónoma a convertirse en una amenaza nuclear, de igual forma sería un territorio codiciado para dichos movimientos subversivos que sin duda alguna constituirían una nueva amenaza para la paz mundial de proporciones inimaginables. La decisión de las potencias ha sido sumamente egoísta e irresponsable; estoy convencido que de ser ellos los que tienen a Irán entre sus vecinos no habrían apoyado tal decisión.

Ya muchas preocupaciones tienen con los controles internos de seguridad para evitar ataques terroristas. Sin embargo, dejar sólo a Israel con la potencial amenaza cercana, amerita una severa protesta internacional contra dichas potencias y una solidaridad del resto de las naciones que desean el sostenimiento de la paz en el Oriente Medio y la neutralización definitiva de los grupos extremistas que constituyen una amenaza para el mundo, teniendo Israel que protegerse de manera permanente, siendo solidario por estas razones con el discurso realizado por el Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu, relacionado con los riesgos a los que se expone la comunidad internacional al realizar prebendas de estas magnitudes con países hostiles.

jesusduranzorrillaprensa@gmail.com

@duranzorrilla